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Tendencias

Crónica: Frida Kahlo

Por Tendencias, Voces UNIVA Sin comentarios

José Daniel Meza Real • Coordinador de Calidad Académica del Sistema UNIVA

 

-¿Cómo está?- Preguntó el padre angustiado mientras se acercaba al médico.

-¿Es usted familiar?- reviró la pregunta el doctor mientras lo veía por sobre sus anteojos sin levantar la cabeza del parte médico que sostenía en sus manos.

-Soy su papá- respondió mientras extendía su mano y añadió -mucho gusto, Guillermo Kahlo.

Entre voces que llenaban el quirófano e imágenes confusas de hombres y mujeres con batas azules y cubrebocas, una luz la hizo despertar de un sueño de dolor, y fue entonces con un grito que abrió sus ojos por primera vez. Ahí en ese momento con múltiples fracturas de columna, y un tubo de acero atravesando su matriz una niña impetuosa y sumamente inteligente volvió a nacer como una mujer destinada a cambiar al mundo desde el propio surrealismo de su vida.

Frida Kahlo de ascendencia alemana por su padre y mexicana por su madre, era originaria de Coyoacán en el Estado de México, aunque si hubieran sido un poco más meticulosos en el registro civil se hubieran dado cuenta de que ella era una mujer que pertenecía a todo México y viceversa, y si por esa paja burocrática habría que delimitar el espacio, simplemente hubiéramos visto en el renglón destinado al lugar de nacimiento, “la casa azul”.

Para renacer primero hay que morir y fue en una de las habitaciones de este lugar lleno de magia, donde Frida murió, pero solamente de espíritu, todo provocado por el perpetuo claustro en que la mantenían con un sin número de yesos que rodeaban su cuerpo. Frida se caracterizaba por tener un carácter fuerte y si su yeso la mantenía en una prisión física era hora de liberar su mente más allá de todas las fronteras que el conocimiento humano podía comprender.

Atrapada en su cama y con dolores que le impedían moverse, Frida recordó las técnicas de grabado que le había enseñado su padre en el estudio de fotografía para comenzar una serie de experimentos en óleo y acuarela. Después de varios intentos, en septiembre de 1926 terminó “Autorretrato con traje de terciopelo”, un cuadro desesperado que hizo para atraer el amor de su entonces novio Alejandro, quien la había dejado por una sospecha de infidelidad; el intento fue inútil, el cuadro era magnífico, pero su apasionado corazón era tan fuerte e intenso que no podía pertenecerle a cualquier hombre que no sintiera el mismo fuego interior.

Dos años más tarde Frida Kahlo salió de su prisión y entró a su nuevo mundo. Caminando tan rápido como le permitían sus piernas y su columna de una recién nacida, ingresó al partido comunista y conoció a Tina Modotti una famosa fotógrafa norteamericana que mantenía relaciones amorosas con un tal Diego Rivera, que en ese entonces dedicaba su tiempo a pintar un gran mural en el Ministerio de Educación Pública. La aún adolescente y pintora amateur sentía que una fuerza extraña la atraía al pintor aún sin conocerlo personalmente, por lo que decidió plantarse en la base de su andamio con un óleo entre los brazos.

Mientras Rivera ignoraba sus 136 kg en lo alto de los andamios, uno de sus trabajadores le comentó que una muchacha lo quería ver en la base de la torre para que le diera su opinión sobre una pintura; sin poner mucha atención ante la ridiculez de pensar que bajaría desde lo alto solo para ver a una admiradora más, respondió a su asistente – dile que lo deje ahí y luego lo reviso-.

Cuando el recado fue entregado, Frida se sintió indignada por el rechazo evidente y sin moverse ni un centímetro grito dirigiéndose al pintor:

-¡Panzón! Ven para que discutamos algo-.

Diego volteó a verla y sonrió tomando la imprudencia con humor

-Estoy trabajando, sube-.

Frida miró con nostalgia el bastón que portaba para poder caminar y llenándose de coraje le respondió.

-No, tú baja-.

Diego quedó cautivado ante el carácter de esa adolescente que al contrario de las otras mujeres le hablaba con sinceridad y fuerza más allá de colocarlo en un pedestal e idolatrarlo. Veía en sus ojos que ella era la única que iba a poder amansar al semental.

El muralista la exhortó a que siguiera pintando y ese encuentro quedó marcado en la historia y en las paredes del Ministerio de Educación Pública, ya que el rostro de Frida se encuentra plasmado en un rincón del mural “Balada de la revolución”.

El 21 de agosto de 1929, el Ayuntamiento de Coyoacán se llenó de euforia y conmoción ante un espectáculo digno de los cuentos fantásticos de Disney; en una de las salas un juez casaba a un enorme mastodonte con un delicado pajarito. Diego de 42 años, 1.86 m y 136 kg después de firmar se inclinó para levantar en sus brazos con toda su brutalidad y cariño a la pequeña Frida de 22 años, 1.60 m y escasos 42 kg, incluyendo los 5 que pesaba su folclórico y colorido vestido lleno de flores.

Su madre naturalmente no estaba de acuerdo con la unión al verlos tan distintos, sin embargo, esa abismal diferencia sólo era la superficie que envolvía dos almas gemelas separadas al nacer.

La vida artística no se hizo esperar para la pareja de recién casados, justo un año después de la boda viajaron a San Francisco donde a Rivera le fueron encargados ciertos murales, ahí Frida se sentía plena, no sólo por conocer una gran ciudad fuera del país, sino porque vivía al máximo la vida de artista y se codeaba con los más importantes creativos del siglo XX, entre los que destacaban los fotógrafos Imogen Cunningham, Ansel Adams y Edward Weston; el mecenas Albert Bender, el escultor Ralph Stackpole y el pintor Arnold Blanch y su mujer Lucile.

El ambiente artístico en el que vivía la pintora mexicana, la impulsó rápidamente a presentar sus propias obras llenas de folclor y un estilo que con los años se volvería representativo de toda una nación. En 1931 presentó en la “Sexta Exhibición Anual de la Sociedad de San Francisco de Mujeres Artistas”, la primera muestra pública de su trabajo, un doble retrato titulado: “Frida y Diego Rivera”, inspirado en una fotografía de su propia boda.

Sin embargo, no todo era miel sobre hojuelas, esta vida que la llenaba de plenitud se veía siempre opacada por la huella de su pasado que, como una losa que caía con todo su peso sobre ella, la atormentaba con insoportables dolores en su columna y su pierna, por lo que tuvo que interrumpir su pedacito de paraíso para ser hospitalizada por el doctor Leo Eloesser, un famoso cirujano que era amigo de Diego y que a partir de ese momento y por el resto de su vida se convirtió en su médico de cabecera.

El 4 de julio de 1932 Frida observaba los juegos pirotécnicos que llenaban de luz la habitación donde estaba enclaustrada en una cama que se ceñía a su cuerpo como unos grilletes que no la dejaban ser libre; la gente estaba de fiesta, gritaba, bailaba y reía mientras ella lloraba en la oscuridad con las manos sobre su vientre. Ese día Frida fue hospitalizada por un segundo aborto, tal parecía que su descendencia quedaría solamente plasmada en sus cuadros.

Diego era conocido por ser un hombre de muchas palabras, un seductor nato y que no tenía límites en sus relaciones amorosas, era el único vicio que casi llegaba a la altura de su arte, Frida lo sabía y hasta cierto punto lo aceptaba, sabía que aunque estuviera con muchas mujeres al final del día era con ella donde se quedaba su corazón. Sin embargo, hubo una traición que no pudo soportar y era el hecho de compartir su propia sangre, que Diego estuviera con una versión diferente de ella: su hermana Cristina.

Después de este suceso, la pareja se separó y Frida se mudó del estudio en San Ángel diseñado especialmente para ellos y que consistía en dos casas unidas por un puente. Ahora ese puente se rompía y era imposible sostener la estructura de su vida juntos.

Para el año de 1935 Frida viajó a Nueva York con Annita Brenner y Mary Schaphiro, ahora como una artista consolidada no solo vivía de su trabajo y para su trabajo, sino que se codeaba con las grandes personalidades de ese mundo bohemio. Pero, aunque su vida era la pintura, a su corazón y su alma desbocada e intensa no le eran suficientes los cuadros para liberarse para expresar esa profunda pasión que guardaba dentro de sí. En ese mismo año se reconcilió con Diego y regresó a la casa de San Ángel, esta vez para probar un nuevo método que era vivir vidas independientes.

Viviendo ambos en México, la pareja de pintores no dejaba de codearse con las grandes figuras internacionales del arte y de la política. Eran comunistas hasta lo más profundo de sus ideales y no sólo eso, sino que defendían dicha causa a capa y espada, por eso en 1937, después de que León Trotsky fuera exiliado de su país llegó a ese lugar lleno de magia, ese lugar que pareciera pertenecer a otro mundo y que latía por sí mismo siendo el corazón del arte: La Casa Azul de Coyoacán.

La grandeza y el conocimiento se manifestaban como una fuerza magnética que atraía a otras fuerzas iguales; esta fuerza muchas veces se confundía con la locura o la rareza, otros la calificaron como arte, una de esas personas fue André Breton, que al llegar a México con la intención de conocer a Trotsky se topó frente a frente con un cuadro sin terminar de Frida Kahlo llamado “Lo que el agua me dio”, un autorretrato en el que se encontraba en una bañera flotando. El francés no tardó ni un segundo en voltear su rostro hacía la pintora con una expresión de asombro, ella sin saber cómo interpretar dicha expresión sólo sonrió tímidamente; André, la miró fijamente y soltó una carcajada, señaló el cuadro y dijo: -Esto es surrealismo puro, deberías mostrarlo en París.

Para el año de 1939, la vida de Frida tomo dos caminos distintos, por un lado, su nombre recorría el mundo y sus pinturas se presentaban en las galerías más importantes del globo entre las que destacaban la “Pierre Colle”, la Escuela de Arte de la UNAM, el Museo de Arte Moderno de Nueva York, la Exposición Internacional de Surrealismo e incluso el museo Louvre de París. Sin embargo, su vida personal caía en un abismo sin salida, su divorcio con Diego Rivera fue inminente y oficial para finales de ese año, lo cual aunado a una condición física que día a día se volvía más deplorable e insoportablemente dolorosa, la hizo caer en un abuso de la bebida.

En el año de 1948, gracias al doctor Eloesser, Frida ya se había reconciliado con Diego, tenían una unión que los mantenía vivos, se complementaban el uno al otro y aunque su relación era profundamente tormentosa, ambos sabían que les era imposible vivir el uno sin el otro.

Ya juntos comenzaron a retomar todo lo que les apasionaba y por petición de Diego, Frida fue aceptada de nuevo en el Partido Comunista Mexicano.

Aunque el estar con su amado “panzón”, con su arte y su política hacía que su corazón y su espíritu despertaran cada mañana llenos de vida, su cuerpo no luchaba por seguir el mismo camino y día con día caía más en lo profundo de un infierno de dolor, al grado de pasar todo un año en cama, mientras Diego acababa con hasta el último peso de su fortuna y gastaba cada hora del día y la noche trabajando para pagar los medicamentos y las enfermeras de su pequeño gorrión en agonía.

A principios de 1953 Lola Álvarez Bravo, organizó la primera exposición en solitario de los trabajos de Frida en México dentro de la Galería de Arte Contemporáneo. El doctor ordenó a la pintora específicamente que no debía salir de la cama debido a su condición, a lo que ella acató obediente dicha instrucción y dando un espectáculo surrealista que terminó siendo el toqué perfecto para la exposición, entró en la sala acostada en su cama que levitaba sobre los hombros de 6 hombres que la llevaban cargando.

Aunque la exposición y su entrada fueron todo un éxito, naturalmente su condición empeoró y en agosto de ese mismo año le fue amputada su pierna derecha víctima de la gangrena. Este hecho la sumió en una aguda depresión que en momentos ni la pintura podía aliviar.

El siguiente año, impulsada por Diego en el ánimo de que saliera de su tristeza y totalmente en contra de lo que recomendaron los doctores, la pareja de pintores (Frida en silla de ruedas) asistieron a una manifestación en contra de la invasión norteamericana en Guatemala; esta fue la última vez que a Frida Kahlo se le vio en público y tal como auguraban los doctores, sus acciones hicieron que la neumonía empeorara.

Diez días después, en una madrugada calurosa, Diego fue llamado por una de las enfermeras porque Frida lo buscaba con desesperación, al entrar a la habitación a pesar del calor que hacía en la ciudad, se sentía un aire helado y solitario, en el centro del cuarto estaba su pequeño gorrión, pequeña, débil y preocupantemente delgada; el silencio se quebraba violentamente con la tos cansada de Frida. Diego se acercó y ella con un esfuerzo casi sobre humano se aproximó a su oído y le dijo que abriera el cajón; al seguir la instrucción encontró una caja con un anillo, ante la mirada estupefacta y curiosa, ella le dijo suavemente -aquí tienes tu regalo de bodas-. Él sonrió y mientras le acariciaba sus mejillas respondió -Pero mi amor, aún falta una semana-. Sin abrir los ojos, y con una voz que parecía irse, susurró -no creo que llegue tan lejos-. Diego solo le dio un delicado beso en la frente mientras una lágrima bajaba lentamente por su mejilla.

