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La objetividad es subjetiva

Mtro. Miguel Camarena Agudo • Encargado de Corrección y Estilo UNIVA

#LíderesDeOpinión

 

Cualquier movimiento político (o social) que aspire al éxito apelará instintivamente a la envidia, a la rivalidad o al odio, y nunca a la necesidad de cooperación… No queremos que se nos despoje de un enemigo; queremos a alguien a quien odiar cuando sufrimos. Deprime tanto el pensar que sufrimos por necios y, sin embargo, ésa es la verdad con respecto al género humano en su totalidad.

Bertrand Russell

¿Podemos dejar el mundo a la subjetividad de las masas? ¿El gusto personal o disgusto, está por encima del contenido científico, filosófico, artístico? Que si bien, todo lo anterior tiene la singularidad de cada uno de los que lo producen ese conocimiento, pero validado por alguna metodología, técnica o profundidad discursiva. Pero regresando a las preguntas, tal parece que así sucede. Los juicios de valor están supeditados a la subjetividad. Tal libro, película, lugar, pintura, etc., es bueno en relación a la simpatía que provoque. Lo cual es válido en algunos casos, como cuando hacemos un juicio sobre el sabor de un helado, una ensalada, un vino; nadie puede discutir con el otro si tal o cual sabor es mejor y convencerlo de lo contrario, es absurdo. El mejor vino, como, el mejor puro, no dependen del costo, o la marca, sino, del gusto. Y es precisamente éste sentido, tratado de modo general el que nos provee una identidad. Como lo escribí en la columna pasada, estamos influidos por diversas personas y diversos ambientes. El número de estas interacciones son casi incalculables por lo azarosa que puede ser la vida de cada quien.

Pero, quizá la moda en conjunto con el capitalismo han tenido entre sus propósitos, la unificación del gusto, independientemente de su intención principal que es el fin del lucro y la estimulación del consumo, mediante la famosa obsolescencia percibida, también se ha promovido una filiación a las marcas, a las vanguardias, una aspiración al status. Pero no todo es la democratización de la adquisición de bienes, tanto para Castells como para Canclini en ese tema se siguen dando luchas en cuanto a la apropiación de símbolos. Que desde la perspectiva específica del pensador argentino, el gusto, en cuanto elemento propiamente humano no fue tomado en cuenta por Marx en su teoría económica. El problema que yo veo con el gusto, entendido como placer, deleite o motivo, así como por su subjetividad, desde la perspectiva de Canclini es su imposibilidad a servir de argumento en aspectos de índole artística, filosófica, social, y no se diga política; porque éste puede fácilmente ser influido o condicionado.

Además, si algo se ha vuelto predominante, en los tiempos de las redes sociales, es precisamente la filiación que podemos tener con algún grupo social o político, basado en la mera subjetividad, y esto, lo único que produce es una visión parcial e infundada. Que como bien dice la cita de Russell y, tal cual, criticó a Marx en su propuesta de la lucha del proletariado en contra de la burguesía, este tipo de ideologías se fundan en el odio, la rivalidad, la polarización, el antagonismo de los ahora, múltiples grupos sociales. Entonces el destruir las estructuras del capitalismo, el aplastar a los demás partidos, y demás verbos proponen, contrarios a la creación;  según Russell, tiene todo menos un ideal de diálogo, acuerdo, de reconciliación, tienen mejor dicho: una propensión natural a tribuir nuestras desgracias a la malignidad de alguien.

Los grupos sociales, cada vez se han atomizado más, los ciclistas, la comunidad LGBT, los migrantes, las feministas, los campesinos, los transportistas, los ganaderos y, así, una lista interminable de divisiones entre grupos y personas. Donde en algunos casos, el fascismo y el fundamentalismo se encuentran disfrazados de progresismo. Entonces, cuando no se establecen canales de diálogo o resultan limitados; donde se puede tener, conforme a hechos, a evidencias científicas, filosóficas, sociológicas, históricas, económicas y periodísticas; un debate sin descalificar al otro, incluso hasta por su mera condición biológica, como si cada uno de nosotros hubiera decidido nacer donde nació, tener la herencia étnica que posee, el género, la familia, incluso si nos ponemos heideggerianos, el hecho mismo de haber decido nacer. Así que mejor busquemos encontrar todas aquellas cosas que compartimos de manera objetiva,  en lugar de mirar nuestras diferencias, para evitar conflictos innecesarios en un país tan violento como el nuestro.

Cuando más aprendan los hombres a vivir para la creación más bien que para la posesión, tanto menos sus deseos los inclinarán a contrariar a los demás, o a intentar una interferencia violenta en su libertad.

Bertrand Russell

 

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