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Pbro. Lic. Armando González Escoto • Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

A dos meses de cuarentena e infinidad de noticias verdaderas y falsas, información y desinformación, tesis e hipótesis, manejos políticos y aprovechamientos oportunistas, conviene intentar una síntesis que nos ayude a entender por una parte el origen y el curso que sigue la epidemia, y por otra el sentido que tienen las medidas que se han tomado para enfrentarla y la duración limitada que éstas pueden tener.

1.- Nuevamente un virus de origen animal pasa al ser humano provocando una pandemia. Las pandemias nuevas tienen siempre un enorme dinamismo, que luego va disminuyendo hasta perder energía, quedando en rango endémico, este debilitamiento suele tardar, no es asunto de semanas.

2.- Los científicos advierten este nuevo virus y aguardan para poder evaluarlo sin precipitaciones.

3.- Concluido el tiempo prudencial, se tienen los primeros datos objetivos: el virus pasó de los murciélagos al ser humano, usando un huésped intermediario de otra especie, como podría ser una cabra o un pangolín. Otros virus epidémicos han pasado al ser humano desde los pollos, los camellos o los cerdos en los últimos veinte años.

4.- Se advierten sus características: altamente contagioso, con síntomas similares a los de la gripe, al igual que la influenza estacional afecta mayormente a los ancianos y a los enfermos crónicos, rápidamente pasa de la sintomatología inicial a la gravedad, y su mortalidad varía del 2 al 10 por ciento de los infectados. En México ha sido del 10%, debido en parte a nuestros antecedentes sanitarios, como sería por ejemplo la obesidad y la diabetes.

5.- No existe ni la menor posibilidad de que el virus haya sido creado por el hombre y luego esparcido accidental o intencionalmente, de ser así, los científicos ya lo habrían detectado.

6.- Dada su novedad no hay vacuna que lo prevenga; lo que se ha podido lograr, luego de seis meses de experimentación, han sido tratamientos cada vez más efectivos para sanar a los infectados.

Desde fines de diciembre del 2019 la Organización Mundial de la Salud fue alertada sobre el problema, y comenzaron los protocolos para prevenir, controlar y enfrentar la pandemia a nivel planetario, aconsejándose una cuarentena que detuvo la vida normal de la sociedad en un sinfín de países. Este aislamiento en casa también hay que entenderlo:

1.- No estamos aislados mientras se erradica el virus. El virus no se puede erradicar, se volverá estacional, como la influenza, y cada invierno se reactivará por tiempo indefinido.

2.- La finalidad de quedarse en casa es solamente para dar tiempo a las autoridades sanitarias de prepararse mejor, es para evitar contagios masivos al mismo tiempo, es para tener oportunidad de establecer los protocolos laborales y sociales a seguir para poder controlar la epidemia, pero controlar no es erradicar.

3.- Solamente una vacuna puede ayudarnos a evitar el contagio, la cual tardará más tiempo en producirse que la vacuna que anualmente se genera y modifica para evitar la influenza estacional. En efecto, la vacuna contra la influenza ya existe y solamente se va modificando a tenor de las mutaciones observables en el virus en cada invierno. No es el caso del coronavirus, pues es un virus que acaba de infectar al ser humano.

4.- La reactivación de la economía y de la vida social no significa que el virus haya sido superado, sino que ahora estaremos mejor preparados para sufrirlo.

5.- Evidentemente buena parte de la población se infectará, no todos desarrollarán la enfermedad, muchos la superarán luego de contraerla, pero al prolongarse los tiempos de contagio estos irán sucediendo en estaciones menos favorables al virus, es decir, en primavera – verano, o durante los meses que dure el tiempo de calor, con la esperanza de que antes del próximo invierno exista ya una vacuna o se hayan mejorado los tratamientos médicos para recuperar la salud.

6.- También es verdad que no podemos permanecer todo el tiempo en cuarentena ¿quién nos mantendría?, en otras palabras, la vida siempre ha tenido riesgos, y dado que la peor epidemia es el hambre, inevitablemente todo mundo tendrá que volver a trabajar con o sin coronavirus.

En el entretanto habremos logrado una nueva cultura sanitaria que nos permita continuar nuestra vida con relativa normalidad, en convivencia inevitable con el coronavirus, de la misma forma en que convivimos todos los días con todo tipo de virus, bacterias y microbios.

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