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SED MISERICORDIOSOS, COMO VUESTRO PADRE ES MISERICORDIOSO (Lc. 6, 36-38)

El tiempo de Cuaresma tiene al centro la misericordia, de Dios hacia nosotros y entre nosotros. En esta ocasión san Lucas nos recuerda el mandato de Cristo: sean misericordiosos, con una medida concreta, como su padre es misericordioso. El reto y la buena noticia radican en que Dios en sí es amor, es misericordia. Esto significa que somos llamados a vivir en la misericordia infinita, pero también, la misericordia universal que consta de interminables maneras de ejecutarse.

El evangelio nos llega de maravilla el día de hoy, no porque entre nosotros se vivan desgraciadamente dos de ellas, sino porque son vitales en el caminar de comunidad, y nosotros somos una comunidad académica. Continúa el discurso con tres acciones: juzgar, condenar, perdonar.

Juzgar implica una sentencia de valor hacia una alguien. “Esta persona es…, si tan solo fuera más…”. El juicio proviene de nuestro sentimiento de superioridad sobre alguien y se olvida de la imperfección característica de todos. Tengamos presente que el juicio corresponde sólo al Justo Juez, y aún Él prefiere ser misericordioso más que juez. Recuerda que el tropiezo de la otra persona mañana puede ser el tuyo, todos somos imperfectos. El juicio en sí no es malo, todo el tiempo nuestras decisiones están marcadas por juicios, aún de lo que comemos o vestimos. La bondad o maldad radica en las palabras y la conclusión del juicio, podríamos sacar un aprendizaje de la misma situación por la que arrasamos al otro.

La condena es el acto seguido al juicio, la decisión que ejecutamos hacia el juzgado. “Debería…”, “yo mejor…”, y tantas otras frases con las que terminamos de hundir a la persona en su error. Olvidamos que Cristo vino a levantarnos de la miseria, no a ensuciarnos más en el fango.

El perdón es la respuesta cristiana a una realidad lastimosa. Quien perdona identifica la debilidad propia en la fragilidad del pecador. Es dar una segunda oportunidad, confiar en la posibilidad de volver a levantarnos, es saber que Dios sigue dando su confianza. Es devolver su dignidad a las personas.

De ordinario habrá situaciones de las cuales no sabremos cómo reaccionar, qué es lo que Dios nos pide ante algo. Dos premisas serán necesarias: Sean como Dios, es decir, piensa ¿Qué haría Jesús en mi lugar? ¿Qué me propone Dios, en su Palabra, para reaccionar a este momento? Porque Dios mismo perdonó, incluso en la cruz; enseñó, curó y levantó, entre otras obras de misericordia. También nos dice “Con la medida que midan serán medidos”, algo más fácil de entender: ¿cómo me gustaría que Dios y los demás reaccionaran a mi error?

No olvidemos nunca que Dios nos llama a vivir la misericordia ante nuestra debilidad, y que la buena convivencia evita juicios y condenas, porque nos llama a vivir el perdón, la misericordia y la empatía. La humildad y la oración vienen como dos herramientas para saber que en el fondo nadie busca lo negativo, sino que todos tratamos de obrar siempre bien.

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