Al día siguiente un 13 de julio de 1954, muere Frida Kahlo. Su féretro fue adornado por Diego Rivera con la bandera del partido comunista y velado en el Palacio de Bellas Artes, al que asistieron más de 600 personas para que esa misma tarde fuera cremada. Dicen que todo regresa indiscutiblemente a su sitio de origen y así Frida descansa en ese paraíso, en ese lugar mágico, surrealista donde se puede aún sentir el latido de su arte, la fuerza de su corazón y la pasión de su espíritu: la Casa Azul.

Los parques de diversiones Marvel

Por Tendencias, Voces UNIVA Sin comentarios

José Alejandro Domínguez Islas • Alumni de Preparatoria UNIVA Guadalajara 

 

Hace dos años, en una entrevista para la revista Empire, se le preguntó al célebre director Martin Scorsese (Taxi Driver, The Irishman) su opinión respecto a las películas de Marvel, a lo que respondió: “No las veo. Lo he intentado, ¿sabes? Pero eso no es cine. Honestamente, lo más que puedo pensar de ellas, considerando lo bien hechas que están, y el buen trabajo que hacen los actores dadas las circunstancias, es en parques de diversiones. No es el cine de seres humanos tratando de transmitir experiencias psicológicas y emocionales a otros seres humanos”. 

En su momento, he de reconocer que no simpatizaba con la opinión. Si bien, entendía de dónde venía su pensamiento, no podía aceptar que llamara a estas producciones como parques de diversiones, en los que solo te emocionabas y no se reconocieran los temas que varias cintas del género tenían. Me tomó una pandemia sin consumir películas de superhéroes, y un tráiler viral, para verlo desde otra perspectiva. 

El avance de Spider-man: No Way Home conmocionó el internet después de revelar lo que ya estaba confirmado, el esperado regreso de Alfred Molina interpretando al Doctor Octopus, que ya había encarnado en Spider-man 2 dirigida por Sam Raimi. Con un vistazo a la bomba del Duende Verde de Spider-man, y los rayos de Electro de The Amazing Spider-man 2: Rise of Electro de la mano de Marc Webb, esto confirmaría la existencia del multiverso donde las tres distintas franquicias del personaje se mezclarían, a la espera (y deseo de los fanáticos) de que se confirme oficialmente el regreso de Tobey Maguire y Andrew Garfield para portar la máscara una vez más, en esta ocasión al lado de Tom Holland. 

A pesar de que la tarea de un tráiler es generar esa emoción, plantear un poco de la historia, personajes y llenarlo de momentos sorprendentes, no pude dejar de pensar que el avance, y la existencia de la cinta en sí, es bastante manipuladora y tramposa. 

No es sorpresa para ningún fanático del Universo Cinematográfico de Marvel, que después de la conclusión de la “saga del infinito” en Avengers: Endgame, las historias de los demás personajes tendrían que buscar nuevos rumbos y horizontes. El movimiento seguro, sería jugar con la idea de los universos alternos, el famoso multiverso. Si antes era innovador ver a personajes de distintas películas reunirse en un evento fílmico como fue aquella Avengers en 2012, ahora eso no basta, en tan poco tiempo se agotó la fórmula; había que buscar una nueva manera de mantener la montaña rusa emocionante, y aquí es donde entra nuestro amigable vecino. 

La idea de ver a rostros conocidos aliándose (o peleando) con nuestros personajes favoritos siempre es emocionante, el problema resulta cuando pareciera que se abandona todo desarrollo emocional del personaje. La emoción de este avance no está en las consecuencias de un mundo donde todos saben que Peter Parker es Spider-man, esto solo será la excusa para que, por el error de un hechizo, se desate el multiverso y entren los villanos de antiguas adaptaciones del arácnido. Se deja de priorizar al propio protagonista por la nostalgia que provoca reunir a los personajes de cintas pasadas, reviviendo viejas glorias en vez de seguir proponiendo en el pequeño universo de Peter Parker en Nueva York y sus problemas.   

El cine se ha estado construyendo a base de estudios cinematográficos preguntándose “¿Cuántos personajes podemos referenciar? ¿Qué es lo que les gustaría ver a los fanáticos?”, en vez de contar una historia con un estilo particular e introspectivo. Y esto no solo es propio de Marvel, aún la visión de cuatro horas de la Liga de la Justicia de Zack Snyder, peca de ser complaciente con los fanáticos de DC, en una trama excesivamente larga para lo que propone en realidad: otra batalla de los héroes todopoderosos contra un villano genérico sin motivación más allá de conquistar el planeta. Más de lo mismo. 

Estamos lejos de ver de nuevo un Spider-man 2 de Sam Raimi, un The Dark Knight de Christopher Nolan, The Incredibles de Brad Bird, incluso un Man of Steel de Zack Snyder que aún con sus múltiples fallos, le reconozco que logra una visión distinta de lo que estos personajes podrían ser. Todas llevando a estas figuras mesiánicas a una exploración de lo que representa cargar con una ciudad en tus hombros, con lo que representa ser un héroe y un padre a la vez, lo que es ser una deidad entre humanos. Quizá la última gran película de esta temática sería Spider-man: Into the Spider-verse, la cinta animada de Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman, que además del estilo visual único, comprometía al protagonista, Miles Morales, en busca de ser su propia versión de Spider-man, en una versión fresca y única del personaje que usaba el multiverso como un recurso, y no como la excusa para realizar la cinta. 

 No estoy peleado con este tipo de cine. Hasta Black Widow, no me había perdido de ningún estreno de Marvel en cines durante los últimos años, pero reconozco que Martin Scorsese tenía un punto. Creo en la idea del cine como un todo, con múltiples posibilidades, enfoques y propósitos, no debería apegarse a solo un estilo, sin embargo, viendo la ruta que continúa Marvel (y gran parte de la industria) es que entiendo la postura del director, y uno mismo como audiencia comprende la clase de productos (llamándolos así porque suelen ser vendidos de tal forma) que las grandes compañías ofrecen, como simplemente una experiencia que carece de la profundidad con la que podría estar incluida. 

Me parece triste, ya que mi pasión por el séptimo arte inició al ver muchas películas de superhéroes, historias que en la actualidad buscan verte más como un consumidor que aceptará cualquier crossover con tal de seguir viendo un multiverso, que lo que el cine de superhéroes podría también ser: historias de personas comunes enfrentadas a la idea de dejar todo, o ser aquel héroe y heroína que necesita el mundo. Me gusta pensar, que este último tono aún tiene lugar en una industria como esta, el tiempo dirá qué historias veremos en el futuro. 

Sigo siendo entusiasta de los superhéroes, quizá ya menos que como hace unos años; veré Spider-man: No Way Home al generarme un morbo increíble, espero emocionarme y divertirme como la gran mayoría de las producciones de Marvel ha provocado en mí. Han apostado completamente por el entretenimiento, y en ese apartado el resultado es generalmente satisfactorio, pero me preocupa que dejen este desarrollo de personajes aún más relegados de lo que ya estaban, reduciendo sus películas a un mero espectáculo de referencias en el que lo que uno se lleva al terminar la película, es solo la emoción por formarse otra vez en la fila de la misma atracción con distinto título. 

 

Crónica: Coco Chanel

Por Tendencias, Voces UNIVA Sin comentarios

Mtro. José Daniel Meza Real • Coordinador de Calidad Académica del Sistema UNIVA

 

Las luces bajas de una taberna pudieron haber simulado un lugar lleno de romanticismo en una pequeña ciudad francesa, pero eran opacadas por la verbena de borrachos y prostitutas que llamaban la atención de la gente con sus risas escandalosas. En el fondo de aquel antro un joven se sentaba frente al piano e inesperadamente aparecía una mujer, sonrojada por la adolescencia que brotaba en sus mejillas e increíblemente llamativa, no por su belleza sino por su vestimenta que evidentemente contrastaba con la de cualquier otra mujer en el lugar y que provocaba en los caballeros, miradas morbosas seguidas de una profunda vergüenza al ser vistos por esta pequeña doncella. El joven comenzaba a tocar la única canción que conocía “Qui qu’a vu Coco?” mientras ella con una coreografía básica y apenas ensayada lo acompañaba con su voz y unas cuantas sonrisas coquetas. Al terminar su presentación apenas se escuchó un pequeño rumor de aplausos de algunos hombres que habían ya perdido la compostura, y mientras pasaba un sombrero por entre las mesas juntando monedas; un par de militares la llamaron a su mesa. Más por la búsqueda de una propina que por un gusto de conocerlos accedió a acercarse.

-Cuéntame de ti – comenzó a cuestionar uno de ellos.

Fue hasta ese momento que aquel hombre se percató que la mirada inocente que había visto en su actuación no era más que eso, una actuación; con una expresión dura, seria y penetrante la chica respondió:

-Me llamo Gabrielle.

El hombre ante aquella dureza se sintió intimidado, se incorporó en su asiento y solo se limitó a felicitarla por su interpretación. Pero el otro hombre que observaba divertido la escena estaba fascinado ante semejante dama, tomó un cigarrillo y sin dirigirle la mirada le dijo:

-No me gusta el nombre de Gabrielle, es muy serio, desde hoy te llamarás como tu canción Coco.

-Le repito que mi nombre es Gabrielle, Gabrielle Chanel – contestó haciendo un ademán de levantarse.

Aquel hombre sin inmutarse la volteó a ver con una sonrisa y le dijo -y el mío es Etienne Balsan, permítame invitarle una copa mi querida Coco.

Esa noche ella le contó un poco de su pasado, mencionando una madre que murió en labor de parto, así como un padre rico y bondadoso que viajó a América en busca de fortuna.

Sin embargo, todo era mentira, la realidad es que Gabrielle Chanel nació en una familia que vivía en la total pobreza y su madre había muerto, pero fue cuando ella tenía doce años, gracias a una vida de maltratos propinados por su padre que más allá de ser un prominente empresario, solo era recordado como un comerciante ambulante alcohólico y que, tras la muerte de su esposa, abandonó a sus hijas en el orfanato romano de Aubazine donde ella experimentó el verdadero dolor del abandono.

Su carrera comenzaba, pero no era en ese lugar de mala muerte y mucho menos en el mundo de la música, ese era sólo un trabajo que complementaba su oficio de tiempo completo como costurera y ayudante de sastre en una pañería de la comunidad de Moulins de Allier.

Balsan quedó impactado ante aquella dama determinada e inteligente que no se dejaba llevar por las reglas de la sociedad ni siquiera en su estilo alejado de los vestidos anchos y los sombreros atestados de adornos.

Al día siguiente aquel hombre adinerado la buscó en la pañería y Coco nunca admitió lo enamorada que estaba de él y bajo la excusa de que era él lo que le convenía para mejorar su vida, en poco tiempo se encontraba viviendo en un gran castillo rodeada de sirvientes y dedicando su tiempo a las fiestas, reuniones sociales y carreras de caballos.

Con su nueva vida, el adinerado burgués intentó comprarle vestidos para que se presentara ante la comunidad, sociedad de personas adineradas y de alta clase, pero todos sus esfuerzos fueron en vano, ya que ella como lo había hecho siempre, se confeccionaba su propia ropa tomando pantalones y camisas de hombre para crear obras maestras poco valoradas para su época. Sin embargo, ese estilo único comenzó a llamar la atención de las mujeres que la veían en las fiestas y reuniones y comenzaron a pedirle consejos para adornar o mejor dicho “desadornar” sus sombreros. Esto comenzó a ser cada vez más frecuente al punto de que incluso las antiguas amantes de Balsan iban a la residencia exclusivamente a visitarla.

Una mañana despertó y sin mayor complejo salió de su habitación adornada por un pijama de seda perteneciente a Etienne; planeaba ir a tomar un poco de café y fumar un cigarrillo en un sofá dentro de un estudio que se llenaba de la luz proveniente de un gran ventanal que ofrecía una vista espectacular del gran campo arbolado detrás de la mansión. Al entrar se sorprendió de ver la figura de un joven, escogiendo algunos de los libros que ahí se encontraban, y sin el menor intento de pasar desapercibida, pero tampoco con la intención de entablar una conversación, sólo se sentó en el sillón. Aquel hombre se percató de su presencia y al girar ocurrió algo en el pecho de Coco, al cruzarse sus miradas sintió como se le revolvía el estómago y sus latidos corrían cual caballo desbocado, se quedó congelada ante aquellos misteriosos ojos azules. Ambos permanecieron inmóviles, abstraídos completamente en ellos mismos mientras los segundos pasaban sin que una sola palabra saliera de sus bocas. De repente él pareció despertar de un trance, se acercó a la dama y dijo:

-Mademoiselle, creo que no nos conocemos soy Arthur Capel.

-Hola, monsieur Arthur, Gabrielle Chanel.

