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Y TODA LA MASA ACABÓ POR FERMENTAR (Mt. 13, 31-35)

La pedagogía de Jesús frecuentemente es marcada por parábolas, sobre todo al hablar del Reino de los Cielos. Hoy escuchamos un par de parábolas: el grano de mostaza y la levadura que fermenta la masa.

Según la información el último censo en nuestro país, existimos un 5% menos de católicos respecto a 2010. Esto nos podría poner a pensar en muchas razones, la mayoría de ellas ajenas a nosotros. ¿Qué hicimos y qué dejamos de hacer para que más de 10 millones de personas renunciaran a la fe católica en una década?

Estoy convencido de que este espacio no es destinado a las recetas de cocina, pero por cultura general, sabemos que la levadura hace que una mezcla con harina multiplique su tamaño gracias a un proceso de fermentación pasivo (porque la masa se tiene que dejar reposar) y activo (porque dentro de esa masa están sucediendo muchos cambios). Es bien sabido para los amantes del pan que este resulta más apetecible mientras más esponjoso parezca. En cambio, si la levadura está muerta, puesto que se trata de hongos vivos, el resultado de utilizarla será muy distinto, ya que no crecerá el tamaño, y por tanto será menos apetecible.

De aquí se deriva un sencillo silogismo: Si la levadura de la Iglesia somos nosotros y la levadura hace crecer; entonces nosotros somos los únicos agentes capaces de acrecentar la Iglesia. Si para que crezca la masa se requiere levadura buena y la Iglesia disminuyó; quiere decir que no somos muy buena levadura (o nuestra vida no resulta muy apetecible).

En una comparación pintoresca podríamos imaginar que la universidad católica debería ser una cajita de pura levadura ubicada en el pasillo Iglesia del supermercado mundo. Una comunidad entregada a la evangelización y extensión del Reino de Dios. No podría haber espacio para pensar que en nuestro ambiente se escuchen palabras contra la Iglesia y contra la fe, que los ataques a la fe y la indiferencia a lo divino sean tema de cada día (incluso entre los docentes, administrativos y el personal en general), ni espacio para pensar en una capilla sola o Misas con pocos participantes. Yo sé que eso nunca ha sucedido en nuestra comunidad. Y bien, ¿nuestros alumnos, al pasar por UNIVA, se van de aquí conscientes de participar del Reino de los Cielos, amando a Dios y a la Iglesia?

Tú y yo somos levadura muy buena, de eso estoy convencido. Dios, al traernos a laborar en esta institución, nos ha confiado a tantas personas, alumnos y compañeros, para que les anunciemos el gran amor de Dios. La buena mala noticia es que no nos dio un manual preciso debido a que lo dejó a nuestra creatividad. ¿Qué estás dispuesto a hacer para que con tu levadura fermente esta masa y cómo lo harías desde tu realidad? En el magisterio, como ya lo viste en tu jornada de identidad, encontrarás muchos documentos que te darán pinceladas sobre maneras concretas de comprometerte con el mandato evangélico de anunciar el Evangelio.

Hace algunas líneas leíste que la fermentación es pasiva, no necesitamos salir a otros lugares, basta iniciar en tu oficina, edificio y plantel. Leíste también que la fermentación es activa, y por eso necesitas levantarte de tu asiento y la “comodidad” de solo trabajar para hacer un poquito más por medio de palabras, gestos y acciones que anuncien a Cristo.

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