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La adaptación del “cuando” en la actualidad

Jimena Ortiz Márquez • Estudiante de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación

 

La pandemia nos ha obligado a coexistir de manera virtual dentro de la sociedad dando seguimiento a muchas actividades que se realizaban de manera presencial, nuevas herramientas se han alzado en el mundo virtual y la estadía en casa nos ha ofrecido la oportunidad de conocernos mejor a nosotros mismos, pero aún se sigue pensando que de pronto la vida regresará a reanudarse como lo hacía con anterioridad. Podría parecer tedioso hablar de los estragos y consecuencias de la situación mundial, sin embargo, es un tema tan extenso que cada rama crea nuevas ideologías de las que me place reflexionar, así como las tecnologías, los progresos científicos, los movimientos sociales, el desgaste económico y sobre todo la educación a distancia cuya evolución, ha sido remarcable entre las instituciones académicas.

Uno de estos temas es la aparente fatiga sobre las plataformas virtuales, algo que claramente ya se había impuesto en nuestras vidas años atrás, se tuvo el tiempo para la adaptación y ahora, tras casi un año del inicio de la pandemia en México, tuvimos el tiempo de adaptarnos a la nueva virtualidad. Frases repetitivas del cuando no tienen horario estricto pues se escuchan a todas horas y en todas las plataformas digitales sin excepción: “cuando regresemos a la normalidad”, “cuando esto se arregle”, “cuando podamos salir”, “cuando haya clases presenciales”, “cuando nos veamos”; el tiempo es cruel, el tiempo consume todo a su paso y no podemos seguir esperando a tener una vida que ahora duerme en el pasado, ese cuando es muy probable que quedé abandonado en las profundidades de la memoria, pero eso sí, recordado como lo que alguna vez se tuvo y jamás volvió.

Considero que la adversidad provoca el coraje para hacer posibles las cosas imposibles; nuevos trabajos, nuevas maneras de hacer las cosas, nuevas amistades, nuevos canales de comunicación, nuevas estrategias, nuevas fronteras, nuevas sociedades… Es cierto, para muchos fue difícil la transición a lo virtual, es evidente que las motivaciones para estudiar en línea han decrecido con los meses y francamente no es 100% culpa de los profesores quienes (en su mayoría y basado en mi propia experiencia) han actualizado sus métodos de enseñanza para conseguir buenos resultados de parte del alumnado, sino que la cultura del mexicano promedio incita a las prácticas de ocio al momento de estar frente a un dispositivo digital. Y tampoco es culpa del estudiante que toda su vida ha contribuido a enriquecer esta cultura, puesto que no es consciente de cómo sus acciones lo afectan a sí mismo.

Vivimos en la Sociedad de la Información donde cualquier conocimiento está a nuestro alcance, en donde la red está inundada de expertos, textos, material audiovisual perfecto para el universitario, es un espacio infinito para la mente y tristemente poco explotado entre los jóvenes (he de incluirme) de nuestro país. Es entendible que no tenemos las mismas habilidades de aprendizaje, pero creo verdaderamente que todos tenemos la capacidad de aprender a aprender y creo que la rendición no es una opción viable, me parece más bien que la pandemia llegó para dejarnos en claro que podemos cambiar nuestros métodos, que somos lo suficientemente capaces para continuar con las pasiones que guían nuestro camino único, que de nosotros depende el seguir adelante y para ello es importante aceptar las oportunidades que la vida misma nos otorga, aprovechar al máximo cualquier sentimiento que nos haga ruido en el corazón y darle potencial a las ideas que se nos acumulen en la mente.

Ahora nos podemos basar en los sentimientos provocados dentro de una sesión virtual, el aprendizaje se vuelve más personal, las conexiones son más reales y el ambiente mucho más ameno. Todas estas pequeñas experiencias se pierden al divagar entre la inconformidad de la virtualidad, mas es un hecho que debe ser aceptado para brindar frutos maduros. A lo largo de estos meses he escuchado a muchos compañeros (internos y externos a esta universidad) que han optado por pausar sus estudios usando el cuando por excusa, algo inmaterial que cuesta tanto esfuerzo y causa tanta satisfacción, detenido por la simple idea de que “no es lo mismo”; y en efecto no lo es, pero al tener sus diferencias las aulas presenciales y virtuales también poseen sus similitudes y características que las convierten en una experiencia particular.

He aprendido este tiempo de reflexión que siempre se puede dar más, que la paciencia no se acaba, que las conexiones personales son más fuertes de lo que pensamos, que el amor es verdadero, que el tiempo es un arma mortal y que las lágrimas llenas de impotencia son reales. Todo esto debe ser considerado para comprender nuestra propia posición en el ahora y su representación individual, lo que hacemos en nuestra estadía en el ahora nos da las herramientas para concretarnos una idea futura; no dejemos las cosas para un después que encontrará la manera de sorprendernos, mucho menos dejemos morir los sueños que alguna vez se incrustaron en nuestras tiernas ilusiones; el cambio y la evolución son un proceso natural los cuales se deberán cumplir para la realización de éstos, en nuestro actual contexto el coronavirus vino para obligarnos a vivir una nueva etapa de la humanidad en la que los procesos se modificaron y en donde las relaciones interpersonales se vuelven más significativas.

El 2021 como un año nuevo, nos inspira esperanza en lo que se vivirá respecto a la pandemia (y a la vida misma), pero debemos tener en consideración que este no llegó a resolver problemas, sino todo lo contrario, nos impuso el comienzo de un nuevo ciclo con retos a enfrentar, nuevos desafíos para los que quizás no estemos preparados; lo que sí queda claro es que no importa lo que suceda… el cuando no deberá ser más poderoso que el anhelo de nuestros sueños.