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Líderes de opinión

¡Es el colmo! 2> Por | Líderes de opinión, Voces UNIVA | Sin comentarios

Mtra. Laura O. Robles Sahagún · Coordinadora de Alumni y Bolsa de Trabajo UNIVA Plantel Guadalajara

 

De verdad (y me disculpo por iniciar de esta manera mi colaboración) me llena de indignación y repugnancia la insensibilidad de algunas personas ante la situación que viven niños y adultos enfermos. Y no solo me estoy refiriendo a quienes están en el poder (no les puedo llamar políticos), también hago alusión a todos aquellos ciudadanos que los defienden y que abogan por las posturas que toman y las grotescas frases que utilizan.

¿Acaso habrán visto alguna vez el sufrimiento de un paciente con cáncer? ¿Acaso habrán visto la sonrisa llena de dolor, pero también de esperanza de un niño que está luchando por vivir? ¿Acaso creen que a ellos no les va a pasar o a algún familiar no les va a pasar?

No se trata de dinero, no se trata de poder, se trata de enfermedades que no respetan condición alguna (ni económica, ni de género, ni de posición social, ni laboral). Se trata de padecimientos de organismos y eso, por lo que sé, todos estamos integrados de lo mismo.

Uno de los mayores problemas que existen actualmente es el desabasto de los medicamentos para las quimioterapias, pero ¿qué hay de las diálisis y hemodiálisis? ¿qué con las vacunas? Y tantas enfermedades que requieren tratamientos muy costosos y que no son entregados a los pacientes.

Leía en días pasados la relatoría que una amiga hizo acerca de su sesión de quimioterapia, en donde estaban regresando a muchos pacientes porque no se les podía proporcionar su tratamiento. La desesperación de la gente porque ya llevan muchos días sin medicamento. Me partió el alma solo de ponerme en los zapatos de esas personas, de sus familiares.

¿No tenemos ya demasiado con la pandemia, los desastres naturales, la crisis económica como para que no haya sensibilidad, empatía y responsabilidad hacia los enfermos?

¿De qué les sirve tener grados académicos si no los ponen al servicio de los demás? ¿Para qué quieren estar en el poder si solamente les sirve para su propio bien?

No señores, no se trata de partidos políticos ni de preferencias ideológicas. Se trata de humanismo, se trata de ética, de responsabilidad, de lealtad a la patria y a los ciudadanos ¿Acaso no juraron cumplir y hacer cumplir la ley?

Y esos defensores de lo indefendible, rueguen porque nunca necesiten un solo medicamento, ni ustedes ni las personas a las que quieren (supongo que por lo menos habrá alguien por quien si sientan compasión), para que no tengan que pasar por este sufrimiento aun mayor de no contar con los insumos para su salud.

Quien está contribuyendo para hacer frente a este desastre, es la sociedad civil organizada, los particulares, pero la situación económica de muchas personas se está viendo afectada y no podrán seguir aportando tan fácilmente a estas causas ¿qué va a suceder entonces? ¿Muertes masivas? Entonces, que pongan en los certificados de defunción: muerte por negligencia e irresponsabilidad de X y Y que estaban en el gobierno y no le entregaron su medicamento.

Y recordemos la protesta que hacen los presidentes de México: “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si no lo hiciere, que la Nación me lo demande”.

Pues ¡Ya se los demandamos!

 

 

Publicado en La Crónica de Hoy Jalisco del viernes 3 de julio de 2020

 

Se levanta el viento: la romántica historia del inventor del avión Zero japonés 2> Por | Líderes de opinión, Voces UNIVA | Sin comentarios

Dr. Fabian Acosta Rico · Docente-Investigador UNIVA Plantel Guadalajara

 

Imagina tener de vecino aun elemental o genio de la naturaleza: gigantesco, peludo y de rasgos felinos (como Totoro); o hazte a la idea de acompañar a un as de los vuelos en hidroaviones a quien un encantamiento convirtió en un puerco humanoide (Porco Rosso), igual de alucinante es seguir el nacimiento y el crecimiento acelerado de un delicada y exquisita princesa que brotó de un retoño de bambú, cuya belleza la hacía irresistible a todos los hombres (El cuento de la princesa Kaguya)… estas y otras muchas historias entran el abanico de fantasías animadas de los prestigiosos Estudios Ghibli. Netflix, hace poco tiempo, hizo tratos con dichos estudios para que todo su catálogo pudiera estar disponible en esta plataforma de streaming permitiéndoles a los usuarios disfrutar de clásicos como las premiadas películas: El viaje de Chihiro o La princesa Mononoque.

