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YA VIENE EL ESPOSO, SALGAN A SU ENCUENTRO (MT. 25, 1-13)

El evangelio que la Iglesia nos presenta el día de hoy es de la misma línea que el presentado el día de ayer. Jesús nos invita a estar preparados, en este sentido hoy nos habla de una parábola en donde compara a diez jóvenes con el Reino de los Cielos.

Estas jóvenes te representan a ti y a mí, a toda la Iglesia, dicha parábola se centra en el llenado de sus lámparas con aceite en la espera del esposo, que en este sentido es Cristo, y estas lámparas son nuestra vida de gracia que cada uno de nosotros es responsable de tener “llenas de aceite”, llenas de amor, de buenas obras.

Cuando llega el esposo, representa la hora de nuestra muerte, las que tenían sus lámparas llenas de aceite entraron al banquete de bodas con nuestro Señor, y las que durante su vida no se esforzaron en mantener el aceite suficiente durante la espera, fueron privadas del encuentro con el esposo.

Mientras tengamos vida, tenemos tiempo de enmendar nuestros caminos, nuestra manera de actuar, Jesucristo nos invita a estar con nuestras lámparas llenas de aceite, porque nos dice que no sabemos ni el día ni la hora en la que vendrá. No dejemos las cosas valiosas para el final, porque después de muertos, ya no podremos hacer nada por nosotros.

La invitación es a la conversión, a caminar de la mano de Dios, Jesucristo nunca entrará en nuestras vidas a la fuerza, somos nosotros los que debemos aceptarlo a Él, no solo creer en Él, sino que creerle a Él. Nosotros somos la novia del cordero, y Jesús el esposo, nuestro banquete de bodas el día de nuestra muerte.

Así como las mujeres previsoras, tengamos llenas nuestras lámparas de amor y buenas obras, para que el día que seamos llamados, podamos gozar del banquete de bodas con Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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