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VERDADERO PAN Y ALIMENTO (JUAN 6, 44-51)

Este pasaje evangélico nos habla, en primer lugar, del origen de la fe en Cristo y, en seguida, de la persona misma de Jesús. Él se autorrevela como ese misterioso pero real «Pan vivo bajado del cielo», que da su misma vida al que lo come. Al misterio de su persona no se puede acceder sino desde la «fe», que es don de Dios. Quien responde oportuna y adecuadamente a la «atracción» del Padre ya tiene la vida eterna, anticipada precisamente en el «Nuevo Maná», muy superior al maná del desierto (Cfr. Ex 16, 22).

Por ello conviene tener estos aspectos que a continuación presentamos para nuestra reflexión y crecimiento personal.

Primero. Venir a Jesús y reconocerlo como el resucitado, es reconocer que el objeto y horizonte de tu vida es hacia Jesús. No dejes de caminar hacia Él, no temas ir al encuentro con Jesús. Hoy Jesús te propone ir a Él, encaminarse hacia su persona. Y verlo como Resucitado, es esta la clave de tu vida. Tienes que resucitar y resurgir con Él, vive tu Pascua y lucha por entregarte a Dios para resucitar. Es con Dios donde se reanuda tu vida, cree para vivir.

Segundo. Creer en Él como el pan de vida, es tener vida, un creyente tiene vida y da vida. Por eso el cristiano que recibe a Jesús lo debe dar, en cada misa tú recibes a Jesús para luego llevarlo. Lo recibes para darlo.

Tercero. Que siendo el pan vivo es quien da vida al mundo. Reconocer cómo la eucaristía es clave en nuestra vida, es Jesús que nos muestra y recuerda la importancia de la eucaristía para nosotros, vuelve a vivir y a resurgir. Aliméntate de Dios,
no termines este jueves sin visitar el Santísimo unos segundos, aunque sea. Es un buen punto para tu vida y para tu estadía futura en el cielo.

Por tanto, si la clave es profundizar y seguir adentrando la importancia de la eucaristía en nuestras vidas. No olvidemos que cada misa en que participamos nos recuerda que hay un cielo, que hay una eternidad. La Eucaristía es ese encuentro con Jesús. Eucaristía es vida y nos da vida. Eucaristía es vida cristiana y camino a Dios. Hagamos del cristianismo una vocación y también una convicción. Hoy reconozcamos que tenemos una lucha interna. Hoy debo trabajar en mis convicciones cristianas y en mi formación cristiana, ya que nadie ama lo que no conoce.

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