La dignidad humana: el corazón de la justicia

Evelyn Eugenia Reyes Leal – Estudiante de la Licenciatura en Derecho

Vivimos en una época en la que la tecnología es capaz de transformar casi todos los aspectos de nuestra vida. Sin embargo, existe una pregunta que continúa siendo esencial: ¿por qué la dignidad humana debe seguir siendo el fundamento del Derecho?

En un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados y la automatización redefine las labores cotidianas del ser humano, los caminos de la humanidad y de la innovación tecnológica se estrechan cada vez más. Ante esta realidad, surge el riesgo de comenzar a ver al ser humano como un simple instrumento u objeto al servicio de la eficiencia. Es por ello que el Derecho no solo debe avanzar al mismo ritmo que la tecnología, sino también mantenerse firme en uno de sus pilares más esenciales: la protección de la dignidad humana.

El ser humano posee derechos inherentes e inalienables, pero, sobre todo, posee dignidad por el simple hecho de ser humano. Esta dignidad no es negociable ni puede ser objeto de renuncia. Como señalaba santo Tomás de Aquino, la dignidad de la persona humana se relaciona con su naturaleza racional y libre, que hace del ser humano un ser único e irrepetible. Por ello, ante el avance tecnológico, el Derecho tiene que buscar nuevas formas de proteger la dignidad humana, pues actualmente es más fácil vulnerar los derechos de una persona mediante prácticas como la suplantación de identidad o el uso de su imagen y su voz sin autorización.

En México, nuestra Constitución reconoce la dignidad humana como un principio fundamental y establece un amplio marco de protección de los derechos humanos. Estos derechos no son una concesión del Estado, sino que corresponden a todas las personas por el hecho de serlo. Asimismo, el orden jurídico establece límites al ejercicio del poder del Estado y prohíbe prácticas que atenten contra la dignidad de las personas. En el ámbito tecnológico, esta realidad puede convertirse en un arma de doble filo, porque, así como el acceso a la tecnología ha facilitado numerosos aspectos de nuestra vida, también existe el riesgo de que las personas sean reducidas a simples cifras, datos o perfiles.

Un ejemplo de esto no va más allá de nuestra propia realidad, pues sucede cotidianamente en el ámbito de la salud. En un entorno donde todo parece avanzar contra reloj, cada vez es más común que las personas pierdan su individualidad al convertirse únicamente en «el paciente de la cama 06» o en un número dentro de un expediente. Es comprensible que en el mundo actual todo avance con rapidez y que las personas deban cumplir determinadas obligaciones para poder subsistir; sin embargo, esta dinámica no debe conducir a la deshumanización. Esta no proviene únicamente del personal de salud, sino también de una sociedad que, en muchas ocasiones, prioriza la eficiencia por encima de la persona. Por ello, es necesario concientizar a la sociedad de que toda

persona posee dignidad por el solo hecho de ser humana y que esta debe ser respetada en cualquier circunstancia.

Por esta razón, los organismos internacionales y la doctrina constitucional han establecido que, sin importar el origen, religión, raza, género, idioma o condición de una persona, toda persona merece el reconocimiento y respeto de su dignidad. Nadie debe ser vulnerado ni tratado como un objeto, tanto en el mundo físico como en el digital. La dignidad constituye un núcleo fundamental de la persona, por lo que cualquier avance tecnológico debe diseñarse y regularse para estar al servicio de la humanidad y no para explotarla, manipularla o controlarla.

Es por ello que el Derecho debe seguir reafirmando uno de sus pilares más importantes: la protección de la dignidad humana. Sin el reconocimiento pleno de esta dignidad, la persona queda expuesta y resulta más fácil vulnerar sus derechos, particularmente en el ámbito digital. En este sentido, tampoco debemos dejar de lado las orientaciones del papa León XIV y del magisterio social de la Iglesia, que llaman a aprovechar las herramientas digitales para ponerlas al servicio de las personas, especialmente de quienes más lo necesitan, y a evitar que la tecnología termine convirtiendo al ser humano en una herramienta al servicio de sus propios intereses.

Por todo ello, el Derecho debe continuar avanzando junto con la tecnología, pero sin perder de vista su razón de ser: la protección de la persona. La innovación puede transformar nuestra manera de vivir, trabajar y relacionarnos, pero nunca debe transformar aquello que nos hace humanos. La tecnología debe estar al servicio de la persona y no la persona al servicio de la tecnología.

Semblanza

Evelyn Eugenia Reyes Leal es estudiante de la Licenciatura en Derecho de la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA), con formación y experiencia en el área de la salud. Es una persona activa en la comunidad católica y tiene especial interés en la relación entre el Derecho, la tecnología y la dignidad humana. Actualmente participa en proyectos de innovación tecnológica orientados al sector salud y busca contribuir, desde el Derecho, a que el desarrollo tecnológico mantenga a la persona como su principal razón de ser.

Comunicación Sistema UNIVA

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