En ese momento se asomó por la puerta Balsan y sin percatarse del momento que interrumpía tan abruptamente, gritó -“Boy” ¿cuánto más te vas a tardar?- y mientras caminaba apresurado por la habitación agregó – oh veo que ya conociste a Coco, discúlpala por su facha, no he logrado que se vista como una mujer normal de este siglo, ¿vienes o no?

El joven inglés asintió con la cabeza y justo al pasar frente a ella se detuvo un momento, la miró a los ojos, sonrío y con un susurro le dijo:

-Vous êtes une femme très élégant.

El romance entre Gabrielle y Arthur fue algo inevitable y aunque el inglés no tenía una ascendencia aristocrática era un reconocido jugador de polo que aparte se dedicaba al negocio de las minas de carbón con bastante éxito. Juntos se fueron de vacaciones a París, un viaje que le mostró a Coco el verdadero significado del amor y sobre todo pudo conocer la vida de aquella ciudad, por lo que regresó con la determinación de que sería ahí donde quería vivir.

Después del viaje la vida en el castillo se volvió para ella rutinaria, aburrida y sin propósito, aunque nada había cambiado realmente, pero algo distinto se anidaba en su corazón, un impulso, una nueva determinación para su vida.

Una tarde mientras Balsan jugaba billar con Boy, ella se acercó decidida y le dijo que se iba a París, que quería que le ayudara a poner una tienda de sombreros donde ella diseñaría. Naturalmente él se negó burlándose de la idea de que ella trabajara y argumentando que no tenía la necesidad de hacerlo, pero él no entendía que esa necesidad existía, pero no era económica y que nadie iba a poder apagar el fuego en su interior que la llamaba a hacer lo que ella quisiera sin importarle si rompía con las “reglas sociales” hechas para las mujeres de esa época.

Finalmente, Balsan accedió a prestarle la planta baja de uno de sus departamentos en París para que pusiera su taller de sombreros, sin embargo, gracias al apoyo de Capel, en 1910 abrió la histórica “Mansion Chanel” en la 21 de la rue Cambon.

Ahí en París tenían su pequeño nido de amor y comenzaron a frecuentar juntos círculos de la alta sociedad donde sus sombreros eran cada vez más solicitados.

Tres años después, decidió expandirse más allá de los sombreros y compartir el estilo que la había caracterizado durante toda su vida. En 1913 abrió en el balneario de Deauville, que era el centro de la sociedad aristocrática, una casa de moda donde incluyó ropa femenina y el estilo que ella misma representaba, con vestidos cómodos, telas como el jersey que hasta ese momento solo se usaba para camisas de hombre y eliminó los excesivos adornos y por supuesto los molestos e incómodos corsés. Sin duda fue un gran éxito y en menos de tres años había triplicado sus ganancias.

Con el dinero abrió una tercera tienda en la comunidad de Biarritz y en poco tiempo Chanel ya tenía a su cargo a más de 300 personas, no solo confeccionando ropa sino cambiando el estilo de las mujeres en la sociedad europea.

Su fama, su fortuna y su carrera en general, iban ascendiendo de manera acelerada y ella era realmente feliz, tenía todo lo que siempre soñó, era reconocida por la alta sociedad y se codeaba con un sin número de personalidades del mundo de la moda, artistas y empresarios de todo Francia. Sin embargo, su vida dio un pequeño vuelco, cuando después de 8 años de relación con Capel, comenzó a distanciarse abruptamente, hasta que un día le anunció que se casaría, pero no con ella sino con lady Diana Wyndham, la joven hija de lord Ribblesdale, por cuestiones de conveniencia económica.

La ruptura fue un golpe fuerte, pero en ese momento estaba en el mayor auge creativo de su carrera por lo que esto le afectó sólo de manera positiva dedicando el mayor tiempo posible que sus pensamientos le permitieran a trabajar.

Sin embargo, ese dolor duró tan poco como la felicidad matrimonial de Boy Capel, en poco tiempo estaba tan aburrido de su esposa, que regresó a París a buscar a Coco.

Mientras ella se encontraba revisando vestidos entre el tumulto de sus colaboradoras, la atención de todas se dirigió hacia la puerta y al voltear, se topó con aquella mirada… instantáneamente como un rayo de luz en la desesperante oscuridad, todo aquel dolor, todo el sufrimiento desapareció y ella una vez más no pudo evitar que sus mejillas se sonrojaran, su rostro traicionó su orgullo, esbozando una inevitable sonrisa. Naturalmente se reconciliaron.

Siguieron frecuentándose como antes y para la navidad de 1919, Arthur tuvo que hacer un viaje a la ciudad de Cannes donde se encontraría con su esposa, cada despedida entre los dos amantes era triste, pero a la vez llenaba a Coco de una emoción indescriptible por la espera de su regreso. Esa misma noche mientras salía del cine con algunos amigos, una conocida se acercó a ella con el rostro desencajado, Chanel sin saber aún que pasaba sintió un escalofrío.

-Boy tuvo un accidente en la carretera.

– ¿Y está en el hospital?- preguntó Coco con la voz entrecortada.

-No- respondió su amiga mientras comenzaba a llorar.

Justo en una curva cerrada camino a Cannes una llanta se reventó en el auto de Arthur y lo hizo volcar. El carro quedó hecho trizas y tan solo acompañada por su chofer, Coco se dirigió al lugar del accidente y ahí se quedó durante horas… llorando sin consuelo.

“¡Al perder a Boy lo perdí todo! Con él podía ser yo misma y él no quería que cambiara. Para mí, fue un padre, un hermano, toda mi familia”.

A pesar de que durante el resto de su vida tendría muchos más amantes, entre los que se encontraban príncipes, músicos, poetas y empresarios, el dolor de haber perdido a su Boy sería como una sombra que siempre la acompañaría, dejándola imposibilitada de vivir de nuevo la compañía de cualquier otro amor.

Sin embargo, estaba en el pleno apogeo de su carrera y ella, como la mujer fuerte e independiente que siempre había sido, no podía darse el lujo de dejar de trabajar en su carrera a pesar del dolor que sentía.

En 1921 con la ayuda del químico y perfumista Ernest Beaux escogió una fragancia en la que entraban 80 ingredientes, produciendo un perfume que se distinguía de los de entonces y que se convirtió no sólo en un éxito rotundo a nivel mundial, sino también en un verdadero clásico: el Chanel No. 5.

La marca Chanel estaba en el pináculo de la moda, Coco Chanel era reconocida como la grande de los negocios y la pionera del nuevo estilo europeo, pero ni eso pudo contraponerse a la caída de la bolsa norteamericana en 1929 y se tuvieron que cerrar una cantidad impresionante de tiendas, al punto que Coco tuvo que dejar las casas de moda para aceptar una negociación con la productora cinematográfica MGM para dedicarse única y exclusivamente a vestir a las estrellas del cine en sus diversas producciones.

En 1954 a sus 71 años y después de haber lidiado con un sinfín de peripecias personales y políticas con la Segunda Guerra Mundial, decidió reabrir su casa de modas, ni la edad, ni los reumas, ni la artritis habían podido apagar su llama y tal como le pasara en la época de Etienne Balsan, estaba hastiada, aburrida y enfadada de su rutina, en la que solo se dedicaba a disfrutar de su riqueza, de sus lujos y de la vida en sociedad. Tenía que ocupar su tiempo trabajando, diseñando y haciendo lo que más le gustaba que era cambiar a la sociedad femenina, ser un ejemplo para todas las mujeres de fuerza, de inteligencia y creatividad, enseñar al mundo que la mujer es el sexo fuerte y que no hay nada que pueda detenerla para lograr cualquier cosa que se proponga. Channel transformó a aquella mujer que adornada cual pastel con grandes vestidos, plumas, flores y que tenía la función de ser un mero accesorio decorativo para el hombre, en mujeres fuertes, inteligentes, trabajadoras, emprendedoras, pero sobre todo con una elegancia que intimidaba y dejaba boquiabierto a cualquiera.

Un 10 de enero de 1971, era domingo el día que Coco siempre había aborrecido, era una mañana fría y nublada, sin embargo, decidió salir a dar un paseo con su amiga Claude Baillen, al regresar al hotel Ritz que era donde vivía en ese entonces; fatigada entró a la habitación y su rostro estaba pálido, se recostó en su cama y sin voltear a ver a su amiga solo dijo: “Mira, así es como se muere” y en un suspiro dejó este mundo inmortalizándose como la gran leyenda de la moda y la liberación femenina.

La fuente de la Poesía mística

Por Tendencias, Voces UNIVA Sin comentarios

Cristina González Martínez •Alumni de la Licenciatura en Filosofía UNIVA Online

 

El hombre de todos los tiempos ha tenido sed de trascendencia, no se resigna a ver circunscrita su existencia a un mundo con límites de espacio y tiempo, anhela algo más. Platón en su diálogo de Fedón, atribuye a Sócrates de manera magistral dicha aspiración, las tradiciones religiosas teístas abren horizontes al alma humana, horizontes que le permiten vislumbrar al final del camino un encuentro con Alguien más, es este el vértice en que aparece la mística como un deseo de conseguir el contacto, la unión del alma con la divinidad.

Este proceso místico en el cristianismo comprende el descubrimiento del Misterio de Cristo, que lo lleva paulatinamente y por etapas a un encuentro con Dios uno y trino, un recorrido por la vida del espíritu.

Leer las obras de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz es ya una tentativa en el camino de la vida espiritual, en virtud de que la forma de relatar su experiencia conduce a un mundo poco explorado y por muy pocos ensayado, descrito más que explicado por los poetas místicos, suele sembrar en sus lectores la inquietud por conocerlo y andarlo, también hace surgir la pregunta acerca de ¿quién escribe poesía mística?

Un hecho significativo respecto de la actualidad de esta literatura es que el siglo XX se consideró el mejor lector de la obra sanjuanista, se publicaron en ese tiempo el mayor número y los mejores estudios sobre el santo, dándole el título de poeta, pensador y teólogo contemporáneo, atravesando las fronteras del mundo cristiano. En ese mismo siglo, el 27 de septiembre de 1970 para ser exactos, Santa Teresa es proclamada Doctora de la Iglesia, ¿cuál es el contenido y la fuente de la poesía mística para superar el paso del tiempo y seguir respondiendo a las inquietudes más íntimas del espíritu humano?

A pesar del correr de los siglos, cinco ya desde el nacimiento de Teresa y unos años menos del de Juan, todos sus escritos conservan novedad en su contenido, la antropología teológica puede cambiar en la forma de expresarse, de estudiarse, de exponerse, pero no así en su esencia, el espíritu humano es uno y en cualquier época enfrenta un igual proceso: el conocimiento de sí mismo; la lucha contra los atractivos del mundo que le afectan en su desarrollo interior; el dominio de las pasiones y el cultivo de las virtudes; la identificación y combate del mal presente en forma expresa o velada en el demonio.

Para quienes buscan algo más, Dios les sale al encuentro en este punto y se inicia la interiorización que irá acompañada de una serie de exigencias y renuncias, empezando por dejar atrás el apego a los bienes materiales, sin que ello implique necesariamente el no poseerlos, se trata de estar desapegados, empleándolos justamente para avanzar en el camino, constituyéndolos en herramientas para amar a Dios en el prójimo, dando así ese paso del despojo de la propia voluntad para fundirse en la divina. Teresa de Ávila en su obra Castillo interior o Las Moradas, emplea el signo del gusano de seda para mostrar plásticamente la transformación del hombre viejo en el hombre nuevo que vuela hacia el objeto de todos sus anhelos, hasta alcanzar esa morada de la más absoluta intimidad del alma, en la que habita la Hermosura tan antigua y tan nueva de que hablaba San Agustín cuando se lamentaba de haberla buscado fuera, estando tan dentro.

San Juan de la Cruz plastifica el camino en su famoso dibujo del Monte Carmelo, que culmina en la cúspide con aquella famosa frase: nada quiero, nada pido, nada espero, en el Monte sólo mora la gloria y honra de Dios, que a través de sus ricos y profundos escritos va explicitando, muchos de los cuales son verdaderos poemas de amor.

En la tradición cristiana, la ascesis forma parte del proceso místico sólo en cuanto a la respuesta que se da a la iniciativa del Absoluto, de Dios, que llama al alma a un encuentro personal, una auténtica alteridad, es la relación del espíritu humano con el Otro totalmente diferente, único y necesario. Es este el punto en el que se inicia justamente el camino hacia la unión mística que refieren los dos autores, la persona empieza a andar un camino por el cual se aparta de la conducta ajena al querer de Dios, en la medida que va avanzando entra en un espacio en el cual empieza a comprender y creer gracias a las luces recibidas, que le van permitiendo ver con los ojos del alma, que no con los de los sentidos, las realidades sobrenaturales, hasta llegar al punto de unión en el que se da la total quietud del espíritu que es tomado por Dios para Sí, en una experiencia mística inenarrable, que los autores describen a base de analogías.

Los poemas de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz son verdaderos diálogos entre Dios y el alma enamorada, los cuales han sido el fruto maduro de una muy intensa y profunda vida de oración, he ahí la fuente de la poesía mística, es el alma orante la que escribe, la que exhala anhelos de amor eterno.