 

En una de sus producciones del 2013, Se levanta el viento, también disponible en la plataforma, reluce el nacionalismo y el orgullo étnico nipón de la casa de animación. Aunque basada en un hecho real, con sentido biográfico, la fantasía, sello de la Casa, está presente en esta película en el constante transitar de la vigilia al mundo onírico donde se va trazando el hilo conductor del destino. ¿Somos lo que soñamos o soñamos lo que somos? Posiblemente, ambas afirmaciones sean ciertas y ambos mundos estén interconectados por leyes y principios sólo explicables por una ciencia arcana o hermética.

En esta película se nos narra la historia de Jiro Horikoshi. Nuestro personaje no fue un prominente político ni un general o genio estratega: él se dedicó en vida al diseño de aviones. En el mundo futuro los grandes de la historia, sin duda, serán los inventores (algunos de ellos empresarios también): como Nikolas Tesla, Bill Gates o el propio Mark Zuckerberg. Horikoshi, diseñó el mortífero caza japonés Zero. Es muy probable que el caza imperial, el veloz Tie de la saga de Star Wars, este inspirado en este avión que, por cierto, participó con probado éxito en el ataque a Pearl Harbor.

Se levanta el viento, comienza adentrándonos en el mundo de sueños de una niño que fantaseaba con volar y en su onírico ensimismamiento conocía a Carponi, el famoso diseñador de aviones italiano. Despegar los pies de la tierra; surcar los cielos en naves de madera y metal; por innatural que en realidad parezca, para Horikoshi, un niño cuyos pensamientos nacieron con alas (de avión, no de pájaro ni ángel), esa era su pasión. La película discurre principalmente en el periodo de entre guerras, en un Japón que, tras el fin de la dinastía Meiji, muda de piel; transita del feudalismo a la industrialización: intenta con muchos esfuerzos y sacrificios estar a la par en tecnología con los países occidentales. Para esto envía a sus jóvenes más brillantes y prometedores a conocer y aprender de naciones como Francia, Alemania e Inglaterra…

En las universidades del Viejo mundo y de Norteamérica los jóvenes nipones asimilar, no sin asombro, los secretos de una poderosa ciencia capaz de obrar portentosos milagros de tecnología como la locomotora, los telares industriales, los trasatlánticos y los aviones; sí, sobre todos los aviones, esos pájaros metálicos impulsados por motores diésel que le faltan al respeto a la universal ley de la gravitación.

A este Japón abierto a Occidente y sobre todo, enamorado de Inglaterra y de su época Isabelina pertenece Horikoshi; este joven inventor y futuro ingeniero aeroespacial vive un romance de novela rosa con Naoko, hija de buena familia, a quien salva junto con su dama de compañía de un devastador temblor cuando era apenas una niña, durante un viaje en ferrocarril. Ella será su primer y último amor. Se reencontrará con ella en un hotel de Japón y tras esta oportunidad jamás volverán a estar separados el uno del otro. Se levanta el viento es una película que discurre entre los sueños del joven japonés, sus esfuerzos para realizarse como ingeniero aeroespacial y sus contados idilios con la mujer que tanto amo y a quien la tuberculosis le arrebato. Horikoshi es, sin duda, uno de los nuevos personajes a los que la historia moderna les otorga un protagonismo y una importancia mayor ya que, con su ingenio y creatividad, han contribuido a forjar la civilización moderna plagada de portentosas máquinas que parecen sacadas de las futurizas fantasías de los escritores de ficción.

 

La sociedad del bienestar 2> Por | Líderes de opinión, Voces UNIVA | Sin comentarios

Pbro. Lic. Armando González Escoto • Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

En los últimos cuarenta años la sociedad definió su concepto de estar bien en términos de certezas materiales: tener salario seguro, casa, acceso a la educación y a la salud, alimentación suficiente, vacaciones, ahorros para el retiro, todo en un entorno de derechos y libertades siempre más amplias.

Estas aspiraciones fueron suponiendo cada día un mayor número de requerimientos tecnológicos en función de la capacitación, el esparcimiento, y la comunicación, por lo mismo tener un mejor internet, mejores computadoras, mejores celulares, mejores vehículos espaciales, aéreos y terrestres.

