SEDES
Colima Guadalajara Lagos de Moreno La Piedad León Puerto Vallarta Querétaro Tepic Uruapan Zamora Online
Bolsa de trabajo Bolsa de trabajo Portal de pago Online Biblioteca

English Assistance

UNA HUMANIDAD QUE LIBERA (Lc. 4, 31-37)

Hay dos cosas que me gustaría resaltar del evangelio de hoy: la autoridad de Jesús y su humanidad.

Cuando Jesús compartía sus conocimientos la gente quedaba asombrada por sus enseñanzas, porque, a decir de ellos mismos, hablaba con autoridad. Una autoridad que no se basa en el saber científico, en su indiscutible elocuencia o en sus apabullantes aseveraciones. Por lo que hemos conocido a lo largo de los evangelios las expresiones de Jesús siempre estuvieron llenas de una gran simplicidad, sus parábolas mismas van cargadas de un lenguaje de lo más sencillo.

La autoridad de Jesús se funda en su credibilidad. Estamos ante una persona íntegra, sencilla, humilde, honrada, transparente. De aquí que, todo lo que decía, era siempre creíble. Todo lo que decía, se cumplía, era un hombre lleno de gran coherencia.

Por otro lado, la humanidad. Jesús siempre manifestó un enorme humanismo: sanaba, curaba, expulsaba, consolaba, perdonaba, amaba. Sus hechos hacían vida lo que predicaba. Cristo no sólo cura al endemoniado, libera al hombre en su totalidad: del mal moral, que es ser esclavo del pecado, y de sus lamentables consecuencias en el mal físico. La autoridad y la humanidad de Jesús nos hablan de la presencia de Dios en medio de su pueblo, de la salvación que nos viene a ofrecer.

Cada uno de nosotros estamos también llamados a participar de su autoridad y humanismo al mundo actual. Este debe ser el compromiso con el hombre, especialmente con el más pobre y oprimido, ayudándole a encontrar el sentido de la vida y de la dignidad humana.

Pidamos que el Señor siga sacando estos espíritus impuros del mundo, de nuestra sociedad, de nuestros corazones, para poder ser realmente libres en el anuncio del Reino y la buena noticia que tiene que ver con la libertad de espíritu y corazón, para seguir aprendiendo de Él que es el Maestro. El Evangelio cambia el corazón, cambia la vida, transforma las inclinaciones al mal en propósitos de bien. El Evangelio es capaz de cambiar a las personas. Por tanto, es deber de los cristianos difundir por doquier su fuerza redentora, llegando a ser misioneros y heraldos de la Palabra de Dios.

¿Cómo puedo yo encontrarme con Jesús cada día y propiciar con mi experiencia de Dios el encuentro de otros con Dios?

Dejar un comentario.