
Karina Lizeth Rivera Izazaga – Maestra Univa Online
El hombre maduro sabe trazarse objetivos concretos en su vida, pocos, pero bien configurados, y más tarde, pone todo el empeño en alcanzarlos
A pocos días de haber iniciado el año, es probable haber perdido de vista nuestros propósitos a medida que nos reincorporamos a nuestra rutina. Y es que el ritmo que nos exige la vida cada vez es más intenso y agitado. La actualidad nos ha obligado a adaptarnos a una productividad extrema, al multitasking o a culturas de rutinas rígidas, sin descanso real, cuyo resultado es encontrarnos con personas aparentemente ordenadas por fuera, pero fragmentadas por dentro.
Esto nos ha llevado a “normalizar” vivir cotidianamente con un desorden físico, mental y espiritual; a buscar recompensas inmediatas que satisfagan nuestro cansancio con shots de dopamina, como las redes sociales, donde logramos obtener gratificaciones instantáneas; es decir, buscamos aquello que nos dé “calma”.
¿Cuántas veces hemos terminado el día sintiendo que no nos fueron suficientes las 24 horas para todos nuestros pendientes? ¿Será realmente que lo que nos falta es tiempo?
Quizá el problema no es que nos falte tiempo, sino que nos falta saber qué hacer con él.
Tanto el orden como el desorden son el resultado de una serie de actos pequeños y decisiones tomadas; la diferencia es que unas son tomadas de manera consciente y las otras no. Recuerda que no eres víctima de tu vida: eres autor y puedes reescribirla.
Para el cristiano, ordenar es poner cada cosa en su lugar para que Dios sea el centro. En el Génesis vemos cómo Dios crea pasando del caos al orden: separa, nombra, organiza y, muy importante, descansa. El fruto inmediato del orden es la paz: cuando hay orden, el alma descansa.
¿Qué es aquello que viene a tu mente al ir a trabajar? Eso es justo tu motivación, es decir, lo que pone en marcha tu voluntad. Vivir el orden significa amar las decisiones que estamos llamados a tomar cada día en uso de nuestra libertad. Una persona ordenada sabe elegir entre un bien y un bien mayor.
San Josemaría Escrivá decía: “Cuando tengas orden se multiplicará tu tiempo, y, por tanto, podrás dar más gloria a Dios”¹.
¿Y cómo poder comenzar a organizar nuestro tiempo? Comencemos con la reestructura de tus propósitos para este año a partir de las siguientes preguntas:
¿Es específico? ¿Lo puedo medir o evaluar en un periodo concreto de tiempo? ¿Es alcanzable? ¿Es realista en mi vida y resuena con lo que quiero lograr? ¿Cuánto tiempo me estoy dando para alcanzarlo?
Una vez que tienes identificado el objetivo que quieres alcanzar, es importante comenzar a poner los medios que te acerquen cada día a lograrlo; es decir, comenzar a organizar tu día. Para ello te propongo otra herramienta llamada Matriz de Eisenhower, la cual nos ayuda de una manera simple a organizar nuestras tareas siguiendo dos criterios básicos: ¿qué tan importante es? ¿Qué tan urgente es? Recuerda que una urgencia es una tarea importante que no fue atendida a tiempo. Así puedes comenzar a identificar tus actividades priorizando, programando o delegando lo que no sea urgente y, de este modo, aprender a manejar tu tiempo de manera sana, sin vivir siendo esclavos del tiempo.
Si ya lo intentaste y te rendiste, ¡ánimo! Aún estás a tiempo de volver a empezar. No importa las veces que frenes y tengas que volver a arrancar: lo importante es ser fiel a tus metas, fortalecer tu voluntad y perseverar. “Comenzar supone mucho, pero perseverar es todo”². Practica la amabilidad con tu error: la autocompasión calma y, desde la calma, es mucho más fácil actuar³.
1 Rojas, E. (2024). La Conquista de la Voluntad: Cómo Conseguir Lo Que Te Has Propuesto. Editorial Planeta Mexicana S.A. de C.V.
2 Camino, 80.
3 Rojas Estapé, M. (2024). Recupera Tu Mente, Reconquista Tu Vida. Editorial Planeta Mexicana S.A. de C.V.
Lic. Karina Lizeth Rivera Izazaga