Los jóvenes del siglo XXI nacieron en ese mundo de certezas tecnológicas que aseguraban la satisfacción de todas las necesidades, y un estilo de vida que combinaba el estudio y el trabajo con los fines de semana invariablemente invertidos en esos centros de diversión llamados antros, con la pre copa, la copa y el “after”, entre las nueve de la noche y las seis de la mañana. Puesto que a muchos no les bastaba el bienestar experimentado por la copa, la música y el baile sin más, comenzaron a estimular sus sensaciones con el recurso a las drogas, convirtiendo su tráfico en un negocio exponencial.

Con estas rutinas venía funcionando la vida en todas partes, con su diversidad de grados, cuando muy sorpresivamente se presenta en el mundo una novedad que la gente de los últimos cien años jamás había experimentado por lo menos en Europa y en América: una epidemia para lo cual no había solución alguna. Nunca la verdad del mundo había sido tan vacilante como en este año 2020. Fue como si de pronto la faja de oro que circundaba al planeta se mostrara quebradiza y falsa, pues ni todo el dinero de las naciones ha podido devolver a la gente la confianza que venía disfrutando.

Los pies de acero que daban sustento a los poderosos han temblado haciéndoles tartamudear sus discursos y mensajes otrora tan contundentes y asertivos. Los líderes que parecían tan grandes se han culpado unos a otros como niños asustados. Luego de mil explicaciones lo único que ha quedado claro es que nos hemos quedado sin explicaciones, nosotros que tan acostumbrados estábamos a tenerlas para todo.

De pronto todas nuestras velocidades se han frustrado, pues la realidad que enfrentamos no se modifica ni controla con medicinas al alcance de la mano o de la cartera, ya no basta con ir a Houston, no se resuelve el problema con teléfonos inteligentes, controles remotos o el internet de las cosas. Para muchos la vida ha dejado de ser cierta; nuevamente triunfa la precariedad propia de la naturaleza humana que a tantos parecía cosa del pasado. El saber que las personas se enfermaban y morían parecía algo que a nosotros nunca nos iba a pasar, o que ocurría solamente en el interior de África o en la remota Asia central, y que, de cualquier modo, la ciencia tan avanzada tendría siempre los recursos necesarios de manera efectiva e inmediata. Nadie se había tomado la molestia de averiguar lo que se tarda una vacuna en producirse, porque hacía años que las vacunas operaban sin ningún problema. Cierto, los hombres de verdadera ciencia sabían hasta qué punto el mundo de los virus y las bacterias es impredecible, pero eso era un conocimiento molesto que era mejor mantener reservado.

Quienes nunca aceptaron el futuro ahora ríen, aun estando en el mismo suplicio, porque la soberbia no es patrimonio del progreso, y sin embargo el futuro sigue existiendo, como siempre, para la gente de buena voluntad, gente que sigue rezando el “Padre nuestro”, plenamente consciente de lo que pide y confiesa en cada una de sus siete partes.

La epidemia que se aproxima 2> Por | Líderes de opinión, Voces UNIVA | Sin comentarios

Dra. Sandra Pascoe Ortiz · Docente-Investigadora de UNIVA plantel Guadalajara

 

Como todos sabemos a raíz de la aparición del virus SRAS-CoV-2 (Síndrome Respiratorio Agudo Severo CoV-2) se ha incrementado dramáticamente el uso del equipo de protección personal (EPP), no sólo entre el personal de salud, sino entre la población en general, todo esto con el fin de evitar la propagación del virus y el incremento de contagios. Dentro del EPP sugerido por el Lineamiento Técnico de Uso y Manejo del Equipo de Protección Personal ante la Pandemia por COVID-19 del Gobierno de México, encontramos los cubrebocas quirúrgicos, respiradores, gorros y batas desechables.

Lo que muchos ignoramos es que la mayoría de esas prendas están confeccionadas con telas sintéticas, derivadas del petróleo, es decir, estas telas son fabricadas a partir de diferentes polímeros (plásticos) como el polietileno, poliéster y polipropileno. Los respiradores N95 por ejemplo, están hechos con tela de polipropileno, el pellón, que sirve para la confección de cubrebocas, gorros y batas desechables es un poliéster, otros cubrebocas se fabrican con tela non woven o trilaminada SMS que son de polipropileno y existe tela quirúrgica de polietileno, poliéster y de polipropileno que se utiliza en las otras prendas del EPP. Entonces, el uso de EPP nos protege del contagio y es indispensable, pero genera a su vez un problema ambiental, no sólo por el riesgo de que alguna persona pueda adquirir el virus si el equipo está contaminado y es desechado inapropiadamente, sino porque la cantidad de basura plástica producida diariamente se está incrementando considerablemente.

