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SI COMPRENDIERAS LO QUE PUEDE CONDUCIRTE A LA PAZ (LC 19, 41-44)

¿Cómo podemos escuchar a Dios? Es una pregunta que seguramente nos hacemos en repetidas ocasiones. En el evangelio del día de hoy quiero resaltar dos aspectos que me parecen muy importantes. La naturaleza humana de Jesús y la advertencia final.

Jesús llora al contemplar a Jerusalén, y quizá llora al experimentar frustración, tristeza, enojo o por diferentes sentimientos que experimentó, después de mucho tiempo san Ignacio de Loyola les llamaría “mociones, movimientos internos del alma, del corazón”. Muchas veces nosotros lloramos también como Jesús, al contemplar alguna situación injusta en donde no podemos hacer mucho, por diferentes circunstancias, lloramos por sentirnos débiles, vulnerables, inclusive hemos llorado por amor, al no sentirnos correspondidos, quizá las lágrimas de Jesús fueron por sentirse rechazado, por ver que el mundo no acepta su amor que nos conduce a la paz. Jesús se hizo uno como nosotros con el objetivo de enseñarnos a ser realmente humanos.

La advertencia que hace al final matarán a todos tus habitantes y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no aprovechaste la oportunidad que Dios te daba. La consecuencia de no aceptar a Dios en nuestras vidas es la muerte, y no la muerte biológica como tal, Jesús se refiere a la muerte eterna. Y para poder aprovechar las oportunidades que Dios nos regala, debemos fortalecer nuestra espiritualidad, mediante la oración y la participación en los sacramentos, estas herramientas nos ayudarán a reconocer al buen y al mal espíritu, que continuamente se comunica con nosotros. El buen espíritu para consolarnos y motivarnos para bien, el mal espíritu para ponernos tretas (engaños, obstáculos) para hacernos caer y desmotivarnos.

Que el buen espíritu nos ayude a reconocer a Dios, quien nos conduce a la paz, a la vida eterna.

Yo soy la resurrección y la Vida; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá(Jn. 11:25).

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