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SER POPULAR NO ES IGUAL A SER VALORADO (San Juan 1, 45-51)

Natanael o mejor conocido como Bartolomé, es uno de los 12 apóstoles que Jesús llamó para que estuvieran, aprendieran y vivieran con Él. A pesar de que es uno de los personajes fundamentales en la formación de la Iglesia católica, no sabemos mucho de él, pero después de lo que Jesús dice en referencia a él, qué más quisiéramos conocer.

Qué dicha que el Maestro dijera de cada uno de nosotros: “ahí tienen a un católico verdadero, en quien no hay engaño”. Son palabras que dejarían a cualquiera con la boca abierta, que manifiestan la rectitud, la honradez, la humanidad de alguien, y más cuando lo dice alguien importante.

Hoy este apóstol, Bartolomé, nos demuestra que no necesitamos ser tan reconocidos para ser valorados; hoy en día, que vivimos bajo el influjo de los medios de comunicación, y que todo va en relación con la popularidad, ya sea por medio de los seguidores, los likes, los comentarios o “me encanta” que tenemos. Eso no nos hace más o menos importantes. No por esto signifique que esté mal publicar en las redes, pero si le diéramos un giro a nuestros perfiles y nos dedicáramos a transmitir mensajes de esperanza, de amor, y por qué no hablar de Jesús, de lo que ha hecho o hace en tu vida, para que otros se animen a experimentar el gozo de Dios, las cosas a nuestro alrededor serían muy diferentes.

Estamos viviendo tiempos diferentes, y como católicos estamos llamados a dar testimonio de vida cristiana, y si no se puede cara a cara, puede ser por medio de lo digital. En ocasiones me pregunto: “Si Jesús viviera en nuestro tiempo, ¿también tendría perfil de Facebook o de Instagram o cualquier otra red social?”, no lo sé, yo pienso que sí, sería un medio que usaría para dar un mensaje de verdad, un mensaje que hablara del Padre y de su amor. Por tanto, pienso que también nosotros lo deberíamos de hacer.

Pidámosle al Apóstol Bartolomé, que interceda por nosotros ante el Padre y ante su amigo y maestro Jesús; para que podamos asemejarnos a él, en virtud y en gracia, para que algún día también nosotros podamos gozar del Reino de los Cielos.

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