En los últimos días han circulado en diferentes medios de comunicación, una serie de fotografías y videos de cubrebocas y guantes que se han encontrado tirados por las calles, carreteras, alcantarillas, playas y en el mar lo que hace suponer que no se está teniendo el cuidado necesario para el desecho de estos residuos, y que además, no se cuenta con programas para el tratamiento adecuado de los mismos; según Laurent Lombard de la Asociación Mar Limpio, el encontrar un guante o un cubrebocas en el mar es excepcional, pero es una realidad desde que la gente empezó a salir de sus casas después del confinamiento por COVID-19, y es un nuevo tipo de contaminación.

Es sabido, que muchos de los plásticos derivados del petróleo no son biodegradables, entre ellos se encuentran el polietileno, el polipropileno y el poliéster, de los que estamos hablando, sin embargo podrían reciclarse, aunque por tratarse de EPP es poco probable debido al riesgo sanitario que representa. Un cubrebocas sintético tarda entre 200 a 400 años en desintegrarse, dependiendo del material con el que está fabricado; y cabe señalar que desintegrarse no es lo mismo que biodegradarse, en el caso de la desintegración estamos hablando de que el cubrebocas se degradará formando pequeñas partículas plásticas llamadas microplásticos que seguirán existiendo y contaminando agua, suelo y aire afectando a plantas y animales, inclusive al ser humano. China en un solo mes exportó 4 millones de cubrebocas, así que ya nos podemos ir imaginando el tamaño del problema ambiental o epidemia que se aproxima.

En un trabajo realizado por los investigadores Miguel Canals, William P. de Haan y Anna Sánchez Vidal de la Universidad de Barcelona y publicado en la revista Marine Pollution Bulletin se encontró que el polietileno y polipropileno están entre los tipos de microplásticos más abundantes en las aguas costeras del Mediterráneo, esto antes de la pandemia de COVID-19 que estamos viviendo. Además, hay evidencias de que el poliéster puede liberar tan sólo en una lavada hasta 1´000,000 fibras que terminan contaminando el agua; así que si el EPP termina en el mar o en los ríos, el problema será difícil de resolver.

Pero qué podemos hacer entonces, en estos momentos es importante saber que somos parte del problema pero también de la solución, debemos tomar conciencia de las acciones que realizamos y de cómo éstas afectan el medio ambiente; sería importante comenzar a diseñar estrategias de recolección del EPP y procesos para el tratamiento adecuado de estos residuos, incluso su reciclaje, con las medidas necesarias para evitar la propagación del virus, se trata de ser innovadores y encontrar soluciones, en cada problema existen áreas de oportunidad; además cada uno de nosotros podemos comenzar a ser responsables de dónde y cómo desechamos estos residuos y también disminuir la producción de los mismos, simplemente, si empezamos a utilizar cubrebocas reusables, es decir, que podamos lavarlos y volverlos a utilizar un gran número de veces, eso disminuirá los residuos generados y si además estos cubrebocas que utilicemos están confeccionados con telas naturales como por ejemplo algodón, lino o bambú mucho mejor, ya que al momento de ser desechados en el lugar adecuado estamos seguros de que serán integrados nuevamente a la naturaleza sin causar un daño ambiental; todo aquello que hagamos en favor del medio ambiente vale la pena y puede revertir el desastre ambiental en el que nos encontramos.

Literatura del acontecimiento 2> Por | Líderes de opinión, Voces UNIVA | Sin comentarios

Mtra. Jazmín Velasco Casas · Docente de UNIVA Online y del departamento de Arte y Cultura de UNIVA Plantel Guadalajara

 

Sin afanes de apelar a ningún purismo académico, sino más bien al de una curiosidad antropológica, me pregunto a menudo al leer novelas hechas por jóvenes (menores de cuarenta) a dónde se ha ido aquella tradición literaria o mejor dicho, a dónde se han ido aquellos escritores que buscaban sugerir y explorar el mundo interno y externo de los personajes; que ofrecían capítulos como edificios de más de cincuenta páginas donde poco pasaba afuera, pero sucedía mucho en el flujo de conciencia del narrador; donde las descripciones eran extensas en cada sutileza en la casa del protagonista con correlatos afectivos en otro espacio-tiempo; aquellos que discurrían en monólogos políticos, asociaciones psicológicas, relatos de sueños o ensoñaciones, poemas entreverados con la prosa, epístolas con carga filosófica, diarios para desvelar los reveses de la mente que se desarrollaban en el paso de las páginas sólo porque eran otras vías para conocer al personaje y utilizar la palabra.

