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El camino de Zapopan

Pbro. Lic. Armando González Escoto • Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

Para llegar a Zapopan hubo desde antiguo dos caminos, el más viejo y primitivo cruzaba los pueblos de Mezquitán, Atemajac y Zoquipan, el más nuevo fue el de los Colomos, ya en uso en el siglo XVII, uno y otro rodeaban por lo alto, el primero, y por lo bajo el segundo, la serie sucesiva de barrancos, lomas y paredones que impedían una comunicación más directa, problemática que sólo pudo resolverse con la moderna tecnología de los años cuarenta del siglo XX, cuando se trazó la Calzada de Zapopan, hoy avenida Ávila Camacho.

La traza del camino primitivo se conserva, aunque ya muy alterada y con dificultades para entroncarse en Atemajac, pueblo que sobrevive a la mutilación que le produjo la avenida Federalismo, lo mismo que en Mezquitán. El camino de los Colomos ha tenido mejor suerte, si bien el paisaje se modificó de manera sustancial.

Pero el camino de Zapopan es mucho más que una triple vía de comunicación, es un camino hacia los orígenes, hacia las raíces de lo que hoy somos como cultura tapatía, pues esta nuestra cultura nace y se desarrolla de la conjunción entre dos realidades, la sociedad criolla de Guadalajara, y la comunidad indígena de Zapopan. Guadalajara es el emblema de todos los criollos de la comarca de la misma forma en que Zapopan se convirtió en el emblema de todas las comunidades indígenas regionales tal y como quedaron fijadas luego de la guerra del Mixtón.

Es desde esa dimensión dinámica del símbolo de una imagen religiosa, que Guadalajara hace a Zapopan y Zapopan hace a Guadalajara, hasta construir ambas entidades el nuevo estado libre de Jalisco a lo largo de un proceso de casi trescientos años en su etapa formativa, más los doscientos que llevamos como sociedad independiente.

Estas condiciones previas y genéticas explican que el día de la “llevada de la Virgen”, sea el día que sea, toda la sociedad se exprese y manifieste, y aún lo viva sin participar directamente, porque es un apelo a la memoria colectiva de la comunidad, a los acontecimientos y procesos que más han marcado la conciencia social a lo largo de los siglos, y que se han ido sintetizando en esta imagen mariana, de la cual el famoso orador José Ruiz Medrano, dijera, “es pequeña la imagen pero cuán grande su historia”.

Aunque todos los templos de Guadalajara y buena parte de Jalisco han sido santuarios zapopanos por lo menos una vez al año, Zapopan y su basílica siguen siendo el emblema construido por los siglos, el espacio donde se han dado cita los grandes personajes, de todos los ámbitos, para reconocer y reconocerse, igualmente, ha sido siempre la basílica el recinto para mostrar a los visitantes, muchos de los cuales dejaron luego por escrito experiencias y descripciones, como los relatos de los soldados franceses en tiempos de la intervención, de visitantes ilustres como Gibbon, o el coloquial relato de la llevada de la Virgen que nos legó Agustín Yáñez.

Con la llegada del periodismo a Guadalajara, en la época independiente, es posible trazar la evolución de esta antigua devoción gracias al trabajo de innumerables reporteros y periodistas que han dejado por escrito su testimonio año por año, poco a poco enriquecido con el aporte de la fotografía.

 

Publicado en El Informador del domingo 10 de octubre de 2021

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