
Daniela Plascencia Estrada – Egresada de Licenciatura de Nutrición
Existe un grupo del que cada vez escuchamos más: la generación sándwich. Se trata de personas que, mientras construyen su propia vida, deben hacerse cargo económicamente de sus hijos y, al mismo tiempo, apoyar a sus padres durante la vejez.
Es inevitable: nuestros padres envejecerán, nosotros también y nuestros hijos algún día serán adultos. Lo que sí podemos cambiar es qué tan pesada será esa responsabilidad financiera para cada generación.
Desde mi perspectiva como asesora, considero que una de las principales razones por las que esta situación se vuelve tan complicada es la falta de preparación para el retiro. Muchas personas pasan sus años productivos preocupándose por el presente: pagar una casa, mantener a una familia, estudiar, viajar, emprender o simplemente llegar a fin de mes. El retiro parece demasiado lejano como para convertirse en una prioridad.
Pero el tiempo pasa y, cuando una persona llega a la vejez sin un patrimonio suficiente, sin un ahorro estructurado y dependiendo únicamente de lo que pueda recibir en ese momento, surge una pregunta difícil: ¿quién va a sostenerla? Muchas veces, la respuesta termina siendo sus propios hijos. Y si no los tiene, ¿quién asumirá esa responsabilidad?
El hijo que tiene que velar por sí mismo, construir su futuro, formar un patrimonio, conseguir una vivienda, criar a sus hijos y preparar su propio retiro también puede terminar financiando la vejez de sus padres. Así, esa generación termina sosteniendo a dos.
Apoyar a nuestra familia es parte de nuestra responsabilidad y de nuestros valores. El problema aparece cuando la ayuda se convierte en una obligación económica porque nunca existió una planeación previa.
Considero que hablar del retiro no debería ser un tema exclusivo de las personas cercanas a los 60 años; debería comenzar mucho antes, especialmente durante nuestra etapa productiva, porque así contamos con más tiempo y el esfuerzo puede ser menor.
No se trata solo de ahorrar dinero, sino de construir esa independencia, proteger nuestros ingresos y contemplar situaciones de la vida que pueden cambiar nuestra economía.
Los hijos no deberían ser el plan de retiro ni se debería esperar que sean quienes resuelvan financieramente la vejez de sus padres.
La generación sándwich seguirá existiendo. Lo que podemos hacer es prepararnos para evitar que esa responsabilidad se convierta en una crisis financiera que se herede de una generación a otra.
La pregunta no es solamente «¿quién cuidará de mis padres?». También deberíamos preguntarnos: «¿Estoy construyendo hoy la vida financiera que quiero tener cuando sea yo quien lo necesite?».
Aprovechar los años productivos para construir, ahorrar y proteger no significa dejar de disfrutar el presente; significa evitar que nuestro futuro dependa completamente de alguien más.
La educación financiera tiene ese propósito: ayudarnos a tomar decisiones hoy que nos den mayores posibilidades mañana.
El mejor momento para comenzar a construir nuestro propio retiro no es cuando ya lo necesitamos, sino mientras todavía tenemos tiempo, ingresos y capacidad para hacerlo. Al final, preparar nuestro futuro también es una forma de responsabilidad y de amor hacia nosotros mismos y hacia quienes amamos.