Las letras jóvenes evidencian la tendencia actual de exponerlo todo y enfocarse en las acciones, en el acontecimiento. Construyen personajes que gravitan en el qué hace o qué le sucede, en lugar del quién es o cómo es su subjetividad; presentando en un estilo narrativo que se sirve de un lenguaje que opta por los caminos directos y coloquiales, en vez de urdir figuras o adornos que ingenien juegos lingüísticos propios para el universo o la trama.

Aquí el juicio no es negativo, sino de inquietud. Podría apuntar al posmodernismo y sus acompañantes: aceleración, inmediatez, consumismo, aburrimiento, narcisismo, pensamiento débil. O bien, cambiar el reflector y culpar a cierto lenguaje cinematográfico por su influencia en esquemas mentales que producen en los literatos noveles un condicionamiento a narrar fotogramas en movimiento, diálogos explicativos, aproximaciones a mundos fragmentados. Esto es loable si se ha firmado un contrato para adaptación, pero cuestionable si la intención es hacer literatura. Podría también denunciar el triunfo del internet y la mercadotecnia como ejes que orillan a planear historias formulaicas o estereotipadas que enganchen -y vendan- en las primeras dos hojas, sentenciando a muerte, dicho sea de paso, a otra hermosa actividad y experiencia, la editorial impresa y la vida analógica.

En estas lecturas percibo en mí una urgencia por recuperar el pasado literario, y con esto no me refiero sólo a expresiones clásicas, barrocas o decimonónicas, sino a las que aún surgían hace cincuenta o treinta años y no me causaban la intuición de que nos estamos perdiendo algo de humanidad al despedir esa tradición que con lentitud llevaba a generarnos las representaciones de los personajes, adentrarnos en sus teorías sobre el mundo y experimentar su singular y compleja intimidad.

Queda claro que hemos transfigurado la praxis literaria a voluntad y conscientemente a una más sencilla, simplificada, que explique mejor y evidencie los acontecimientos; igualmente es claro que estas nuevas voces literarias escriben rápido, piensan rápido, sin ideologías que sostengan el discurso y, en muchas ocasiones, y como fin último del acto creativo, buscan mercantilizar.

El futuro de la narrativa es resbaladizo y un tanto desesperanzador para los que buscamos en este arte un lugar para habitar y encontrarnos, pero conviene seguirlo para observar su constitución, no sabemos aún si sea capaz de reflejar con potencia lo humano a pesar de sus apariencias y alcanzar una belleza que tal vez aún pocos sabemos apreciar.

 

Época de dictaduras 2> Por | Líderes de opinión, Voces UNIVA | Sin comentarios

Pbro. Lic. Armando González Escoto • Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

Nadie se esperaba que el pensamiento débil de la postmodernidad que había generado gobiernos endebles, produjera enseguida, en la híper modernidad, dictadores, pero lo estamos viendo.

Desde luego estos dictadores híper modernos son una combinación de populismo y de energía bruta que lo mismo captan abundantes seguidores en Estados Unidos, que en el Reino Unido, en Venezuela o en Brasil. Lo cierto es que al margen de las enormes diferencias entre estas naciones, en el fondo sus gobernantes son muy similares, se promovieron garantizando mano dura, sea en favor de los obreros norteamericanos de Detroit, que en pro de la lucha antimperialista bolivariana, o del Brexit duro, son capaces de seducir a multitudes y fomentan una y otra vez el odio, sea entre grupos raciales, que en contra de los emigrantes, de los chinos, de los ricos o de los pobres, una y otra vez lanzan amenazas incendiarias contra medio mundo, y les da a todos por minimizar las emergencias sanitarias, llamándolas “gripitas” o conjuras orientales, razón por la cual se exhiben dondequiera sin llevar cubrebocas, son incapaces por igual de admitir sus errores y muy proclives a buscar culpables siempre más allá de su círculo de confort.

También son oportunistas, y ante la posibilidad de aparecer ante las cámaras, hacen chuza con todos sus colaboradores para aparecer siempre ellos hablando de lo que sea y en lugar de todos los demás.

Desde luego, hay dictadores más serios y presentables, incluso, más coherentes con la idiosincrasia de sus países: Rusia y China. El caso de China no debe sorprender a nadie, dado que sigue siendo un país donde existe sólo un partido político, y los líderes suelen ser tan vitalicios como lo fueron los emperadores. En Rusia la duma sigue estando hoy, más que antes de la URSS, al servicio del presidente, de manera que todas las acciones del ejecutivo se van legalizando en la medida que se producen de tal modo y manera que a los zares les daría envidia. Pero dado que chinos y rusos experimentan notables beneficios en su vida cotidiana y doméstica, e incluso, gozan del orgullo de ver a sus naciones convertirse en grandes potencias mundiales, se sujetan a la dictadura sin mayores reconcomios.