 

 

Comparto con nuestro lector, algunos textos de consulta:

  • Garrigou-Lagrange, R. (1985). Las tres edades de la vida interior. (5ª edición). Madrid: Ediciones Palabra.
  • Gómez Rincón, C.M. (2015), Experiencia mística, lenguaje y conocimiento. Editorial Universidad del Rosario.
  • San Juan de la Cruz. (1988). Obras completas. Madrid: Editorial de Espirtiualidad.
  • Santa Teresa de Jesús. (S/F). Obras completas. Madrid: M. Aguilar, Editor.
  • Tanquerey, Ad. (1990). Compendio de Teología Ascética y Mística. Madrid: Ediciones Palabra.

Etapas del proceso místico o Edades de la vida interior

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Cristina González Martínez • Alumni de la Licenciatura en Filosofía UNIVA Online

 

El proceso místico en la tradición cristiana es el encuentro del hombre con el Misterio de Cristo, que lo lleva paulatinamente y por etapas a un encuentro con Dios uno y trino. A lo largo de la historia se le ha denominado a cada una de estas etapas con diversos adjetivos: Purgativa o de los principiantes, Iluminativa o de los adelantados / proficientes y Unitiva o de los perfectos. Sin atentar contra la unidad de la ciencia teológica, el tema del proceso místico se estudia desde la Teología ascética y mística, también conocida como ciencia de los santos, quienes la vivieron más de lo que la enseñaron. Se le ha llamado asimismo ciencia espiritual, en virtud de formar gente de espíritu, personas animadas del espíritu de Dios; se le ha nombrado arte de la perfección, puesto que su fin último es conducir las almas a la perfección cristiana. Los místicos de diversas tradiciones han denominado este proceso como el estar en contacto con la realidad suprema, con lo absoluto e incondicionado, aquel ente único y necesario del que hablan las vías de Santo Tomás. No obstante lo anterior, existe la postura de las religiones no teístas que tratan la experiencia mística como sólo y únicamente una experiencia contemplativa, en virtud de no concebirla como el encuentro con un otro personal, sino como un vaciamiento interior, un vaciamiento de la propia conciencia.

En el texto de Gómez Rincón se hace una acuciosa reflexión sobre las diferentes expresiones de la experiencia mística de acuerdo con las tradiciones religiosas, sean estas teístas o no teístas, en virtud de que los místicos de ambas tradiciones hablan de la inefabilidad de lo vivido, experimentado, que es además indescriptible, lo cual se constituye como un reto al valor cognitivo de la dicha experiencia, así mismo presenta la necesidad de determinar el lugar de los conceptos que para expresarla e interpretarla son empleados, en virtud de que hay autores que aseguran que la experiencia es estructurada por el esquema de conceptos propios de la tradición del místico, lo cual correspondería de manera perfecta con las tradiciones no teístas, hecho contrario serían las tradiciones teístas, y es así como llegamos al punto central de la diferencia: la alteridad.

En las tradiciones no teístas la experiencia mística viene a constituirse como un trabajo ascético de contemplación que la persona va realizando a base de un continuo ejercicio físico/mental/espiritual, en el que no existe alteridad alguna; por el contrario, en las tradiciones teístas, como el cristianismo por ejemplo, la ascesis forma parte del proceso místico sólo en cuanto a la respuesta que se da a la iniciativa del Absoluto, de Dios, que llama al alma a un encuentro personal, a una auténtica alteridad, que representa la relación del espíritu humano con el Otro totalmente diferente, único y necesario.

Es este el punto en el que se inicia justamente el camino hacia la unión mística que refieren autores como McLean en Hacia la unión mística, Comentario al Castillo Interior de Santa Teresa de Ávila, donde la persona empieza a andar el camino purgativo, deja, se aparta de la conducta ajena al querer de Dios, en la medida que va avanzando entra en el camino de los adelantados o vía iluminativa, en la que empieza a comprender y creer gracias a esas luces, de ahí el término iluminativa, que le van permitiendo ver con los ojos del alma, que no con los de los sentidos, las realidades sobrenaturales hasta llegar a la etapa unitiva en la que se da la total quietud del espíritu que es tomado por Dios para Sí, en una experiencia mística inenarrable, que los autores describen a base de analogías.

En Santa Teresa de Ávila y en San Juan de la Cruz se encuentra expresada claramente la alteridad del misticismo cristiano, sus poemas son verdaderos diálogos entre Dios y el alma enamorada.

Búscate en Mí

Y si acaso no supieres

Dónde me hallarás a Mí,

No andes de aquí para allí,

Sino, si hallarme quisieres

A Mí, buscarme has en ti

Santa Teresa de Jesús

 

Cántico espiritual

 

¿Adónde te escondiste,

Amado, y me dejaste con gemido?

Como el ciervo huiste,

habiéndome herido;

salí tras ti clamando, y eras ido.

San Juan de la Cruz

 

 

Para efectos de la poesía mística, es de suma importancia conocer la diferencia antes referida de la alteridad, en virtud de que toda experiencia de los místicos de cualquiera que sea la tradición religiosa, expresada poéticamente habrá de leerse desde su tradición concreta, con objeto de ser debidamente valorada y, más aún, disfrutada.

Para quienes gusten profundizar un poco más en el tema, les dejo a continuación algunas referencias de los textos consultados y en caso del deseo de explorar ese terreno sutil y atrayente del amor místico, sugiero la lectura de las Confesiones de San Agustín.

 

Textos de consulta:

 

Andrés, M. (1996). Los místicos de la Edad de Oro en España y América, Antología. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.

Garrigou-Lagrange, R. (1985). Las tres edades de la vida interior. (5ª edición). Madrid: Ediciones Palabra.

Gómez Rincón, C.M. (2015), Experiencia mística, lenguaje y conocimiento. Editorial Universidad del Rosario.

Tanquerey, Ad. (1990). Compendio de Teología Ascética y Mística. Madrid: Ediciones Palabra.

 

Crónica: Alfred Hitchcock

Por Tendencias, Voces UNIVA Sin comentarios

Mtro. J. Daniel Meza Real • Coordinación de Calidad Académica del Sistema UNIVA

 

«Un buen drama es como la vida, pero sin las partes aburridas».

Era una noche helada de noviembre de 1904, la comisaría central se mantenía bajo una luz tenue ante la poca actividad en la ciudad; hacía tanto frío en Leytonstone, Inglaterra, que hasta los más peligrosos asesinos y ladrones preferían buscar el calor en los rincones más acogedores de su hogar. El comisario sostenía frente a sus ojos el periódico del día y lo observaba sin leerlo realmente, aburrido solo pensaba en como se le iba la vida de las manos.

En ese momento las puertas se abrieron de par en par, pero esto no lo sorprendió tanto como ver en la entrada la figura casi tenebrosa de un niño de proporciones bastante robustas, que sostenía una carta en sus manos con una expresión fúnebre.

La carta era del padre del niño, después de leerla, sonrió con cierta complicidad, se levantó lo tomó de la mano y lo dirigió al fondo de una de las celdas. Al cerrar la puerta lo miró con una expresión fría como el acero que lo encerraba y le dijo: “Alfred, esto es lo que pasa con los niños malos”.

Alfred Hitchcock, nació de una familia inglesa de clase media, tenía dos hermanos William y Ellen Kathleen; era hijo de William Hitchcock y Emma Jane Wehlan quienes eran dueños de una tienda de comestibles. Aunque no gozaban de ser una familia rica, realmente tenían una gran estabilidad económica y aún más importante, conocieron a través de una educación estricta y disciplinada el verdadero valor del trabajo, cosa que marcó la vida del cineasta hasta el último momento.

Aunado a una estricta educación católica en casa, Alfred fue internado en el Colegio San Ignacio, fundado por los Jesuitas en 1894 y conocido, principalmente, por su rigor, su disciplina y un fuerte sentido católico.

Hitchcock siempre fue un alumno ejemplar. Sin embargo, en esa mirada inocente se escondía un hombre marcado por el sentido de culpa que se le daba cucharada a cucharada desde casa y a lo largo de su estricta educación. En el último año de estudios, el niño inocente, de facciones que causaban ternura, se convirtió en la pesadilla de los profesores y alumnos debido a las incontables bromas pesadas que propinaba a los que lo rodeaban. Fue reprendido severamente pero algunas cuantas decenas de azotes, no iban a borrar ese nuevo sentimiento de placer que le producía crearle sólo unos cuantos minutos de angustia a alguien.

En 1913 Alfred dejó el colegio para desarrollar su futuro profesional. Comenzó sus estudios como ingeniero en la School of Engineering and Navigation y al mismo tiempo tomaba cursos de dibujo en la Sección de Bellas Artes de la Universidad de Londres. Todo ese tiempo y trabajo no valían absolutamente nada para él, si no disfrutaba al final de la semana de una actividad lúdica que recién tomaba fuerza en Londres: el cine.

En el año de 1914 estalló la Primera Guerra Mundial pero esto no fue tan duro para el adolescente Alfred como perder a su padre a pocos días de navidad; sus hermanos ya vivían fuera de su casa por lo que se quedó solo con su madre. Aquellos dramas con historias trágicas que tanto le gustaba ver en la pantalla grande, se hicieron realidad.

Después de tomar la decisión de emigrar con su madre a su ciudad natal, comenzó a trabajar en una compañía de telégrafos revisando los voltajes de los cables eléctricos. En menos de seis meses fue más que claro que aborrecía su trabajo, por lo que pidió un cambio al área de publicidad de la misma empresa, los directivos no pudieron negarle el cambio a uno de sus trabajadores más productivos y dedicados.

Unos cuantos años más tarde, una compañía estadounidense de cine se instaló en Londres. Una mañana en uno de los foros, uno de los productores directivos se encontraba desesperado por el trabajo que se hacía en ese momento con la escenografía, gritaba a sus empleados y mientras se rascaba la cabeza no dejaba de preguntarse en qué rayos estaba pensando al dejar Los Ángeles.

De repente, una luz iluminó el lugar… el productor giró la cabeza enfurecido y gritó: -¿Quién abrió la puerta?-  Se topó frente a frente con un hombre robusto de mirada inocente pero profunda que lo miraba con una expresión casi terrorífica mientras sostenía una pila de papeles en sus manos.

-Hola, me llamo Alfred, vi en ésta revista que están solicitando gente. Traje unos cuantos bocetos para escenografía-.

Ese momento fue decisivo para el resto de su vida, pero no sólo porque lo contrataron inmediatamente; mientras hablaba con el productor, su atención comenzó a dispersarse hacia una chica que se movía en el plato con una naturalidad tal, que parecía haber trabajado ahí por años. Era nada más y nada menos que Alma Reville, en ese tiempo editora de la compañía y en un futuro, la persona más importante en la vida de Alfred Hitchcock.

El orgullo y la timidez de Alfred Hitchcock, simplemente no le permitían siquiera acercarse a la joven muchacha, ya que, al ser más que un asistente de escenografía, no se creía lo suficientemente importante para estar con ella. Esta determinación, lo llevó a codirigir su primera película solo 3 años después.

Desde ese momento, nunca dejaron de trabajar juntos. En 1927, un año después de haberse casado, celebraron el estreno de sus tres primeras películas (aún mudas): El jardín de la alegría; El águila de la montaña y El enemigo de las rubias.

Aunque fueron bien recibidas por la crítica y el público, no fue hasta “The ring”, una película con guion  original de Hitchcock, que saltó a la fama en todo Inglaterra. La gente comenzaba a preguntarse quién era ese tal Alfred Hitchcock, conocían su nombre y sus películas pero no a él.

Quizá esa gente era poco observadora porque desde esas primeras películas, bastaba poner un poco de atención para verlo aparecer como extra en alguna de las escenas; el gran Hitchcock, patentó una nueva manera de firmar sus películas.

Su fama en Inglaterra siguió acrecentándose, filmó unas cuantas películas aun mudas y posteriormente, en 1928 se estrenó la primera película sonora del director: La muchacha de Londres, una película basada en una obra teatral que estaba teniendo bastante éxito en aquella época.

En 1933, Hitchcock y su mujer decidieron comenzar a trabajar con Michel Bacon, quien fundó la productora Gaoumont-British. Es en ese momento en que oficialmente inicia la gran época del cine del gran Alfred Hitchcock. Una época dorada que fue tan grande como su propio matrimonio y en la que el director le cumplió al cine los mismos votos maritales; hasta que la muerte nos separe.

Este nuevo comienzo inicia con la película que lo definió como el Gran Maestro del cine de suspenso, El hombre que sabía demasiado, un filme que fue elegido como película del año en 1934. A éste éxito siguieron muchos más como 39 escalones (1935), Agente secreto (1936) y Sabotaje (1936), películas que pueden considerarse clásicos en la historia del cine.

