
Juan José Rojas Delgado – Coordinador de Investigación UNIVA Zamora
El liderazgo educativo humanista se caracteriza por un enfoque orientado a las personas, que busca integrar a los miembros de la comunidad, atender sus necesidades y desarrollar las potencialidades de cada individuo.
Uno de los grandes cambios que podemos considerar en este tipo de liderazgo radica precisamente en la manera de concebir a las personas. Además de reconocer la función del líder, es fundamental dejar de pensar en seguidores para comenzar a pensar en aliados, reconociendo en cada uno su valor e importancia como miembro de una comunidad, así como su capacidad para participar en las estrategias de mejora.
El líder educativo humanista debe realizar un ejercicio de introspección que le permita reconocer sus debilidades y atenderlas a partir de sus fortalezas. Asimismo, debe identificar las amenazas y oportunidades de su entorno, pero, sobre todo, crear escenarios en los que sus aliados puedan colaborar para mejorar, en conjunto, las condiciones de la institución educativa y de las personas involucradas.
Este tipo de liderazgo puede desarrollarse entre el director y sus colaboradores, entre los profesores y sus estudiantes, e incluso entre los propios estudiantes.
Así, ante la existencia de recursos limitados, las instituciones educativas pueden fortalecerse a partir de las capacidades de las personas, cuya creatividad puede abrir panoramas inimaginables. Reconocernos como seres humanos es el primer paso. Pensar en conjunto y actuar con compromiso resultan fundamentales para construir una comunicación efectiva, fortalecer la participación y motivar la colaboración.
Evolucionar como líder mediante un liderazgo humanista, entendido como un liderazgo de personas para personas, puede representar una alternativa frente a la complejidad educativa actual. En este sentido, lo peor que podría pasar sería no intentarlo.