
Elva Araceli Fabián González – Docente UNIVA Guadalajara
En la actualidad, el uso de dispositivos digitales forma parte de la vida cotidiana de la mayoría de los adolescentes y ha transformado la manera en que aprenden, se comunican y se relacionan dentro y fuera del aula. Este fenómeno, conocido como «Efecto Pantalla», ha convertido a la tecnología en mucho más que una herramienta educativa, porque ahora constituye un entorno que influye directamente en los procesos de aprendizaje, la comunicación y la socialización. Resulta relevante porque se presenta durante una etapa en la que el cerebro aún se encuentra en desarrollo, particularmente en funciones como la atención sostenida, la memoria de trabajo y el pensamiento crítico.
La problemática no es el acceso a la tecnología, sino el uso que se hace de ella. Aunque los estudiantes suelen desenvolverse con facilidad en los entornos digitales, esto no siempre implica que cuenten con las habilidades necesarias para utilizarlos de forma crítica y responsable. Como consecuencia, comienzan a observarse fenómenos como la fragmentación de la atención por el multitasking, la transición hacia una lectura cada vez más superficial, el uso excesivo del celular durante la noche (conocido como vamping) y una creciente dependencia de herramientas de inteligencia artificial generativa para realizar actividades académicas. Estas prácticas pueden afectar la comprensión lectora, el aprendizaje y la capacidad de construir conocimiento de manera autónoma.
En este contexto, el presente ensayo tiene como objetivo analizar el impacto del uso de pantallas en los procesos cognitivos, la comprensión lectora, la gestión didáctica y las relaciones interpersonales de estudiantes de nivel medio superior. Asimismo, busca identificar de qué manera la sobreestimulación digital influye en la atención, los hábitos de estudio y el uso de herramientas como la inteligencia artificial dentro del entorno escolar.
A partir de ello, la investigación pretende responder a la siguiente pregunta: ¿Cómo influye el uso constante de dispositivos digitales en el desempeño académico, la lectura profunda y la dinámica socioemocional de los alumnos de preparatoria?
Para dar respuesta a esta interrogante, se desarrolló una investigación con enfoque mixto. El trabajo de campo incluyó entrevistas semiestructuradas a docentes y estudiantes de bachillerato para conocer sus experiencias y percepciones sobre el uso de las pantallas en el contexto escolar. Asimismo, se aplicaron encuestas a una muestra de 15 estudiantes para identificar hábitos relacionados con el uso del celular, la inteligencia artificial y el vamping. Como complemento, se realizó una prueba impresa de comprensión lectora, basada en un fragmento de La metamorfosis, de Franz Kafka, aplicada a una estudiante de 17 años con el propósito de observar su capacidad de análisis e interpretación en un formato físico. Finalmente, los resultados obtenidos fueron contrastados con fuentes documentales para ofrecer una visión integral del fenómeno.
Uno de los cambios más visibles que ha provocado el uso constante de dispositivos digitales en los estudiantes de preparatoria se relaciona con la capacidad para mantener la atención durante las clases. Aunque distraerse es una conducta común en cualquier proceso de aprendizaje, la presencia permanente de celulares, redes sociales y notificaciones ha intensificado este fenómeno y se ha convertido en uno de los principales retos para docentes y alumnos.
Desde la neurociencia, este comportamiento puede explicarse por el desarrollo del cerebro adolescente. Pastor (2026) señala que, durante esta etapa, la corteza prefrontal, encargada de funciones como la atención, la planeación y el control de impulsos, aún se encuentra en proceso de maduración. Al mismo tiempo, el sistema de recompensa responde con mayor intensidad a los estímulos nuevos e inmediatos. Por ello, las aplicaciones diseñadas para ofrecer contenido constante y gratificación instantánea captan con facilidad el interés de los jóvenes y dificultan que mantengan la concentración durante actividades que requieren un esfuerzo prolongado.
