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SI SABEN INTERPRETAR EL ASPECTO QUE TIENE EL CIELO Y LA TIERRA ¿POR QUÉ NO INTERPRETAN ENTONCES LOS SIGNOS DEL TIEMPO PRESENTE? (Lc. 12, 54-59)

El día de hoy Jesús nos reprende con carácter, con fuerza, pero sobre todo con amor. A lo largo de nuestras vidas vamos aprendiendo a conocer la naturaleza que Dios nos ha regalado, en esa naturaleza aprendemos a conocernos a nosotros mismos. El Espíritu Santo es el soplo de vida presente en cada momento de la creación, es la vida misma que entra como oxígeno a nuestro cuerpo.

El conocimiento que hemos adquirido a través de la ciencia, a través de la fe, nos permite ser mejores, utilizar todo para el bien propio y de los demás. Nuestros sentidos nos enriquecen la vida, nos permiten percibir lo bueno y lo no tan bueno.

Jesús hoy en su evangelio nos llama “Hipócritas” porque solo usamos el conocimiento que Él nos regala para nuestra conveniencia, en donde la mayoría de veces lo dejamos fuera, somos buenos para reconocer lo que hacemos “bien” lo que a nuestros ojos nos conviene, pero no logramos reconocer la presencia de Dios en nuestra vida.

Dios se manifiesta en la tranquilidad, en lo imperceptible, en lo sencillo del corazón y de las obras, en lo que sale del corazón, en el amor mismo. Reconocemos el placer, lo efímero que termina de un minuto a otro, buscamos el maquillaje social para cubrir las heridas más hondas del alma que solo pueden ser curadas por Dios.

Somos una sociedad de máscaras construidas por el egoísmo, por la soberbia que no nos permite ver la luz, los signos que bajan del cielo para el bien de nuestras almas, la señal de Dios es el amor, un amor generoso, que se entrega sin condición, un amor que inclusive solo se puede comprender con los ojos de la fe.

Oh Cristo, líbranos de la semilla del mal, la que endurece nuestros corazones y nos ciega para poder ver tus signos. Los signos del amor que unen y purifican a nosotros tus hermanos.

Señor, dame un corazón puro y nunca apartes de mí tu Santo Espíritu.

 

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