Solamente la Europa continental se mantiene fiel a las democracias postmodernas, aún en el caso emblemático de Ángela Merkel, que es la funcionaria menos débil de la política europea.

Hay otras dictaduras de las que nadie habla aún si se dan en territorios de gran importancia económica, y cuyos gobernantes son tan híper modernos como cualquier líder latinoamericano, me refiero a las dictaduras de Asia menor y central, en países como Irán, Kirguistán, Kazajistán, Turkmenistán.

La coincidencia para nada casual, es que estos nuevos e híper modernos dictadores se han dado solamente en los grandes países, sea por su territorio, por su dominio político o por sus recursos económicos, habría que averiguar el porqué de este fenómeno tan actual y visible.

Las lecciones de la epidemia 2> Por | Líderes de opinión, Voces UNIVA | Sin comentarios

Pbro. Lic. Armando González Escoto • Director de Publicaciones del Sistema UNIVA

 

A tres meses de emergencia epidemiológica podemos ya identificar algunas lecciones o aprendizajes que este serio problema de salud nos ha dejado en México.

Una de esas ha sido el efecto colateral de la sobre información que hemos sufrido con mayor virulencia que la epidemia misma, particularmente desde las redes sociales y las diversas páginas de internet, como por ejemplo You Tube, y sus infinitas réplicas por todo otro tipo de medios que nos han dicho lo mismo que la epidemia es la más letal que podamos imaginar, o que todo es invención de los grandes consorcios garantes del nuevo orden mundial. Entre uno y otro extremo una increíble variedad de opiniones, declaraciones, conferencias, entrevistas ofrecidas por el más variopinto número de personas, desde las muy capaces e informadas, hasta aquellas que recibieron su información de parte de los extraterrestres o de complejas revelaciones divinas alertándonos de la conspiración mundial de los malosos en contra de las almas piadosas.

Otra importante lección ha sido constatar lo pésimamente mal preparados que estábamos para una emergencia semejante en el campo de las nuevas tecnologías de la comunicación, y nuestro aferramiento a no hacer las cosas sino a la antigüita, así el mundo se acabe. Pero cuantos intentaron hacer las cosas de otro modo, es decir, “en línea”, se encontraron con que fallaron los sistemas que se tenían, se saturaron las redes, los anchos de banda no fueron suficientes, la fibra óptica no llega a todas partes, ni siquiera en la misma ciudad, y además se notó nuestra grave elitización, es decir, en una emergencia de este tipo, las nuevas soluciones de la tecnología solamente operan en favor de los que más dinero tienen.

Aprendimos también hasta dónde puede llegar el fracaso de la educación cívica, y poner en riesgo la salud y la vida de todos por esa irresponsable forma de enfrentar un problema común, haciendo cada quién lo que le dé la gana, un caso ejemplar, el uso del cubrebocas, que algunos entendieron que bastaba con traerlo colgado del cuello en el mejor de los casos, en parte debido a que las mismas autoridades de salud no se ponían de acuerdo sobre su utilidad o inutilidad, cuando al fin dijeron que sí era importante usarlo, les creyeron los que quisieron. La “sana distancia” topó inevitablemente con el indispensable uso del transporte público y sus medidas de higiene “formales” y rara vez vigiladas, total que el asunto de contagiarse o no, se le dejó a la buena o mala fortuna de cada quien.

Lamentable pero previsible la actuación de la clase política que hasta la fecha no ha logrado convencer a la ciudadanía de su genuino interés por la salud de todos; para variar muchos de sus integrantes han actuado con su incurable oportunismo partidista o personalista, lo cual ha llevado a confrontaciones entre federación y Estado, descalificaciones mutuas, ocultamiento de datos sobre enfermos y fallecidos, maquillamiento de recursos que nos hacía sentir en el primer mundo, opacidad informativa para los familiares de pacientes, disimulos de todo tipo, usurpación de funciones donde tal o cuál político acabó siendo el sábelo todo, dimes y diretes de aquí y de allá, y claro, arranque de nuevas campañas, a destiempo oficial, mientras la gente asolada por la epidemia y por la crisis económica trata de sobrevivir como Dios le da a entender, porque la ayuda prometida no llegó o no era para todos, o las redes se saturaron y ya no fue posible hacer los trámites, o porque reabrir un negocio se hizo mucho más difícil y complicado que abrirlo por primera vez. En este tipo de escenarios, hasta las cosas correctas y oportunas que la autoridad ha hecho acaban por confundirse.