Segovia Arturo et al. (2025) señalan que la atención sostenida en estudiantes suele mantenerse entre 15 y 20 minutos antes de disminuir si no existen cambios en la dinámica de la clase. En este contexto, el celular es una fuente permanente de estímulos que compite directamente con el proceso de enseñanza y da pie a la interrupción constante del foco de atención.
Tanto los docentes como los estudiantes entrevistados coincidieron en que mantener la atención durante una clase resulta cada vez más difícil debido a la necesidad constante de revisar el celular o responder a las notificaciones. Esta percepción también apareció en las encuestas aplicadas a 15 estudiantes de preparatoria, en las que el 33.3 % reconoció que le cuesta permanecer atento durante una clase de 50 minutos sin sentir la necesidad de consultar su teléfono.
Otro aspecto que influye en este proceso es la multitarea digital. Actualmente, es común que los estudiantes realicen varias actividades al mismo tiempo, como escuchar música, responder mensajes, revisar redes sociales y hacer tareas escolares. Sin embargo, diversos estudios cuestionan la idea de que esta práctica mejore el rendimiento. Brand (2022) señala que los niveles elevados de media multitasking se asocian con una mayor distractibilidad y con un menor desempeño en actividades que requieren atención sostenida.
En la encuesta aplicada a 15 estudiantes de preparatoria, el 93.3 % respondió correctamente las preguntas de comprensión literal, es decir, aquellas cuya respuesta podía encontrarse directamente en el texto. No obstante, cuando las preguntas requerían interpretar, relacionar ideas o realizar inferencias, el porcentaje descendió al 66.7 %. Estos resultados sugieren que, aunque los estudiantes logran identificar información explícita con facilidad, presentan mayores dificultades cuando la lectura exige un análisis más profundo.
Con el propósito de observar este fenómeno de manera más cercana, realizamos una prueba de comprensión lectora impresa con una estudiante de 17 años, utilizando un fragmento de La metamorfosis, de Franz Kafka. Durante la actividad se observó que la alumna mostró poca disposición hacia la lectura en formato físico y realizó el ejercicio con rapidez para volver a utilizar su celular. Al finalizar, obtuvo cuatro respuestas correctas de siete, y las principales dificultades aparecieron en las preguntas que requerían interpretar el texto o reflexionar sobre su contenido.
Marín Hurtado (2025) señala que la lectura y la escritura en formatos tradicionales favorecen procesos cognitivos más profundos relacionados con la comprensión y la retención de la información. En contraste, el consumo constante de contenido digital suele promover una interacción más rápida y superficial con los textos. Aunque este experimento no es suficiente para generalizar el comportamiento de todos los estudiantes, es un ejemplo representativo de una tendencia que también apareció en las encuestas y entrevistas realizadas.
El docente Armando Cadena señaló que cada vez es más frecuente encontrar estudiantes con dificultades para mantener la atención durante la lectura de textos extensos, así como una disminución en su vocabulario y capacidad de argumentación.
Esto se relaciona con el uso creciente de herramientas de inteligencia artificial dentro del ámbito escolar. En nuestra encuesta, el 26.7 % de los estudiantes admitió utilizar inteligencia artificial para elaborar trabajos completos en lugar de emplearla únicamente como apoyo.
Durante las entrevistas, Monserrat, de 17 años, señaló que esta práctica puede reducir el esfuerzo dedicado al análisis y favorecer una dependencia de respuestas generadas automáticamente, lo que plantea el reto de enseñar a utilizar estas herramientas como apoyo para el aprendizaje, no como un sustituto del pensamiento crítico.
En conjunto, los resultados muestran que la comprensión lectora enfrenta nuevos desafíos en un contexto donde predominan la inmediatez y el consumo acelerado de información. La alfabetización digital, por lo tanto, no debe limitarse al aprendizaje del uso de herramientas tecnológicas, sino también al fortalecimiento de habilidades como la lectura profunda, el análisis, la interpretación y la capacidad de construir conocimiento de manera autónoma. Solo de esta forma será posible aprovechar los beneficios de la tecnología sin abandonar procesos esenciales para el aprendizaje y el desarrollo del pensamiento crítico.