Alfred sentado en las filas posteriores de las salas de cine, disfrutaba de una manera casi sádica y tal y como lo hacía con sus frecuentes bromas pesadas, de qué manera la gente se llenaba de una tensión psicológica que los mantenía con el alma en un hilo, sin saber que era lo que iba a suceder. Esto con personajes que gozaban de una profundidad psicológica impresionante; también con un montaje de imágenes que aunque parecían inocentes a simple vista, se incrustaban poderosamente en el inconsciente de las personas, creando una tensión que lo convirtió en el más grande exponente del género del thriller.

Una mañana de marzo de 1938, Alfred se encontraba en un modesto restaurante de Los Ángeles que tenía la vista perfecta del gran letrero de Hollywood, su atención no se dirigía más que a los huevos revueltos con tocino que tenía frente a él y que comía con una calma y concentración que cualquiera que lo viera no tardaría en pedir el mismo platillo. Frente a él estaba sólo David O. Selznick, el gran productor norteamericano, solamente con un café y un par de pastelillos.

-Entonces ¿qué dices Alfred?

-Lo voy a pensar, pero ahora déjame terminar mi desayuno

Un año después y a pocos meses de que estallara la Segunda Guerra Mundial, Alfred Hitchcock, su mujer, su hija y su secretaria personal, llegaban a Nueva York para iniciar su propio sueño americano, el cual comenzó modestamente con un contrato para filmar dos películas al año.

La primera fue Rebeca, uno de sus filmes más conocidos que le otorgó a Joan Fontaine un Premio Óscar como mejor actriz.

A partir de este momento los éxitos cinematográficos llegaron uno tras otro sin interrupción. La carga de trabajo era intensa, al igual que la fama y el dinero. La gente más allá de enfadarse de ver estas películas de suspenso que parecieran cumplir con una misma fórmula narrativa, realmente nunca sabían que iban a encontrar en ellas.

Hitchcock se empeñó a no estancarse en los métodos más comunes para vender sus películas, al contrario, en cada filme incorporó nuevas técnicas, nuevos descubrimientos y trucos que marcaron la escuela y la historia del cine.

Prueba de esto fue La soga, una película que nadie esperaba, no sólo porque fue su primer trabajo a color, sino porque al contrario de las otras en las que su sello característico era el montaje de imágenes y el constante juego con los cortes, en éste filme se grabaron escenas continuas de más de 10 minutos, que era lo que duraba cada rollo completo de cinta de celulosa.

Es decir, que lo que vieron miles y millones de personas en las salas del cine no fue una película, sino una escena que duraba más de una hora sin un solo corte. Todo esto sin dejar de lado la historia en la que Hitchcock llegaba a lo más bajo de la psicología humana, tocando miedos, frustraciones e incluso perversiones.

Alfred Hitchcock estaba en la cima de su carrera, no había una persona en todo Norte América que no lo reconociera por sus películas y por si esto fuera poco, decidió llegar aún más profundo y entrar a los hogares de la gente. En 1955, firmó un contrato con la productora de televisión CBS para realizar una serie semanal de media hora de duración titulada Alfred Hitchcock presenta, que de 1960 a 1965 se siguió realizando para la NBC.

Mientras la gente parecía estar más acostumbrada a verlo en televisión que en las salas de cine, a tal grado que comenzó a bajar la taquilla de sus películas; lanza Psicosis su más grande y polémico éxito. Una película que trataba por primera vez en la historia el género del suspense psiquiátrico, o Thriller psicológico. El rodaje fue uno de los más caros en la carrera de Hitchcock pero la recaudación fue tan grande que pudo comprar las suficientes acciones de Universal Studios, como para convertirse en uno de sus tres principales accionistas mayoritarios.

Sus siguientes películas no tuvieron el mismo éxito. Sin embargo, sí el descubrimiento de una musa que seguía perfectamente con el prototipo de mujer usado por Hitchcock en sus películas: rubias, delgadas, dulces, bellas, delicadas, angelicales y finas. Tippi Hedren se convirtió en la actriz del director por excelencia.

Con ella realizó películas como Los pájaros  y Marnie, la ladrona, que enamoraron al público y a la crítica; esta relación duró poco ante una obsesión y perfeccionismo de Alfred que la llevo al borde del colapso nervioso. Tal es el caso de Los pájaros , en la que durante el rodaje el director solicitó que se le lanzaran aves al rostro constantemente y así lograr una reacción real en la actriz. Ella terminó por rechazar a Hitchcock y tras una discusión en la que Tippi culminó por hacer alusión a la complexión física del director, no volvieron a dirigirse la palabra.

El cine de Alfred Hitchcock parecía invensible, pese a ello, su salud y la de su esposa se deterioraban cada vez más. Durante un viaje a Europa, motivo del rodaje de Frenesi, Alma sufrió un ataque de apoplejía que le afectó gravemente el habla. Con el terror a la idea de perder a su eterna compañera, esposa y amante, Alfred cayó en el alcoholismo y se sumió en una depresión que era acompañada por su marcada artritis y sus problemas del corazón.

Aquel hombre simpático, bromista que saltaba a lo largo y ancho del plato de grabación, ahora le costaba trabajo solo mantenerse de pie por periodos prolongados de tiempo.

Una tarde de octubre de 1975, Alfred regresó a casa, cansado y dispuesto a embriagarse hasta quedarse dormido; cada día era más notorio su hastío y su depresión. Mientras se servía la primera copa que le haría olvidarse de sus horribles dolores de rodilla, vio salir a Alma de la habitación, su rostro estaba lleno de color y tenía una sonrisa que fue tan poderosa que hizo levantarse a su marido sin mostrar el mínimo dolor. Se acercó a ella, la abrazó y después de un tierno beso en la frente le dijo: -Podemos hacer otra, vale la pena vivir -.

El siguiente año se estrenó La trama, la última película hecha por el gran Alfred Hitchcock. La mañana del 29 de abril de 1980, Alma ya no tenía color en su rostro y su sonrisa se había  desvanecido. El amor de su corazón, su compañero, su colega, su esposo, murió y al igual que en sus películas; su vida quedo en suspenso solo durante los dos años siguientes que pudo soportar la soledad, hasta reencontrarse con él en una nueva película sin fin.

Si fuera mi caso

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Judith Jiménez López • Alumni de la Licenciatura en Nutrición UNIVA Guadalajara

 

—Tengo un agujero— me dijo

—Y cuando lo siento me asfixia, me consume. No quiero sentirlo, pero llega.

—Necesito llenarlo con algo. Comienzo buscando aquello que logre sacarme del espacio en el que me encuentro. Como.

—Siento ansiedad. Hice un test sobre eso y ya sé cómo se llama.

—He hecho tanto, he logrado estar en el peso que me gusta, pero hoy estoy pasada del ideal…

—Estoy gordita. Siempre he pensado que no quiero que esto ocupe demasiado espacio de mi mente, debe haber otras cosas.

 

Fue una pequeña pero profunda conversación.

La comparto para que podamos comprender que antes de un peso, de una talla, de un estereotipo hay un ser humano sensible, con una historia, experiencias y vida única; y nos la entrega para ser validada, escuchada, vista. Para cuidarla con profundo respeto.

No soy partidaria de pasar por las tablas de peso ideal a nadie. Ni siquiera a mí misma, que tengo algunos ayeres de vivir la nutrición.

Y no es que en algún momento de mi ejercicio profesional no me haya obsesionado con la locura del peso perfecto, de la cintura de muñeca o la musculatura de hierro. Es un bombardeo masivo y constante. Todos caemos en el pensamiento de “inaceptable”, “inadecuado”.

Pero es necesario conectar con algo más que solo el físico cuando nos encontramos con los otros, con nosotros mismos. Es básico comenzar a entrenar el corazón para que nuestra respuesta vaya más allá de contar las calorías que consume el paciente y recomendarle comer menos. Seguro eso ya lo intentó. Necesitamos sensibilizarnos ante la idea de que ya pasó muchas otras cosas. Que no viene a la consulta para ser juzgada o juzgado o para ser utilizado como promoción si logra sus metas, estas no son para presumirlas en redes como si fueran nuestras. Hemos llegado al punto de usarnos unos a otros como ejemplo de eficacia.

Reducimos nuestras capacidades como profesionista en la salud, a la cantidad de kilos bajados. Es triste escuchar tanto de pacientes, como de “profesionales”, algunas ofertas en redes como: ¡Pierde 10 kilos en una semana! Cuando científicamente, es riesgosa una reducción tan drástica; es un foco rojo de alerta, no de oferta.

Con regularidad necesitaremos entender que esto es a lo que estamos acostumbrados. A publicidad sensacionalista. A milagros en tabletas, jugos de mezclas raras y cremas reductivas.

No es ético, pero todos lo hacen. Me dijo una persona. Otra me contó que su nutrióloga  le dijo que ya no la vería más porque le hacía mala promoción, porque no lograba bajar los kilos de la lista que le mostró el primer día. ¿En qué momento convertimos a las personas en tarjeta de presentación? Cuando hacemos eso reducimos la ciencia a cenizas, y no solo eso… nos deshumanizamos.

Qué sucede cuando te preguntan: ¿El doctor es bueno?

¿En qué basas tu recomendación?

Cuando hablamos del ejercicio del profesional de la nutrición, no mencionamos: “Ahora tomo más agua, dejé de comprar basura en el supermercado, mis hijos están comiendo más sano, a mi hija se le regularizó la regla, duermo mejor, mi esposo está feliz hemos ahorrado en la despensa, comemos más natural y en lo que cabe recién hecho. Ya no tengo dolores de cabeza, mi colesterol está estable.” O el aprendizaje… “Para mi edad necesito estar al pendiente del calcio, del hierro, del magnesio; por fin logré que mis nietos dejaran el refresco y ahora tienen vitamina C del agua de guayaba, entendí a que se debía que mi glucosa no bajara, mi hija embarazada toma ácido fólico” etcétera…

Cambios aparentemente muy simples y que no se reflejan en kilos directamente. Pero que son logros verdaderos, maravillosos y que hablan de compartir, de crecer, de trascender. Importantes para aquellos que son beneficiados con el conocimiento y las nuevas prácticas.

Entendamos que el paciente no es el malo de la película, la comida no es la mala de la película, el profesional de la salud no es el malo de la película. Por raro que parezca en esta historia no hay malos. No hay nadie en contra de nadie. Hay solo una enorme necesidad de crear conciencia y responsabilidad. Hay buscadores de respuestas. Hay personas frente a personas.

Saben… una serie de recomendaciones pueden ser un buen inicio, pueden engancharnos, pero a veces necesitamos la voz que nos acompaña en el proceso del cambio, alguien que despierte nuestra capacidad auto-reguladora. Un viajero, un observador, un igual con otros ojos que pueda brindarnos una perspectiva distinta.

Trabajamos con material sensible. Trabajamos con seres complejos. Eso somos.

Pareciera que no nos hemos dado cuenta o se nos olvida que hemos vivido momentos donde estamos vulnerables, donde necesitamos al otro, urgentemente.

No limitemos nuestras capacidades a una báscula y a una cinta. No es lo único que la nutrición hace, aunque se haya tratado de reducir a eso.

A veinte años de ser egresada, sigo creyendo que hay mucha nutrición y para rato. Creo en la naturaleza, en las bondades de los alimentos que no son solo material que engorda o no engorda.

Nuestras capacidades pueden no ser totales, ningún profesional lo sabe todo. Por suerte.

Pero cuantas veces hemos cambiado a un “buen” dentista porque ni siquiera se aprendía nuestro nombre.

Por supuesto que en emergencias nadie hace amigos. Pero cuando nos volvemos a ver en la consulta o los pasillos esperamos algo más que un número en un expediente y una lista de desperfectos a corregir. ¿No es cierto?

Buscamos una mirada humana. Una que nos diga: —Aquí estoy, podemos hacer esto… te escucho, ¿cómo te sientes?

Esperamos poder confiar nuestra salud a este ser humano al que ayer no conocíamos. Y en ello no hay número de seguidores.

Es importante que dejemos de promover resultados ambiguos. Si trabajamos en la salud, pues promovamos eso como número uno. Conozco historias de logros hechos a base de dolor, de ataque emocional y hondas cicatrices. De la destrucción de la identidad y la salud en busca de la satisfacción del cliente o del profesional.

Algunas veces nos tocará decir no, no es sano, vamos por este otro camino. Esto puede traerte repercusiones. Nos tocará quedarnos sin un paciente o varios. Eso pasa.

Pero esta no es una competencia entre profesionales por el número de clientes, no sé en qué momento pensamos que lo era. Es una mejora personal para ampliar las herramientas al servicio de otro ser humano. Tal y como si fuera para nosotros mismos.

En la voz de una maestra: “A veces en la consulta solo se trata de mirar y acompañar. Puede que presencies el milagro, el momento en el que el otro se encuentra con el impulso del cambio. Lo acompañas a abandonar viejas formas, estás ahí para atestiguarlo”.

Mientras escribo y releo el artículo, mi hija me pasa un papelito con una frase que les comparto: “No importa la talla, sino cómo se siente tu corazón”.