¿Feliz día del padre? 2> Por | Líderes de opinión, Voces UNIVA | Sin comentarios

Coordinadora de Alumni y Bolsa de Trabajo UNIVA Plantel Guadalara

 

Vi hoy un comentario en una red social que decía “Este 21 de junio será el primer día del padre que no se celebrará por la pandemia…los otros años han sido porque se les olvida” y me quedé reflexionando acerca del valor que le damos a los padres de familia y concluí que lo consideramos desde la relación que tenemos con ellos.

En muchas ocasiones se les valora por lo que proveen, otras por lo que no proveen y esa podría ser una de las cargas más fuertes que traen sobre los hombros los padres. Claro que no olvido la historia de tantas mujeres que solas han sacado adelante a sus hijos y que lo han hecho como cabeza de familia.

Los hombres desde chicos, saben que tienen que estudiar y/o tener un buen trabajo porque serán el sostén de una familia y con ello ser buenos padres, como si esa fuera la manera de decir si cumplen bien o no ese rol. Ser padre no solo es proveer, es contribuir con la educación, con la preparación académica, con los valores y la formación integral de hombres y mujeres de bien.

Dicen que nadie nació enseñado para ser padre, pero tampoco estamos calificados para evaluar a uno de ellos. La subjetividad de los sentimientos hacia esa persona nos hace ponderar desde excelente hasta pésimo; las circunstancias propias y del entorno (hasta las de pareja), cambian a cada segundo y eso también influye en las evaluaciones.

En estos tiempos de confinamiento, muchas familias han podido pasar más tiempo con los papás en casa, han visto, quizá, cosas diferentes como su forma de trabajar, hacer labores de hogar y ellos también han tenido oportunidad de conocer más a sus propios hijos.

Los papás pueden proveer bienes, pero también afecto, buen ejemplo, disciplina, conocimientos. No se les puede catalogar en casa solo por sus logros laborales, son el cúmulo de muchas facetas, pero se tiene que dar la oportunidad y darles a ellos la oportunidad de mostrarlas.

Valorar a los padres (hombres), en su justa medida, es símbolo de equidad y de justicia. Y así como hay madres que cometen errores, también hay padres que los cometen. Pero ¿quién, que haya convivido con su papá, no tiene un buen recuerdo que le haga sonreír?

Feliz día del padre a los que siguen dando su mejor esfuerzo y a los que ya descansan en paz.

 

Publicado en La Crónica de Hoy Jalisco del viernes, 19 de junio de 2020.

 

¿Qué es lo importante? 2> Por | Líderes de opinión, Voces UNIVA | Sin comentarios

Dra. María Cristina Martínez Arrona • Jefa de UNIVA Online

 

Con amor y paciencia, nada es imposible

(Daisaku Ikeda)

 

Este año ha estado enmarcado por una pandemia que nos mantiene -en la medida de lo posible- en confinamiento, por el bien nuestro y el de los demás; la pregunta por el sentido de la vida nos ha interpelado de una u otra forma; actividades que considerábamos esenciales para un sano desarrollo integral y social, motivación y sentido, en este contexto, han pasado a un segundo plano.

La convivencia social, espacios para la diversión y el desarrollo físico, las rutinas de fines de semana para fortalecer el encuentro familiar y social, momentos para alimentar el espíritu, de recreación y ocio, son ocupaciones esenciales, pero que, en este contexto de epidemia, debemos realizar de forma creativa, bajo otros esquemas, sin que implique movilidad, ni aglomeraciones.

En México, en el mes de abril, 12 millones de personas salieron del mercado laboral sin goce de sueldo, y sin la cereza de regresar a su trabajo, el porcentaje de personas No Económicamente Activa (52%) fue superior a la Población Económicamente Activa (47.5%) (INEGI). Una proporción muy alta de personas no pueden quedarse en casa, el 56.2% de la población trabaja en el sector informal y tienen la necesidad de buscar recursos para cubrir sus necesidades básicas para vivir, para la convivencia familiar, como es: alimentación, luz, gas, agua, servicio de internet, renta, por mencionar algunas.