En los últimos años, la inteligencia artificial (IA) ha adquirido una presencia cada vez mayor dentro del ámbito educativo, transformando la manera en que los estudiantes acceden a la información y desarrollan sus actividades escolares. Actualmente existen herramientas capaces de generar textos, responder preguntas, elaborar presentaciones y facilitar la búsqueda de información en pocos segundos. Estas tecnologías representan una oportunidad importante para fortalecer el aprendizaje; sin embargo, también plantean nuevos desafíos cuando dejan de utilizarse como un apoyo y comienzan a sustituir el proceso de aprendizaje.
Segovia Arturo (2025) señala que el docente debe asumir un papel de mediador del aprendizaje, diseñando experiencias que permitan a los estudiantes desarrollar habilidades de análisis, reflexión y resolución de problemas. Además, según la UNESCO (2023a), el uso inadecuado de la inteligencia artificial puede reemplazar procesos cognitivos básicos si el estudiante depende completamente de las respuestas generadas por estas herramientas.
El aprendizaje requiere la participación activa del alumno mediante actividades como la lectura, la investigación, el análisis y la construcción de ideas propias. Estas acciones favorecen el desarrollo del pensamiento crítico y permiten que los conocimientos adquiridos sean significativos. Cuando la inteligencia artificial realiza estas tareas de manera automática, disminuyen las oportunidades para que el estudiante fortalezca dichas habilidades, ya que recibe un producto terminado sin involucrarse en el proceso que implica aprender.
El 26.7 % de los estudiantes encuestados reconoció utilizar herramientas de IA para que estas elaboren trabajos completos por ellos. Aunque este porcentaje no representa a la mayoría de los participantes, sí evidencia que algunos estudiantes han comenzado a depender de estas herramientas para cumplir con sus actividades escolares, reduciendo el tiempo dedicado a investigar, analizar y elaborar sus propias conclusiones.
Las entrevistas realizadas fortalecen esta información. Isabel, estudiante de preparatoria, comentó que el uso constante de la inteligencia artificial «nos hace muy flojos y estamos recurriendo a eso todo el tiempo y nos quita como lo del pensamiento crítico». De manera similar, Monserrat expresó que «la tecnología nos hizo muy huevones», señalando que muchas veces resulta más sencillo solicitar una respuesta a una plataforma digital que dedicar tiempo a comprender un tema por cuenta propia. Ambos testimonios muestran que los propios estudiantes reconocen que el uso excesivo de estas herramientas puede afectar su forma de aprender y disminuir el esfuerzo que anteriormente implicaba realizar una actividad escolar.
La percepción de los docentes coincide con estas experiencias. El profesor Armando Cadena explicó que con frecuencia recibe trabajos elaborados mediante inteligencia artificial que contienen errores de coherencia, conceptos incorrectos o palabras fuera de contexto. Según comentó, en muchas ocasiones los estudiantes entregan estos textos sin revisarlos previamente, lo que demuestra que utilizaron la herramienta únicamente para generar una respuesta rápida y no como un apoyo para comprender el contenido. Desde su experiencia, considera que la inteligencia artificial puede convertirse en un recurso valioso cuando se utiliza como un punto de partida para investigar más sobre un tema y no como un sustituto del trabajo académico.
Estos resultados muestran que el reto para los docentes ya no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino también en replantear las estrategias de enseñanza. Actividades que anteriormente permitían evaluar con facilidad el aprendizaje ahora pueden resolverse en pocos minutos mediante plataformas de inteligencia artificial. Por ello, es importante diseñar experiencias que promuevan el análisis, la resolución de problemas, el trabajo colaborativo, el debate y la reflexión.
