
Jorge Luis Padilla Zamora – Jefe de Mercadotecnia, Comunicación y RRPP
¿Cuántas veces han estado en un lugar hermoso e irrepetible? La vida misma nos da la oportunidad de conocer grandes escenarios que se vuelven postales inolvidables para nosotros al paso de los años. Recuerdos invaluables que nos permiten ver la grandeza de la vida misma, de la naturaleza y de todos los seres que conforman nuestro mundo.
A su vez, hay grandes momentos que se viven en el día a día, momentos enmarcados en la historia por sucesos que marcaron un antes y un después en los libros… Hazañas deportivas, sucesos políticos, eventos sociales y más que nos hacen ser parte de ese momento que jamás desaparecerá, aun cuando pasen las generaciones; porque, simple y sencillamente, son y serán irrepetibles.
Incluso en tu vida diaria, ¿cuántas veces un acto tan simple como ver a tu mascota jugar se vuelve un recuerdo hermoso? Momento que será un legado y que se quedará en tu memoria el día que parta del mundo terrenal, sacando nuevamente una sonrisa en tu rostro por recordar y revivir ese segundo exacto.
Si podemos estar rodeados de tantos momentos y experiencias tan enriquecedoras en nuestra vida diaria, entonces, ¿por qué inicié mi texto con el título «Lo que dejamos vivir»? La tecnología, si bien ha llegado para facilitarnos la vida de una manera más digerible, más rápida y eficaz, también es una realidad que nos ha quitado vida. Nos ha robado poco a poco la capacidad de asombrarnos y nos ha atado a tener que vivir nuestra realidad de forma muy simple desde la perspectiva digital.
Cuando me ha tocado salir a conocer algún lugar turístico o destino llamativo por su belleza inigualable, me detengo a ver a las personas un momento y es muy curioso ver que están más preocupadas por ver cómo se verá la foto que subirán a redes sociales que propiamente por el hecho de ver el lugar.
Es curioso cómo viven lo hermoso de nuestra naturaleza desde un fragmento que captan sus celulares y no ven la grandeza infinita del lugar que están pisando. No se detienen a ver los colores, a oler, a sentir, a vivir tan hermosos escenarios; prefirieron verlo por una pantalla y guardar una foto que tal vez borren algunos meses después, cuando su memoria esté llena.
Y no me malentiendan: amo la fotografía; es un testimonio y memoria gráfica de un lugar. Pero hasta los fotógrafos profesionales saben vivir la esencia de una locación, conectan con el entorno y son capaces de captar todo lo que antes mencioné en un fragmento del tiempo. No obstante, la mayor parte de las personas lanza disparos al aire para captar cientos de fotografías sin alma, sin vida, que simplemente llenan espacios digitales y que un día serán borradas. Lo malo es que no solo se borrarán de tu celular, sino también de tu memoria; porque si no te diste el tiempo de verlo, disfrutarlo y guardarlo en tu memoria, no volverá por más que te esfuerces en recordarlo.
Igualmente, con los momentos especiales o espectáculos, hay gente que va a conciertos, que paga fortunas por ir a un evento deportivo que siempre ha visto por televisión… Llega al lugar y saca su celular para verlo a través de él y sacar un live en sus redes para mostrar que está ahí, pero, igual que siempre, lo ve desde una pantalla. Se acaba el concierto, se acaba el momento y, nuevamente, no lo disfrutaste… Vean como referencia la fotografía de la canasta con la que el basquetbolista LeBron James llegó a los 40 mil puntos en su carrera; de las cientos de personas que estaban en ese momento, solo una no lo vio desde su celular, porque decidió disfrutar el momento épico que tenía enfrente. Los demás decidieron verlo desde la pantalla de su dispositivo, aun cuando lo tenían de frente, limitando la experiencia de la realidad que tenían en ese momento.
En tu propia vida diaria, hay tantas cosas hermosas que no les das el valor por verlas como «actividades normales»: desde comer con tu pareja, dormir con tu mascota, disfrutar el ver tu casa y qué cambios harás en ella, porque estás más enfocado en ver la serie nueva que subieron a las plataformas de paga que en lo hermoso que tiene tu vida y por lo cual deberías sentirte dichoso. Esto pasa a un segundo, tercer o hasta cuarto plano.
Mi invitación no es para que dejes de tomar fotos, ver tu celular o computadora. Tampoco digo que tengas que salir cada día a buscar aventuras. Simplemente quiero que te des la oportunidad de poder detenerte un poco en el día a día, ver lo que tienes y entiendas lo dichoso que eres de estar vivo y de ver las grandezas que te rodean. Muchas personas actualmente viven en vacíos existenciales porque sienten que algo les falta, pero es que no han vivido nada; todas sus experiencias están registradas en su celular, no en su mente. Están llenos sus dispositivos, pero vacías sus almas, porque siempre buscamos la manera más extravagante de poder generar experiencias que nos llenen como humanos. Pero algo es claro: lo más hermoso del mundo es también lo más sencillo; sin embargo, para muchas personas alcanzar ese grado de simpleza resulta imposible.