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YO HE VENIDO AL MUNDO COMO LUZ (Jn. 12, 44-50)

Creo que a todos en más de alguna ocasión nos ha tocado vivir la dificultad de lidiar con la oscuridad. Más en estos tiempos en los que la luz se ha vuelto una necesidad en muchos aspectos de nuestra vida. Por obviedad sabemos que el mejor aliado ante las tinieblas es la luz. Jesús, alzando la voz, manifiesta: yo he venido al mundo como luz. Pero de qué tipo de luz estamos hablando, o, a qué se refiere cuando utiliza esta imagen para darse a conocer a los demás.

Si me lo permiten, nos ayudará a entender mejor estas palabras de Jesús, haciendo una pequeña referencia a la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles que la liturgia nos ofrece el día de hoy. Centrando la atención en un personaje, por demás, conocido por nosotros, Pablo. Es elegido para llevar esa luz del Evangelio a los cristianos que son perseguidos. Algo no cuadra ¿verdad?, un perseguidor de cristianos ahora es evangelizador.

A san Pablo se le describió en su momento como el más encarnecido de los perseguidores, pero, qué le hizo cambiar. ¿Se cansó de matar, se cansó de ser instrumento para provocar dolor? Pero lo más importante, ¿cómo pudo sanar ese dolor interior después de lo que hizo? ¿Qué o quién le hizo sentirse perdonado? Porque cuántos de nosotros no vamos cargando en la vida cierto remordimiento de las cosas en las que nos hemos equivocado, y cuántas veces hemos escuchado que Dios es misericordia y seguimos dudando un poco de ello.

El encuentro de Pablo con esa luz, Jesús resucitado, fue lo que cambió su vida. Esa luz iluminó la conciencia de un hombre que creía vivir en la perfección y lo transformó en un pilar de la evangelización en la época de las primeras comunidades cristianas. Esa luz lo curó, lo guio, y lo salvó.

Hermanos, quizá el cansancio se hace presente en estos tiempos de confinamiento, de enfermedad, de miedo, de soledad, de muerte; sería bueno preguntarnos, ¿qué luz ilumina mis pasos? Cristo es y puede ser una nueva propuesta de vida. Podemos empezar a caminar con una nueva visión por sus palabras y hacer nuestro el Salmo 66: El Señor, tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros. Porque Cristo vino a ser luz para el mundo. Vino a disipar las tinieblas, aquellas en las que nos envuelve el mundo con sus trampas e indiferencias.

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