Además de modificar la manera en que los estudiantes aprenden, la tecnología también ha transformado sus formas de comunicación, convivencia y organización del tiempo. El uso constante de teléfonos celulares, redes sociales y plataformas digitales ha cambiado la manera en que los adolescentes interactúan con las personas que los rodean, sustituyendo en muchos casos los espacios de convivencia presencial por interacciones digitales. Aunque estas herramientas facilitan la comunicación inmediata y el acceso a la información, su uso excesivo puede afectar tanto el bienestar como el desempeño académico.
Uno de los fenómenos más estudiados es el vamping, definido por Alvarado y Erazo (2020) como el hábito de utilizar dispositivos electrónicos durante altas horas de la noche. Esta práctica altera los ciclos normales del sueño y dificulta el descanso, provocando cansancio al día siguiente. La falta de sueño repercute en la capacidad para mantener la atención, favorece el cansancio durante las clases y dificulta procesos como la concentración, la memoria y la regulación emocional, aspectos fundamentales para el aprendizaje.
A los efectos del vamping ya mencionados, se añaden consecuencias físicas tangibles que provienen de la hiperdisponibilidad digital. El uso intensivo de dispositivos provoca también afecciones como el ardor de ojos en el 51 % de los estudiantes y dolores musculares en las muñecas en un 73 % de los casos (Alvarez Junco y cols., 2025). Destaca también el fenómeno de la «vibración fantasma», sentido por más de la mitad de los jóvenes, y que demuestra cómo el cuerpo desarrolla conexiones neuronales de alerta permanente ante la tecnología.
El 51.9 % de los estudiantes manifestó sentirse cansado al día siguiente debido al uso nocturno del teléfono celular. Este resultado evidencia que más de la mitad de los participantes ha visto afectados sus hábitos de descanso como consecuencia del uso prolongado de dispositivos electrónicos. Se suma que el 40 % de los estudiantes realiza sus tareas escolares bajo un esquema de multitasking digital, respondiendo mensajes o viendo videos simultáneamente, lo que dificulta la comprensión profunda de los contenidos.
Esto también pudo observarse durante la prueba de comprensión lectora aplicada en la investigación. En dicha actividad, una de las estudiantes mostró interés por terminar rápidamente la lectura para volver a utilizar su teléfono celular. Como resultado, respondió correctamente las preguntas que requerían identificar información explícita; sin embargo, presentó dificultades cuando las preguntas exigían interpretar, relacionar ideas o elaborar conclusiones. Lo anterior permite identificar que la exposición constante a estímulos digitales puede favorecer una lectura rápida, pero también menos profunda, limitando el desarrollo del análisis y del pensamiento crítico.
La entrevista realizada con el docente Gabriel Orihuela permitió comprender cómo estas situaciones repercuten dentro del aula. Señaló que es frecuente encontrar estudiantes con sueño, poca disposición para participar y dificultades para mantener la atención durante las clases. También señaló que, al solicitarles que guarden sus teléfonos celulares, algunos alumnos muestran molestia o ansiedad al permanecer desconectados por un periodo corto. Este comportamiento coincide con lo descrito por Solecki (2022) respecto al fenómeno del phubbing, el cual consiste en prestar mayor atención al teléfono celular que a las personas presentes, afectando la comunicación y la convivencia dentro de los espacios escolares.
A pesar de esta dependencia tecnológica, las entrevistas también revelaron una situación interesante. Varios estudiantes manifestaron que prefieren realizar trabajos escolares de manera presencial porque consideran que les permite llegar a más acuerdos, intercambiar ideas y resolver dudas con mayor facilidad. Incluso señalaron que la comunicación cara a cara reduce los malentendidos que suelen presentarse mediante mensajes escritos y fortalece el trabajo colaborativo.