Se comprende la necesidad de buscar reactivar la economía con los mayores cuidados de salubridad posibles, pero ¿cuándo no es ésta la motivación? ¿cuándo el apuro de salir es para socializar, divertirme, distraerme por el “cansancio” del confinamiento? Se han visto bares, restaurant, fiestas y reuniones clandestinas sin las medidas de sanidad que se requiere, exponiéndose y comprometiendo a las personas obligadas a salir para cubrir sus necesidades esenciales.

Me pregunto, ¿cómo es nuestra solidaridad? ¿acaso no tenemos la creatividad y el amor suficiente para transformar esas necesidades sin afectar a los otros? ¿por qué no dejar el espacio a los que realmente lo necesitan? Hay personas que están arriesgando su vida por nosotros. Debemos evitar que el cansancio, la rutina, la monotonía ponga en riesgo la Vida, distinguir lo que es verdaderamente importante.

Uno de los frutos que del Espíritu es la paciencia (Gal 5,22), la fortaleza para soportar y elegir el momento correcto de tomar acción. La paciencia es la capacidad que nos ayuda a actuar con tranquilidad, a no perder la calma. Aunque ya pasó Pentecostés, sigamos pidiendo a Dios que nuestra paciencia se active ante un escenario que no podemos controlar, pero sí la forma como vivirlo. Hay que soportar el tiempo que sea necesario sin perder la esperanza, y no pensar sólo en nuestras necesidades sino en las de los demás. La paciencia nace del amor (1 Cor 13,4).

 

Publicado en El Semanario Arquidiocesano de Guadalajara del domingo, 14 de junio de 2020

 

Divide y reinarás 2> Por | Líderes de opinión, Voces UNIVA | Sin comentarios

Dr. Fernando N. Sánchez Martínez · Docente Ciencias Sociales y Humanidades

 

Este viejo adagio que Bauman (2015) comparte en una de sus obras sobre la cultura, divide y reinarás es de resaltar en el contexto actual, ya que los diversos poderes económicos y políticos hacen uso del mismo en cuanto existe un sinfín de cuestiones sociales por dar respuesta, porque esto, no hace más que asegurar que todo seguirá igual, sin una solución concreta, ya que la pérdida de interés en las necesidades y problemas de los demás, configura toda una gama de proyectos individuales o comunitarios exclusivos y excluyentes que dan al traste con toda propuesta por buena que parezca.

Porque cuando los pobres se pelean con la clase media o al revés, la vida política, es decir, la convivencia colectiva, pierde su capacidad de generar estrategias que aporten al desarrollo humano, además, cuando esto sucede, el Estado suele frotarse las manos, la razón: la incapacidad de la sociedad para actuar y trabajar en la solidaridad.

La doctrina social de la Iglesia, desde una visión del humanismo cristiano, proyecta la solidaridad y la participación no solo de los creyentes, sino de todo ciudadano como parte de los derechos fundamentales de la persona en el rol social al cual está ligado de manera gestacional, ya que, el ser humano tiene tres nacimientos: el primero biológico, el cual consiste cuando la madre da a luz al nuevo ser; el segundo es el nacimiento en la fe, en donde los primeros responsables de transmitirla y fortalecerla se encuentran en la misma familia, aunque también en la comunidad parroquial que representa a la Iglesia, por medio de los sacramentos de iniciación; por último, el social, donde se pasa a formar parte de una sociedad con sus derechos y deberes. En este sentido la familia nos prepara para la convivencia social y al mismo tiempo la fe debe fungir como guía para actuar en conformidad con los valores evangélicos, junto a las responsabilidades que ello trae, como ser honestos, no estafar a los demás, ser solidarios o participar activamente de la vida política del país.

De ahí que, desde la doctrina social de la Iglesia, “la fuente última de los derechos humanos no se encuentra en la mera voluntad de los seres humanos, en la realidad del Estado o en los poderes públicos, sino en el hombre mismo y en Dios su Creador” (DSI, 153).

Por lo tanto, cabría preguntarse qué tanto ha aportado a la solidaridad y la participación las diversas controversias que se han gestado en las últimas semanas en nuestro país desde la presidencia, ¿ayuda en algo? ¿Qué nos dice como personas de fe? Ante ello ¿cómo nos vemos, cómo actuamos, en unidad o en división? ¿Cómo personas de fe, estamos respondiendo con coherencia a las exigencias del contexto social y político?

 

Referencias:

Bauman Z. (2015). La cultura en el mundo de la modernidad líquida. México: FCE

Compendio de la doctrina social de la Iglesia. (2005). Recuperado de http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html#El%20valor%20de%20los%20derechos%20humanos

 

Publicado en El Semanario Arquidiocesano de Guadalajara del domingo, 7 de junio de 2020.