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UN AMOR QUE NO MARGINA (Mt 8, 1-4)

El evangelio de este día nos relata el primer milagro de la primera tríada: la curación de un leproso. Como bien sabemos, la lepra es una enfermedad contagiosa, que destruye lentamente a la persona afectada, y en aquellos tiempos, era prácticamente una condena perpetua. Se consideraba la enfermedad como la consecuencia de un castigo de Dios. El leproso era considerado como un impuro, eso lo hacía estar excluido de la comunidad. No podía participar en ningún culto, ni en la vida social ordinaria. No tenía posibilidad de acceso a Dios ni a su Reino. Era rechazado y estaba prohibido tocarle para no contagiarse de sus impurezas, de sus pecados.

Pero Jesús, saltándose todo tipo de leyes y dejándose abrazar por la compasión, con sencillez y humildad, extiende su mano al leproso ante su súplica y confianza de poder ser curado por Él. La mano tendida al enfermo, al rechazado, al pecador, el contacto con él es un signo de amistad. Jesús con este signo vuelve a integrar al leproso, al enfermo en la sociedad.

Es un gesto de amor hacia el prójimo, un gesto de victoria ante el dolor y miedo de no volver a curarse jamás. El Maestro toca su dolor y le llena de esperanza ayudándole a curarse, su actuar es sencillo, no busca ser extraordinario ni llamar la atención. Tan solo quiere curarnos de todos nuestros males, de nuestros pecados.

Con esta curación quiere denunciar la mentalidad social y religiosa de los judíos, también la nuestra de hoy en día, que margina, destruye y genera muerte. Con este milagro Cristo reafirma al defensa de la vida y la dignidad del hombre, nos señala también un camino de compromiso cristiano con la liberación del dolor de nuestros semejantes en cualquiera de sus manifestaciones: enfermedad y hambre, miseria e ignorancia, opresión y esclavitud.

Señor, ayúdanos a ser como Tú, has que con amor y humildad nos acerquemos al que sufre, extendamos nuestras manos, confiando en tu poder de ayudar a curar al enfermo. Que podamos mostrar un amor que no margina a nadie y que habla de tu presencia en medio del pueblo. Amén.

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