Crónica: Alejandro Gónzalez Iñárritu

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Mtro. J. Daniel Meza Real • Coordinación de Calidad Académica del Sistema UNIVA

 

Nueva York puede ser una ciudad calurosa, estresante e incluso intimidante, sus calles se mueven como una maquinaria sin fin, desde la altura de sus más grandes construcciones se observa como un enorme hormiguero donde no importa si es de día o de noche, nunca tendrá tranquilidad.

En lo profundo de un teatro de Broadway un actor rodeado de decenas de personas moviéndose al ritmo de la ciudad, reflexiona sobre el libreto que tiene en las manos, las luces están listas, los ingenieros de audio hacen las últimas pruebas y los camarógrafos dan los últimos toques a la fotografía mientras reciben instrucciones del gran Lubezki. El actor sigue reflexivo, observa la ventana, no sabe si lo que tiene en sus manos es ficción o una autobiografía. Alejandro se acercó a él y con un ligero toque en su espalda le preguntó -¿quieres que nos tomemos unos cuantos minutos?-. A lo que Keaton sólo asintió con una sonrisa.

“Muchachos, tomaremos un descanso de 5 minutos”.

Alejandro decidió que también necesitaba distraerse un poco, llevaban casi una semana de rodaje continuo y sentía que divagaba demasiado en sus pensamientos. No podía creer que estaba ahí, de nuevo filmando, sabía en su interior que esta sería su gran oportunidad, tenía que serlo, estaba a punto de cumplir 50 y no podía dejar pasar un minuto más, pero llegar a la cima sólo lo hizo pensar en el camino recorrido.

Mientras caminaba hacia el área de catering con la intención de disfrutar unos momentos a solas con un café y una dona, llamó su atención un joven asistente, tendría cerca de 17 años, su energía y entusiasmo lo delataba, a pesar de estar en el descanso, se escabullía ágilmente entre las grandes cajas de equipo de grabación para alcanzar un par de cables. La escena inmediatamente hizo viajar al director en el tiempo, 33 años para ser específicos…

Las cajas de equipo electrónico, demasiado grandes para subir a un avión hacían que el joven Alejandro pasara desapercibido mientras se escabullía en el barco carguero que iba con rumbo a España. El joven lleno de energía había terminado la preparatoria con éxito en la Ciudad de México, lugar donde nació y vivió durante sus 17 años de vida. Aún no estaba listo para enfrentarse a la vida y la aventura de llegar a Europa de contrabando en un barco resultaba ser el sueño de cualquier adolescente.

Su aventura de 6 meses se alargó durante 3 años y lo que vio en las calles de Europa y las comunidades de África, quedo guardado en su mente y se plasmó como a cuentagotas en cada uno de los trabajos que lo convertirían en uno de los más grandes del cine. Ahora estaba listo para regresar a su país.

De regreso a los pasillos del teatro de Broadway, el director seguía su camino hacia la mesa de bocadillos, que aunque no estaba tan lejos, parecía que nunca lograría llegar, ya que se cruzó con otro asistente que lo detuvo enérgicamente, como si llevara tiempo tratando de hablar con él. El joven de mediana edad le entregó un CD en una caja de plástico:

– Aquí está la música que pidió- dijo el joven esperando atento a la reacción de su jefe.

– ¿Cómo le hiciste? Eso estuvo muy rápido- respondió Alejandro con una sonrisa que pudo haber sido de acusación o complicidad.

-Aquí en Nueva York hay una gran variedad de estaciones de radio y pues, sólo fue cuestión de poner un poco de atención a los locutores-.

Alejandro asintió satisfactoriamente, reacción que el joven interpretó como una despedida. Iñárritu se quedó viendo el disco y automáticamente se volvió a transportar al mundo de sus recuerdos.

El joven y enérgico Alejandro sostenía un disco en sus manos, era de los primeros que se veían en el mercado, cada día se desplazaban más y más a los casetes. Estaba a unos segundos de regresar del corte comercial y del otro lado de la cabina le hacían señales de que se preparara, habían pasado 4 años después de haber terminado la carrera de comunicación en la Universidad Iberoamericana y aunque su paga no era del todo buena, él entendía que apenas comenzaba su vida profesional, a diferencia de otros, aún siendo recién egresado, contaba ya con su propio programa de música en la WFM y era un trabajo que disfrutaba profundamente, qué más podía pedir si le pagaban por escuchar y programar música.

Pero aunque su contrato sólo le demandaba programar las canciones de la estación y hacer algunas intervenciones entre los cortes, su nata habilidad creativa lo llevó a hacer mucho más. Al regresar de los cortes comerciales, presentaba la música a través de narraciones que él mismo creaba. Esto no fue en vano, tres años después fue nombrado director de la estación sin mencionar que durante los 5 años posteriores se dedicó a entrevistar a estrellas mundiales del rock. Dentro de su trabajo, la música lo llevó a conocer un mundo que él albergaba en su corazón, pero que no había conocido personalmente. El en ese momento DJ de radio, compuso la música para seis películas mexicanas. Su carrera en ese instante comenzaría una gran trasformación.

Alejandro seguía caminando por los pasillos del teatro, cada paso que daba podía sentir más cerca el olor del café y las donas, era la única sensación que lo traía de vuelta al mundo real.

–Alejandro, llegó una notificación de los dueños del teatro-. Le dijo un hombre que por la manera de dirigirse al director se notaba era de su más íntima confianza. –Nos dicen que ya tiene fechas apartadas para algunas obras que no puede cancelar y que quiere que desalojemos en máximo una semana más–. El director observó detenidamente el documento como si lo leyera, aunque realmente pensaba solo en como resolver el problema.

–Es que ya tenemos más de 4 meses usando el lugar… déjame hablar con él, gracias. – Dijo Iñárritu mientras le daba una palmada en el hombro a su comensal, quién respondió con una sonrisa burlona. –Era más fácil cuando hacíamos comerciales, ¿no? –.

El comentario tocó una fibra sensible del director y solo asintió sonriendo mientras, quizá por el hambre, quizá por el ambiente tan reflexivo, comenzó a volar de nuevo en el pasado.

Era la primavera de 1990, en las calles de la Ciudad de México se sentía un calor fatigante, pero Alejandro tenía la piel erizada como si un aire frío tocara suavemente su piel, quizá era solo el frigorífico que mantenía la oficina del gran Azcárraga a una temperatura agradable; leía lentamente cada una de las cláusulas del contrato que tenía en sus manos, él conocía de antemano lo que decía, pero no podía dejar de pensar en las palabras de sus amigos “lee cada palabra, no te vayan a hacer buey”. Al llegar a la última página bajó lentamente el documento, mostró una sonrisa de satisfacción y firmó para convertirse en el creador de la campaña publicitaria de la televisora más importante de México.

Un año bastó para que Alejandro González tuviera lo suficiente para fundar su propia casa productora: Zeta Films.

El camino que iba a seguir estaba cada vez mejor trazado, aquel muchacho que se había ido a viajar a Europa sin saber que quería hacer de su vida, ahora había encontrado su verdadera vocación, un lienzo en blanco en el que plasmaría su gran genio y talento.

Era hora de dar el último paso de preparación para el éxito. En 1992 viajó a Estados Unidos a conocer un nuevo mundo, a tener un punto de comparación con el propio. Estudió cinematografía en Maine, bajo la supervisión del aclamado director Ludwik Margules y en Los Ángeles con Judith Weston. Y más allá de lo que aprendió en el aula de clases, vio una realidad que lo convirtió en exiliado voluntario, en el inmigrante conquistador.

De regreso en México, ya como un cineasta preparado, realizó uno de sus últimos trabajos con la televisora en un cortometraje llamado “detrás del dinero” en el que participaba Miguel Bosé y Damian Alcázar. Mientras tanto “El negro” Iñárritu conoció a un gran amigo y socio con el que cambiaron el mundo del cine, se complementaron el uno al otro en un estilo naciente de las películas no lineales; Guillermo Arriaga.

Juntos crearon alrededor de 11 cortometrajes donde reflejaban las contradicciones sociales del Distrito Federal. Después de 3 años y tres decenas de borradores, decidieron unir de una manera nunca antes vista a 3 de estas historias que a simple vista parecían no tener relación alguna, fue así como nació Amores Perros y también un nuevo estilo de narración que marcó el mundo del cine y le dio una firma característica al nombre Alejandro González Iñárritu. Esta película fue multipremiada internacionalmente y nominada al Óscar en la categoría de Mejor Película Extranjera.

Este fue el salto hacía las ligas mayores y el comienzo de una trilogía de fama mundial que marcó la época Arriaga-Iñárritu en la que estos dos cineastas, uno guionista y el otro director, respectivamente; filmaron siguiendo la misma estructura no lineal, contando 3 historias distintas que se entrelazaban a través de un acontecimiento específico.

Las nominaciones y los premios no dejaban de llegar y Alejandro dirigía a actores como Sean Penn, Brad Pitt y Kate Blanchet. Sin embargo, todo ciclo tiene un principio y un fin. Después de la última nominación a Mejor Película Extranjera, gracias a Babel, Guillermo Arriaga decidió romper la relación con el director, tal parecía que el sello de la pareja llegaba a su fin dejando atrás solo una trilogía.

La siguiente película Biutiful, una co-producción con España sorpresivamente, fue casi completamente lineal, ya no se mostraba el rompecabezas al que Alejandro tenía acostumbrados a sus espectadores, sin embargo, seguía siendo cíclica en la que el principio era al mismo tiempo el final de la historia. De nuevo y como de costumbre en un genio del cine, la película fue multipremiada en los festivales más importantes del mundo.

Pese a ello, aún quedaba una pequeña piedra en el zapato, era hermoso ser nominado al Óscar, pero la categoría “Película Extranjera” parecía no ser suficiente para un genio internacional. Años y años fuera de casa hicieron que el director viera el mundo como una comunidad global donde no había locales ni extranjeros. Era momento de ser un conquistador, ya lo había hecho un año atrás su amigo y socio Cuarón con una película que estaba literalmente fuera de este mundo. Muchos lo vieron como una excepción, pero él estaba determinado a demostrar que era regla y que el talento existe y no respeta nacionalidad.

De nuevo en el teatro, Alejandro estaba por fin frente al café y las donas, se servía y antes de dar el primer sorbo suspiró aliviado, había llegado lejos y ahora no iba a detenerse en el pasado. En ese momento su introspección se quebró con la llegada de su compañero Lubezki que agitaba un sobre de un sustituto de azúcar y lo vaciaba sobre un vaso de unicel. El director miró a los ojos a su fotógrafo mientras tomaba de su vaso; al sentir la mirada penetrante “El Chivo” volteó y sin decir nada, esperó cualquier cosa que Iñárritu tuviera que decir.

-¿Cómo ves todo?- preguntó Alejandro dejando entre líneas otra pregunta que era ¿crees que nos llevemos el Óscar?

-Por experiencia sé cuándo una película tiene lo suficiente, esta vez te lo vas a llevar, estoy seguro.- Y como si lo que acababa de decir no tuviera mayor importancia, se dio la vuelta y se dirigió a la escena donde iban a rodar.

Alejandro dejó su vaso de café a la mitad sobre la mesa y gritó: “Muchachos, volvamos a trabajar”.

Antes de caminar hacía el plato de rodaje, se detuvo tomando del hombro a uno de los asistentes encargados y viéndolo fijamente a los ojos y le dijo:

–En un mes terminamos esta, ya hay que comenzar a trabajar en lo siguiente, ya sé que es muy pronto, pero ve consiguiendo el número de DiCaprio-.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La función social de la Internacionalización de la educación superior

Por Tendencias, Voces UNIVA Sin comentarios

Daniel Hurtado Yépiz • Coordinador de Vinculación Internacional UNIVA Guadalajara

 

La Internacionalización es un elemento clave en el quehacer social de toda institución de educación superior. Desde mejorar la calidad académica de la universidad, incidir en el incremento del desarrollo humano a través de la formación integral de los estudiantes, hasta contribuir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible para la Agenda 2030 de las Naciones Unidas. Son múltiples los espacios que pueden verse favorecidos a través de la dimensión internacional para el logro de sus objetivos. Sin embargo, los beneficios de un proceso de internacionalización no siempre son evidentes, por lo que resulta interesante poder ahondar en este tema con mayor profundidad. Esto es lo que nos trae a redactar este texto: poder comenzar una conversación con miras a ofrecer espacios dinámicos para el diálogo sobre el futuro de la internacionalización y su papel en la construcción de una sociedad más justa, incluyente y pacífica.

¿Qué es la Internacionalización? ¿Qué nos viene a la mente cuando escuchamos esta palabra que hasta a veces es difícil de pronunciar? ¿Intercambios? ¿Viajes? Y cuando creemos entender lo que este concepto significa, ¿realmente entendemos su esencia? Es fácil comprender por qué la Internacionalización no es un concepto sencillo de explicar. De hecho, me atrevería a decir que la Internacionalización es intencionadamente difícil de comprender. Con esto me refiero a que el impacto causado por una experiencia internacional no siempre es evidente. Por ejemplo, cuando un estudiante regresa de su intercambio académico puede compartir que conoció a personas de diferentes culturas, que visitó varios países, que se tomó fotos, videos…, pero lo más interesante comienza cuando relata aquellas situaciones que lo sacaron de su zona de confort, cuando se enfrentó a las diferencias culturales que pusieron a prueba sus habilidades de adaptación y resiliencia. Ese choque cultural que invita a la autorreflexión y al autoconocimiento, es decir, a aquellos procesos en los que se da cuenta de que existen diferentes formas de pensar, de enfrentar las dificultades, de vivir.