De acuerdo con Marín Hurtado (2025), los dispositivos móviles generan múltiples estímulos que pueden convertirse en importantes distractores cuando no existe una orientación adecuada para su uso. Por ello, el reto no consiste en eliminar la tecnología del entorno escolar, sino en enseñar a utilizarla de manera consciente, favoreciendo que los estudiantes desarrollen hábitos digitales saludables y aprendan a administrar su tiempo sin que las pantallas ocupen todos los espacios de su vida cotidiana.
En este sentido, la UNESCO (2023b) enfatiza que la presencia de teléfonos inteligentes en las aulas debe darse únicamente cuando estos apoyan de forma clara y directa el aprendizaje, evitando que su uso se convierta en un factor de distracción que vulnere el derecho a la educación.
Frente a esta realidad, la solución no consiste en prohibir el uso de la tecnología dentro del aula, sino en orientar a los estudiantes para que aprendan a utilizarla de manera responsable. La Alfabetización Mediática e Informacional (AMI), promovida por la UNESCO, representa una estrategia que permite desarrollar competencias para verificar la confiabilidad de las fuentes, analizar la información que circula en los medios digitales y utilizar las herramientas tecnológicas con mayor sentido crítico.
El papel del docente continúa siendo muy importante para acompañar este proceso, diseñando actividades que den pie a la reflexión, el trabajo colaborativo y el aprendizaje significativo. Aunque también resulta necesario promover hábitos saludables relacionados con el uso de la tecnología para disminuir problemas que afecten el descanso, el bienestar y el desempeño académico de los estudiantes. Es importante que los mismos jóvenes se den cuenta de esta realidad para ir creando conciencia y poder cambiar las circunstancias poco a poco.
Referencias
Alvarado Alvarado, D. A., & Erazo Ayala, M. S. (2020). Los efectos del vamping en los procesos comunicativos de la niñez y adolescencia, en el ámbito educativo [Trabajo de titulación de grado, Universidad Politécnica Salesiana]. Repositorio Institucional de la Universidad Politécnica Salesiana.
Alvarez Junco, S., Fernández Malváez, J. de J., & Velázquez Regalado, R. A. (2025). Hábitos de consumo digital y efectos psicosociales en la generación Zentenialls. Ibero Ciencias – Revista Científica y Académica, 4(3), 1974–1994. https://doi.org/10.63371/ic.v4.n3.a208
Bacusoy Sánchez, J. M. (2023). Adicción al internet y el aprendizaje en los estudiantes del tercer año de bachillerato de la Unidad Educativa Fiscal «15 de Octubre» [Proyecto de titulación de maestría, Universidad Estatal del Sur de Manabí]. Repositorio Digital UNESUM.
Brand, J., Lansigan, R. K., Thomas, N., Emond, J. A., & Gilbert-Diamond, D. (2022). Completing a sustained attention task is associated with decreased distractibility and increased task performance among adolescents with low levels of media multitasking. Frontiers in Psychology, 12, Article 804931. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.804931
Marín Hurtado, C. E. (2025). Desafíos educativos en tiempos de pantallas: Relación motivación–enseñanza aprendizaje [Tesis doctoral, Universidad Tecnológica de Pereira]. Repositorio Institucional UTP.
Pastor, E. (2026). El cerebro adolescente: Una obra en construcción. Neurociencia para comprender su complejidad. Revista del Hospital de Niños de Buenos Aires, 68(300), 37–49.
Segovia Arturo, E. S., Cañar Erazo, C. D., Arévalo Guallpa, M. W., & Guambaña Orellana,
- E. (2025). Aportes de la neurociencia cognitiva al desarrollo de la lectura, la escritura y la atención escolar. Star of Sciences Multidisciplinary Journal, 2(2), 1–14. https://doi.org/10.63969/9qx46274
Solecki, S. (2022). El fenómeno del phubbing: el impacto en las relaciones entre padres e hijos. Revista de Enfermería Pediátrica, 62(3). https://doi.org/10.1016/j.pedn.2021.09.027
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