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YO SOY EL BUEN PASTOR (Jn. 10, 1-10)

La cuarta semana de Pascua está marcada por la figura de Cristo Buen Pastor. El capítulo 10 del evangelio según san Juan nos presenta cómo Jesús toma las características de dicho oficio para demostrarnos la manera en que nos busca y cuida de nosotros. Hoy del relato podemos sacar muchas cualidades de Cristo hacia nosotros, pero hay dos en especial que vienen a cuestionarnos y animarnos.

Es bien sabido que la diferencia entre el pastor con sus ovejas, respecto a otro tipo de ganado y su cuidador, radica en que las ovejas reconocen a su pastor y lo siguen; a otros animales hay que moverlos por la fuerza y normalmente la persona va detrás de ellos animándolos por medio de gestos de poder.

El hecho de que Cristo vaya delante de nosotros debe inspirarnos esperanza y seguridad porque, como buen pastor, no permitirá que pasemos por riesgos, sino que se asegura de que nada nos pueda hacer daño. Hoy nos invita a confiar, Cristo nunca nos pedirá algo que nos haga daño, lo único que busca es llevarnos a situaciones de abundancia, donde no corramos riesgos. Por otro lado, viene un cuestionamiento, respecto a las personas que Dios, la vida o el trabajo me han confiado, ¿actúo como buen pastor y voy delante o soy un mercenario que va detrás? La clave está en la intención que tenemos. ¿Busco sacar beneficios de las personas o prefiero llevarlas al éxito de sus metas, aunque eso signifique la posibilidad de que decidan irse?

Jesús nos asegura que Él es la puerta de las ovejas y que quien no pase por la puerta, sino por otro lugar, es un ladrón. Esta es una clara manera valorar lo que hay en nuestra vida, personas, situaciones, cosas, etcétera. Puede que estemos rodeados de situaciones que no llegaron precisamente porque Dios así lo quiso, sino que les dimos entrada o simplemente las hicimos parte de nosotros. Atrévete a pensar algunas situaciones de tu vida, ¿cómo encuentras la presencia de Dios en ello? ¿Cómo te ha ayudado a ser mejor persona? ¿Qué cambios positivos encuentras en ti gracias a esto? ¿Qué haría Jesús con esto o qué me diría al ver esto en mi vida?, si de esta situación dependiera que vayas al cielo, ¿Cuántos escalones habrás subido ya? Para que algo de lo que analizaste haya entrado por la puerta, la mayoría de tus respuestas tuvieron que ser positivas.

Que la figura del Buen Pastor nos muestre la cercanía y la ternura que tiene Dios hacia nosotros, que nos permita entender que lo único que quiere Dios es nuestra plenitud, y que no viene a hacernos sufrir.

Por último, el domingo del Buen Pastor nos regala una oportunidad de contemplar las diversas vocaciones que hay en nuestra Iglesia: matrimonio, vida consagrada, orden sacerdotal, soltería. No termines tu meditación sin poner en manos de Dios la vocación de nuestros alumnos y nuestros jóvenes. Que frente a Dios puedan descubrir a qué los llama y, ahí, puedan vivir la entrega que los haga santos.

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