Estos procesos nunca terminan. Porque se puede conocer a una persona de cierta cultura, pero dentro de una cultura nacional, ya sea la mexicana, la alemana, la rusa o la brasileña, se encuentran aún más culturas con sus propias tradiciones y cosmovisiones, con sus propias valorizaciones de lo que es o no importante, además de las diferencias particulares de cada individuo. Son procesos que se mantienen constantes y que se aceleran y se incrementan con cada experiencia intercultural que se vive. Cada una de ellas aporta nuevas formas de entender el mundo, cómo es que cada sociedad se comporta y cómo se relacionan entre sí. De aquí es posible comprender la complejidad de nuestro entorno, de lo que nos hace diferentes, pero también de lo que nos une, de lo que tenemos en común: problemas, actitudes, motivaciones, sueños, anhelos.

Pero regresemos a las preguntas iniciales. ¿Qué es la Internacionalización? Como todo concepto con cierto grado de complejidad posee múltiples definiciones que intentan brindar una mejor comprensión tratando de abarcar sus diferentes características. Para el autor Óscar J. Comas Rodríguez (2019), la Internacionalización de la educación superior “… propone pensar en redes de conocimientos heterogéneos donde participen instituciones de todo el mundo, que permitan la certidumbre de una formación ampliada y como consecuencia el acceso exitoso al empleo de sus egresados, así como un reconocimiento y un fortalecimiento del trabajo docente. Si logramos esto, podemos frenar las imposiciones de la globalización y ver en las universidades la oportunidad de la transformación social”. ¿Pero cómo logramos esta transformación? ¿Cómo puede incidir una universidad en este proceso? Hay que recordar la herramienta más poderosa que tenemos: la enseñanza. Nuestra función central se encuentra en la formación de ciudadanos globales, de personas con una conciencia social sólida, personas preocupadas por los problemas del mundo, y capaces de proponer e implementar soluciones sostenibles.

También es necesario mencionar que, si se quiere lograr esta incidencia en los procesos de aprendizaje de los estudiantes, hay que mantener una atención lo más personalizada y especializada posible. No se trata de cantidad, sino de impacto. Se trata de la calidad con la que se asesora al estudiante y con la que se busca su participación en el escenario global. Los estudiantes deben de estar conscientes del propósito de su participación en una experiencia internacional. Deben estar conscientes de los beneficios que pueden obtener, y mantener una mente abierta y un espíritu humilde y de aprendizaje. Esto no significa que deba reemplazar su identidad, sino que pueda afianzar los aspectos que más le agradan de la misma y renovar aquellos aspectos que considere necesarios de moldear. El pensamiento analítico y la innovación, la capacidad para resolver problemas complejos y el liderazgo y el desempeño social son solo algunas de las habilidades más importantes para el año 2025 según el Foro Económico Mundial (2020), y para esto las universidades tienen un papel muy importante para desempeñar.

Una universidad es un centro de conocimiento, es un espacio en donde convergen las ideas, el diálogo, pero dentro de un entorno académico que se rige por el propósito de aprender, pero también de generar nuevo conocimiento y nuevas ideas. Una institución de educación superior debe tener un rol activo y relevante en una sociedad debido a que ofrece el componente académico y científico al debate público, aquel componente que da fundamento a las problemáticas que se discuten en el ámbito público (y sobre las que no se discuten), aquel componente que da validez a las políticas públicas que se deberían estar llevando a cabo para contrarrestar dichas problemáticas. Y es justo este punto la médula de esta reflexión: la internacionalización posee la capacidad de abrir el abanico de aportaciones científicas y de buenas prácticas que pueden enriquecer el currículo de los programas académicos. Es posible mencionar un ejemplo de internacionalización originado en nuestro país, en la ciudad de León, cuando una comisión de funcionarios públicos viajó a Brasil para conocer el desempeño del transporte público. En este viaje conocieron un medio de transporte que se comenzaría a implementar en las principales urbes mexicanas: el macrobús que, teniendo sus pros y contras, funge como uno de los medios de transporte urbano más importantes en el país actualmente.

Y como este existen múltiples ejemplos, así como de investigaciones que se han visto enriquecidas por el intercambio académico y cultural internacional, de ideas que se han visto fortalecidas por las aportaciones de distintos paisajes y horizontes. A modo de conclusión, creo que también la Internacionalización es para los valientes. Porque significa exponerte. Significa aceptar que no estás sólo en este mundo. Que no eres único. Ni el mejor, quizá. Y que hay aspectos en los que se puede mejorar. No necesariamente igualar, sino mejorar. Significa no estancarse, sino evolucionar, y evolucionar para bien. Como la naturaleza, la cual aprende del presente y cambia con el tiempo. Y hablando de cambios, ¿para qué esperar por el momento adecuado cuando tenemos el ahora?

 

Comparto algunas lecturas recomendadas:

  • Anna, D., Devin, F. y Marina, G. (2011). Future Work Skills 2020. University of Phoenix. Recuperado de:

https://www.iftf.org/uploads/media/SR-1382A_UPRI_future_work_skills_sm.pdf

  • Kate, W. (2020). These are the top 10 job skills of tomorrow – and how long it takes to learn them. World Economic Forum. Recuperado de:

https://www.weforum.org/agenda/2020/10/top-10-work-skills-of-tomorrow-how-long-it-takes-to-learn-them/

  • Maria, D. y Clarissa, B. (2020). Internacionalization of higher education: institutions and knowledge diplomacy. Universidade Federal do Rio Grande do Sul (UFRGS). Recuperado de:

https://www.scielo.br/j/soc/a/gGxRnkpVnt66mMXyTZKW5hn/?lang=en

Tanatología y pandemia ¿Oportunidad o Tragedia?

Por Líderes de Opinión, Tendencias Sin comentarios

María Cristina González Martínez • Alumni de la Licenciatura en Filosofía UNIVA Online

 

Este siglo XXI siempre será recordado por la pandemia del 2020 a causa del COVID-19, misma que si bien inició a finales del 2019, tuvo su punto más álgido al año siguiente, dando inicio el 2021 con el dolor de toda la humanidad, la globalización alcanzó la salud de la población mundial; las primeras medidas fueron atender los sistemas de salud nacionales, luego la urgencia de las vacunas, con tiempos intermitentes de cuarentena, de acuerdo con cada país, a cada ciudad, consecuentemente empezaron a presentarse los problemas a causa de las diversas pérdidas: vida, salud, trabajo, privacidad y muchas más. Es bien sabido que toda pérdida da lugar a un duelo, mismo que no siempre se conoce la forma de resolverlo con los mejores resultados, aquí es el punto de encuentro de la tanatología y la pandemia, qué se puede hacer frente a esta situación para superarla de la mejor forma posible.

Somos frágiles

Pocas veces la humanidad entera se ha enfrentado a su fragilidad, son justamente los fenómenos naturales o como en este caso las enfermedades, las circunstancias que ponen al hombre frente a la realidad, no han sido las grandes conquistas del espacio, ni los avances científicos sorprendentes, ni una excelente economía, suficientes para defenderlo de la agresión a su salud de la que ha sido objeto, esta fragilidad ha provocado un serio problema económico cuyas consecuencias se pronostican graves para todos; la sensación de seguridad que podían tener las empresas, las familias, los gobiernos se han perdido en un alto porcentaje; no es posible responsabilizar a nadie, habrá responsables del mejor o peor manejo de la situación, pero del virus en sí mismo ¿quién?; de repente todo se volvió relativo: las diversiones, el consumismo, los viajes, los grandes guardarropas…; todos en mayor o menor medida hemos sufrido pérdidas; es un hecho que nos tomó por sorpresa, se perdió el control que creíamos tener de la realidad que nos rodea y nos hemos quedado a expensas de los propios recursos para salir adelante de una situación que nos ha rebasado.

Las pérdidas y el duelo

Es de todos sabido que cada pérdida genera algún duelo, mismo que puede ser grave, sencillo o inclusive patológico, todo depende del tipo de pérdida, de nuestra vinculación con la persona u objeto perdido, del tipo, cantidad y calidad de nuestros recursos para la elaboración del mismo, en fin, que si bien es cierto que se cuenta con ciertos parámetros, no es posible dar fórmulas exactas para el manejo de los duelos.

El duelo es realmente un proceso de adaptación emocional, cognitiva y conductual que se experimenta como respuesta a una pérdida, misma que puede ser humana por el fallecimiento de un ser querido; física por la pérdida de la salud o de algún órgano o miembro de nuestro cuerpo; material desde una casa hasta la cartera o la pluma que me heredó el abuelo; moral, por ejemplo cuando perdemos la confianza en una persona o en una institución; inclusive pérdidas intelectuales a causa de la edad, de una enfermedad, etc.; la muerte de una mascota por ejemplo, llega a constituirse como duelo familiar en algunos casos.

El duelo nos genera dolor, un dolor psicológico, puesto que nos desequilibra emocionalmente; pasa por lo social, particularmente en los casos de pérdidas económicas, laborales, de prestigio; el dolor familiar se presenta sobre todo en los casos de pérdidas humanas, la muerte de los padres, de los hijos…; y tal vez, uno de los dolores más difíciles de resolver sea el dolor espiritual, especialmente cuando se carece de recursos en este campo.

Son muy diversas las emociones que se presentan frente al duelo, mismas que no en todos los casos el doliente sabe cómo enfrentarlas, en términos generales existe un alto índice de analfabetismo emocional, no todos saben cómo manejar la frustración, la tristeza, el miedo, la vergüenza, el coraje, por mencionar algunas.

Es por todo lo anterior que en los casos de algún tipo de duelo y cuando ese dolor es muy agudo, cuando necesitamos un deshago emocional que no sabemos cómo enfrentarlo, o peor aún, cuando pretendemos negar el hecho o su gravedad, es recomendable buscar ayuda, la que generalmente podemos encontrar en la tanatología, esa especialidad cuya tarea es justamente acompañar el duelo por una pérdida, cualquiera que esta sea.

Conociendo el duelo

Sin que comprendan un rigor matemático, es posible describir cinco etapas del duelo: negación, ira o enojo, negociación, tristeza y aceptación, se van presentando y entrelazando indistintamente, sin embargo, sí resulta grave el que la persona doliente se estanque en alguna de ellas, lo que puede dar lugar a un duelo patológico.

Por no ser la intención del presente ensayo un estudio exhaustivo del duelo, daremos sólo una breve explicación de cada una de las etapas que lo componen a propósito de la pandemia que aqueja hoy en día al mundo entero.

La negación pretende ocultar el dolor negando el hecho. Así hemos visto a lo largo de esta situación quienes han dicho que se ha inventado el virus o su agresividad, que no es necesario usar cubrebocas, que exageran quienes evitan las reuniones de amigos y en lugar de evitarlas las organizan, expresando así su huida de la realidad.

La ira o el enojo busca culpables en todo y si no los hay físicamente, el enojo se dirige a las instituciones o a Dios. En el caso de la pandemia, tristemente una de las mayores manifestaciones de esta etapa del duelo se ha encontrado en la violencia intrafamiliar que elevó sus índices en los primeros meses del problema, sobre todo durante los lapsos de cuarentena no resultó fácil para los padres de familia convertirse en maestros de sus hijos en casa, y para quienes no estaban habituados a trabajar en línea, el aprender a compartir espacios, tiempo, todo tipo de dispositivos electrónicos a fin de continuar con el trabajo en casa y las clases para quienes estaban acostumbrados a ir a un centro de labores, una oficina, una escuela, etc., fueron muy diversas las tonalidades de esta etapa del duelo, desde una simple impaciencia, hasta golpes en algunos casos.

La negociación tiene como objetivo encontrar la manera de solucionar el problema o revertirlo. Fueron apareciendo todo tipo de dietas alimenticias, remedios caseros, otros fueron químicos, hasta las “mandas” en súplica de un milagro; la gente comenzó a automedicarse, a acumular diversos medicamentos “en caso de necesitarlos y estar escasos”; sin negar el valor de una buena alimentación y la importancia de un buen sistema inmunológico, menos aún la importancia de la oración en todo proceso de duelo, por la forma en que hicieron su aparición las diversas manifestaciones de búsqueda de solución a la pandemia, también se pudo observar una auténtica etapa de negociación en el duelo que se ha vivido.

