SEDES
Colima Guadalajara Lagos de Moreno La Piedad León Puerto Vallarta Querétaro Tepic Uruapan Zamora Online
Bolsa de trabajo Bolsa de trabajo Portal de pago Online Biblioteca

English Assistance

TENGAN VALOR, PORQUE YO HE VENCIDO AL MUNDO (Jn. 16, 29-33)

La parte final del tiempo pascual inicia con la solemnidad de la ascensión del Señor a los cielos, fiesta que celebramos ayer. Ahora nos preparamos rumbo a la solemnidad de Pentecostés. Por la fe creemos que Cristo, después de padecer, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos y subió al cielo, donde está sentado a la derecha del Padre. Este evento es otra muestra del triunfo de Jesucristo.

En el evangelio encontramos tres puntos para reflexionar: la paz, la tribulación y la promesa.

La paz que nos ofrece Dios no es como la del mundo. La paz de Cristo es la tranquilidad en medio de las cosas difíciles. Pienso en la paz que Dios nos da como la serenidad que tenemos cuando estamos enfermos, pero sabemos que alguien está al pie de la cama para auxiliarnos. Su paz viene cargada de esperanza porque tenemos la seguridad de que Él está con nosotros en nuestras batallas. Pidamos a Dios su paz, vivamos con la certeza de tener un gran auxilio para vencer en la vida.

Y si Jesús nos promete paz es porque sabe que vendrán muchas tribulaciones. Esos momentos donde todo parece estar en contra de nosotros, o las ocasiones en que nos hemos sentido con miedo o pena de profesar nuestra fe. Si la vida del cristiano es complicada porque somos llamados a andar contracorriente. Cristo nos prometió incluso la cruz, nos dejó claro que la entrada al Reino es angosta, Él no mintió, pero prometió grandes recompensas que vendrían después de la dificultad.

Frente a todo esto viene una afirmación: Yo he vencido al mundo. Somos de Cristo, formamos parte de Él y Él de nosotros. Es el Buen Pastor que va delante de sus ovejas y que no nos va a poner en riesgo ni frente a cosas que no podamos vencer. La clave está en que la dificultad se vuelve ligera cuando estamos con Jesús. Él es el cirineo que ayuda a cargar nuestra cruz. Tenemos que dejar claro que es prácticamente imposible vencer la tentación y vencer las cosas del mundo si no vivimos íntimamente unidos a quien es nuestra fuerza. Ningún santo puede jactarse de haber llegado al cielo por sí solo. La participación en los sacramentos, la oración continua y el esfuerzo, constituyen la fuerza del cristiano.

Acerquémonos a la Virgen María, ella que literalmente triunfó sobre el mundo con Cristo y que por su asunción alcanzó a Cristo que la esperaba triunfante en el cielo. Ella sabrá alcanzarnos la paz de Cristo.

Dejar un comentario.