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UNA VIDA CRISTIANA RESPONSABLE

En el evangelio que el día de hoy escucharemos en todas las iglesias y que hoy se nos propone; nos podremos percatar de uno de los muchos medios de cómo podemos vivir una renovada vida cristiana responsable.

Nuestra vida cristiana, bien podríamos decir, puede partir de dos elementos. Primero, en lo importante que es redescubrir nuestro sentido de pertenencia; y segundo, la obediencia a Cristo.

En cuanto a la primera tendremos que reconocer que, los auténticos creyentes, tanto en su vida como en su muerte, deberán orientarse a Aquel que –con su muerte y su resurrección– se ha dignado redimirlos (Cfr. 2 Cor. 5, 14-15). El cristiano no tiene derecho a despreciar o a juzgar a su hermano, esa es de entre nuestras características como cristianaos, la que debería de ser esa diferencia específica, ya que el «juicio» es algo reservado a Dios, ante quien todos habremos de comparecer algún día a dar rigurosa cuenta de nuestros actos (Cfr. 2 Cor. 5, 10). Nuestra identidad cristiana además, es ese reflejo de Dios, en ese encuentro con el otro, que en mejor de los casos es el rostro de Cristo también.

En lo que a la sana obediencia a Cristo se refiere, el evangelista Lucas, -quien es llamado el “escribano” de la mansedumbre de Cristo- pone en evidencia esta sobresaliente característica en tres parábolas, consideradas como el tríptico de la misericordia. Las parábolas de la oveja y de los dracmas perdidos (que leemos hoy, sin entrar en detalle en la tercera), comparten el mensaje de la solícita e incansable benevolencia divina, que nunca se da por vencida ante nuestras desviadas andanzas. El Señor conserva siempre la certeza de un inminente reencuentro, ya que no es, en realidad, el hombre quien busca a Dios, sino Dios el que le sale al encuentro. Y en materia de obediencia cristiana estas características mencionadas convergen y se entrelazan, es por así decirlo mi voluntad que se topa con la voluntad de Dios, donde el feliz resultado será esa obediencia cristiana. Por tanto, dejémonos interpelar hoy por Dios, y pidamos la gracia especial de que en lo cotidiano sean estas dos cualidades: nuestro sentido de pertenencia y la obediencia a Cristo, lo que caracteriza nuestro estilo de vida.

 

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