Por lo que se refiere a la tristeza es consecuencia natural ante una pérdida. La hemos presenciado objetiva por la cantidad de pérdidas humanas, familias en las que han muerto ambos padres en un lapso de meses; pérdida de parientes cercanos y lejanos, amigos queridos, compañeros de trabajo, vecinos, han sido realmente objeto de un profundo dolor, de una gran tristeza tantas muertes. Sin embargo, también la ha habido subjetiva en cuanto que hay personas que no habiendo sufrido ninguna de esas pérdidas, se duelen por la situación de la humanidad y esto habla de la sensibilidad del ser humano, de ese sabernos hermanos, del surgimiento de una fraternidad que se estaba perdiendo. Esta ha sido una tristeza que, si bien es cierto que manifiesta la presencia de un duelo, también es campo fértil para el cultivo de virtudes como la solidaridad, la generosidad, la longanimidad, esa capacidad de dar un poco más de lo que de nosotros se espera.

La última etapa del duelo es la aceptación, con ella queda resuelto el problema, se ordenan las emociones, la vida misma, se retoman los hilos de la vida y se continúa viviendo. En el caso de la pandemia no es posible decir que hemos llegado a esta etapa, debido a que la causa del duelo aún persiste, no se ha combatido el virus, se ha iniciado el proceso de vacunación de la población y con ello ya hay luz al final del camino, pero aún lo estamos andando; es posible tomar esta etapa como aquella en la cual la tarea a cumplir es la de construir el sentido de todo cuanto nos ha ocurrido.

El sentido del dolor y del sufrimiento

Dicen que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional, ambos son humanos en virtud de que pasan a través de la experiencia e interpretación del hecho y sus consecuencias. Sin embargo, dependiendo de los filtros de que dispongamos es posible hacer la diferencia y darles sentido, no se trata de una fórmula infalible, pero si es posible sugerir algunos puntos de vista de quienes antes anduvieron el camino y cuyo testimonio puede dar luz y ayudar a localizar aquellos recursos de los cuales se dispone para construir un sentido trascendente que desahogue tanto dolor, tanto sufrimiento.

Viktor E. Frankl, neurólogo, psiquiatra y filósofo austriaco fundador de la Logoterapia y el Análisis Existencial, estuvo preso en los campos de concentración nazis durante la segunda guerra mundial, ahí perdió a sus padres, a su esposa, fue sujeto de las vejaciones de esos sitios, estando en ellos fijó su atención en la forma en que podía ayudar a sus semejantes fueran estos prisioneros como él o sus carceleros, observó las diferentes conductas, sobrevivió y ya libre continuó con sus estudios dejando toda una enseñanza que se sintetiza en estas palabras:

“He encontrado el significado de mi vida al ayudar a los demás a encontrar, en sus vidas, un significado”

Elisabeth Kübler-Ross psiquiatra, suiza de nacimiento quien ya adulta se fue a vivir a los Estados Unidos en donde realizó la mayor parte de sus investigaciones, convirtiéndose en pionera sobre los estudios en moribundos, llegó a documentar más de 20 mil casos, ella dijo: Ser infeliz y sufrir es como forjar el hierro candente, es la ocasión que nos es dada para crecer.

San Juan Pablo II, polaco, huérfano de madre siendo niño pierde a su hermano y a su padre años después, trabaja en las minas de piedra mientras estudia en un seminario clandestino, finalmente, se ordena sacerdote, es nombrado primero obispo, luego cardenal y finalmente electo papa de la Iglesia Católica, en su Encíclica “El sentido cristiano del sufrimiento humano” escribió: El sufrimiento es uno de esos puntos en los que el hombre está en cierto sentido “destinado” a superarse a sí mismo y de manera misteriosa es llamado a hacerlo.

La escala del sufrimiento

Pretender negar que alguno de los tres personajes citados conocieron el sufrimiento sería absurdo, sin embargo, cada uno de ellos lo convirtió en fuente de sabiduría, en elemento esencial para construir el sentido de la propia vida, ¿cuál fue el denominador común en ellos?: la voluntad de sentido, justamente aquello que nos distingue a los seres humanos, la capacidad de discernir en cuanto a lo que elegimos hacer con la realidad de nuestra vida.

El sufrimiento puede ser objetivo o subjetivo, bien sea porque murió un ser muy querido o porque temo que llegue a morir, si es que me contagio de alguna enfermedad incurable, en ambos casos hay un sufrimiento en la persona, la diferencia en el manejo del mismo dependerá en primer lugar de los filtros de que se disponga, para conocerlos se precisa de un diagnóstico espiritual, esto es analizar cuáles y cuántos son tanto los valores humanos como la madurez humana, emocional, la capacidad de reflexión, la resistencia a la frustración, como también las virtudes de prudencia, fortaleza y justicia que ha cultivado; entre otras muchas con las que puede contar, y así mismo, reconocer los valores religiosos que le permitan enfrentar las grandes interrogantes de la vida como la muerte, el dolor, el sufrimiento mismo; se precisa hacer un inventario de las fortalezas de que dispone, como lo es la familia, las redes sociales que la apoyan -que no son ni Facebook, ni similares-, amistades, clubes a que pertenece, grupos parroquiales, etc., todo aquello que le puede servir como elemento de entramado para la construcción del sentido del propio sufrimiento, hasta llegar a la construcción del sentido de la propia vida con todo y el sufrimiento y a pesar del mismo, llegando así a superarlo y hacerlo trascendente.

Construyendo el sentido

Existen tres valores en la vida de todo ser humano que no suelen ser tomados en cuenta y son fundamentales para construir el sentido tanto del sufrimiento como el de la propia vida, estos son:

  • De creación: ¿qué aporto al mundo?
  • De experiencia: ¿qué recibo del mundo?
  • De actitud: posibilidad de asumir una actitud digna, valiente y trascendente

Es importante que la persona se pregunte y reconozca cuál es su aportación al mundo que la rodea, familia, amistades, trabajo, naturaleza, etc., cuando la persona descubre que es capaz de aportar algo a los demás, sea esto de gran importancia o no, puede iniciar un proceso de crecimiento personal en la medida que trabaje porque aquello que aporta sea cada vez mejor, no tiene que ser algo de valor monetario, de hecho, preferentemente no ha de serlo, en virtud de que no llevaría el don de sí mismo, en cambio, si lo que aporta es alguna cualidad, un poco de tiempo, un trabajo específico y/o especializado, esto contribuye al incremento de la autoestima de la persona, al olvido de sí y a la construcción de un sentido de la propia vida en bien de los demás.

Por otro lado, cuando se hace un inventario de lo que se recibe, desde el sol que alumbra el día, hasta las cualidades personales, las personas que nos rodean y los bienes de fortuna, casi de manera automática surge un sentimiento de agradecimiento que hace disminuir el sufrimiento y no sólo eso, en la medida en que la gratitud a Dios, a los demás y a la vida va aumentando, el sufrimiento se desplaza, dando lugar a ese sentimiento de gratuidad que engrandece el alma.

En último lugar y también lo más difícil e importante, es la elección de la actitud ante el sufrimiento, como ya se dijo en otro momento, el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. No se trata de adoptar una frialdad estoica que sería más fruto del miedo a enfrentar la realidad, que una actitud digna y esta es la que se ha de procurar, esa dignidad que da el valor de enfrentar las situaciones en su justa medida para encontrar una solución, para darles un sentido trascendente que será aquella respuesta a la pregunta de ¿Para qué me sirve lo que estoy viviendo?, toda vez que con la experiencia del pasado, el ser humano es capaz de construir en el presente, un magnífico futuro, todo dependerá de la actitud que adopte.

Espiritualidad y religiosidad

La dimensión espiritual abarca el conjunto de valores éticos, morales, afectivos, de opciones y criterios que guían a la persona. De todo esto dependerá su sed de sentido, de valor y de trascendencia de la propia vida y todo cuando le acontece.

La dimensión religiosa es la relación de la persona con Dios, con el ser trascendente, todo dependerá de la tradición religiosa en que haya sido formada o bien haya elegido en algún momento de la vida.

Para el cristianismo el sufrimiento tiene sentido y valor desde la cruz de Jesucristo, que lejos de evitarlo lo asumió por la salvación de los hombres, de tal suerte que para un cristiano el solo hecho de unir su sufrimiento a la cruz ya lo alivia en buena medida, puesto que no sufre solo, más aún si su madurez espiritual y religiosa lo invitan a ofrecer junto a Cristo ese sufrimiento y le añade nobles intenciones sufrirá con paz, hecho plenamente testimoniado por los mártires de veintiún siglos de historia cristiana en todo el mundo, inclusive en países no cristianos como en algunas naciones de Asia, se encuentran tales testimonios.

Sin embargo, la dimensión religiosa puede no estar presente en las vivencias de una persona, lo que puede redundar en un sufrimiento por demás agudo y con mayor dificultad de resolverse y darle sentido.

¿Qué hacer?

Se sugiere iniciar tomando conciencia de los propios valores, hacer el propio inventario, puesto que una vez conocedores de los propios recursos será más sencillo encontrar el “para qué” de la situación, evitando caer en esa espiral depresiva del “¿por qué?”, misma que no conduce a nada positivo.

El dolor de cada quién es el dolor más grande, por lo tanto, se habrán de evitar comparaciones, haciéndose cada persona responsable de sus propias decisiones, sin buscar culpables, por el contrario, en la medida de lo posible aliviar las propias culpas y las de los demás, sobre todo en situaciones como las que genera una pandemia que en ciertos momentos rebasa todas las precauciones y medidas que se pudieran tomar.

Elaborar un listado de problemas a resolver y empezar a hacerlo con los recursos de que se disponga en ese momento, de ser posible compartir con los demás lo que tenemos: tiempo, capacidad de escucha, acompañamiento, bienes, amor.

El sufrimiento en general y una pandemia en particular, se pueden convertir en una gran oportunidad para construir la mejor versión de cada persona, de cada comunidad, de cada país, particularmente por la vía de la solidaridad y la subsidiariedad si fuera necesario.

En cuanto a los niños

Lo más importante es hablarles con la verdad, bien se trate de la muerte de los padres, de los abuelos o hasta de la mascota, hacerlo lo antes posible, preferentemente han de ser los padres quienes den la noticia o en su caso la persona más cercana, procurando que sea en un sitio adecuado y que proporcione seguridad al niño. Evitar mentiras como “se fue de viaje…”, “te llamará pronto…”, y otras similares.

Suelen hacer preguntas mismas que habrán de responderse sin fantasías y sin agregar ninguna, responder únicamente a lo que el niño pregunta. Es importante pedirle que relate lo que ha entendido, lo que se imagina.

Respecto de la muerte son cuatro los aspectos que le han de quedar claros:

  • La muerte es irreversible
  • Es definitiva y total
  • Es universal, todos nos vamos a morir algún día
  • Tienen fin todas las funciones vitales de la persona

Una vez comprendidos estos cuatro aspectos de la muerte, es conveniente hablarle acerca del sentido religioso y espiritual, conforme a la tradición religiosa en que se le ha formado. Se han de evitar expresiones como “Dios se lo llevó…”, “fue voluntad de Dios…”, en virtud de que las mismas pueden generar un deshago de enojo contra Dios, a quien puede considerar culpable de la pérdida, es preferible hablar de la enfermedad, del accidente, que fueron la causa de la muerte y decirle que Dios sufre con el pequeño por su pérdida, este será un recurso de consuelo insustituible para toda la vida.

En los niños como en los adultos, suelen tener sentimientos de culpa, sobre todo cuando pudieran haber tenido un mal comportamiento, dicho alguna mentira, etc., por lo cual es fundamental que le quede claro que no es en absoluto responsable de esa muerte, que sepa que nuestras emociones no provocan la muerte; procurarle seguridad y protección, continuidad en sus rutinas familiares y escolares, afirmarles en la seguridad de que ese ser querido siempre estará presente en la memoria y en el corazón. Animarlos y enseñarlos a expresar su dolor, sus sentimientos, sí se les puede llevar a participar de los ritos funerarios, de los 5 o 6 años en adelante es posible, si por alguna circunstancia no fuera conveniente, se les puede invitar a despedirse con una carta o un dibujo, dependiendo de la edad y preferencias del pequeño.

Tal pareciera que, así como cuando es demolido un viejo edificio suelen encontrarse entre las ruinas algunos objetos de valor y quizá hasta algún tesoro, en los últimos tiempos y a causa de la pandemia por el COVID-19, estuvieran quedando al descubierto la bondad originaria y muchas otras grandes cualidades propias del ser humano, creatura que refleja la bondad de su Creador.

Lo superfluo está pasando de moda, se atiende más a lo esencial, a lo que constituye la columna vertebral del hombre espíritu encarnado, que ha de ocuparse no sólo de lo material, sino que ha de atender también el hambre espiritual que se alimenta de la cercanía de los seres queridos, del abrazo cálido de los amigos, de los largos tiempos de oración en diálogo con Dios.

La Tanatología nos habla de la muerte, sin embargo, la virtud de la esperanza nos pone frente al sentido y la trascendencia que queremos darle, nos invita a trabajar en la edificación de una sociedad más justa, más fraterna, en la que se deje la huella de una civilización que supo apreciar la vida, defenderla y vivirla con tal sentido que llegue a ser reconocida y recordada como la civilización del amor.