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SERVIR Y DAR LA VIDA (Mt. 20, 17-28)

El egoísmo, el deseo de poder, la ambición, a veces desenfrenada, es algo inherente a la naturaleza humana. Por eso, les dice Jesús a sus discípulos: “Los jefes de los pueblos los tiranizan y los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes”. Así de tajante. En el reino que Él ha venido a instituir, nada de eso habrá. Ni siquiera con el pretexto de buscar implantar el orden y el bienestar de los demás.

Entonces, siguiendo a Jesús: “No sea así entre ustedes”. Ya sabemos que tiene muy poco que ver lo que pudieran ambicionar unos pescadores de Galilea de hace dos mil años y nuestras ambiciones. Pero, en el fondo, lo mismo. Porque, sólo cambian las cosas, la ambición y, su fuente y origen, el corazón, son lo mismo. Jesús apunta al corazón y pide con ese rotundo “no así entre ustedes” que cuidemos, sobre todo, las actitudes y valores. Cristo quieren de nosotros un modo nuevo de sentir, de valorar, de ver y juzgar, de vivir; aunque lo nuestro choque con las actitudes de los que no son seguidores suyos.

No nos está pidiendo que no busquemos la grandeza y lo grande. Todo lo contrario. Nos lo está pidiendo a gritos, pero con una condición: que no nos lo creamos; que no esperemos salir en los medios o que nos cedan el paso. La grandeza que Jesús nos pide, como la suya, va por otros caminos. Busca y quiere encontrar en nosotros bondad, capacidad de acogida, hospitalidad, ternura, compasión.

“El que quiera ser grande” no tiene que dejar de ser bueno, sencillo, que va poniendo un poco de cariño y ternura a su alrededor; una persona que vive intentando hacer el bien y echar una mano a quien pudiera necesitarla. Jesús desea para los suyos que adquieran conciencia de servidores generosos y, desde ahí, pongan a la comunidad el sello indeleble del discipulado evangélico, con toda claridad vivido por el Maestro que vino entre nosotros para servir y dar su vida en rescate de muchos.

Servir con Cristo ha de ser nuestro compromiso. Hemos de mirar bien nuestro papel y nuestro posicionamiento en la Iglesia. No hay excusas para no comprometernos con los más necesitados. En esta Cuaresma se nos pide una oración más reflexiva. Oremos para que nuestro servicio a los más necesitados esté más presente en nuestros trabajos y actitudes.

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