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SE FUE ENTRISTECIDO, PORQUE ERA MUY RICO (Mt. 19, 16-22)

Médico de cuerpos y almas es una obra literaria de Taylor Caldwell, a mí parecer la más apasionante de todas sus novelas, que narra la historia de Lucas evangelista como si contara lo sucedido en su vida hasta antes de Hechos de los Apóstoles. Al describir la travesía de Lucas para encontrar testigos de la vida de Cristo y siendo un médico milagroso, este sube a un barco adornado con piedras preciosas para atender a un muy rico enfermo incurable y en agonía. Dicho sufrimiento no venía de algún mal somático, sino del arrepentimiento por haber preferido sus riquezas que a Jesús. Sí, ese agonizante era aquel joven rico que este evangelio nos narra. La parte que, en lo personal, me parte el corazón es leer lo que provocó la mirada de Jesús en aquel hombre que tanto atesoraba. No te cuento más del libro para dejarte con ganas de leerlo, ten por seguro que no te arrepentirás.

¡Qué caro es el Reino de los Cielos y el seguimiento de Cristo! Sin embargo, Jesucristo no nos pide que renunciemos a aquello que vale la pena. Él nunca nos pedirá renunciar al amor, a lo que nos vuelve plenos, a nuestra familia, a la salud o a nuestra dignidad. Nos pedirá renuncia de lo que estorba, lo que no nos lleva a nada, lo que se acaba.

En alguna ocasión lo pregunté a unos adolescentes que harían su confirmación y hoy te lo digo a ti. Imagina que encontraste a Cristo y un terreno valiosísimo que se llama Reino de Dios. Para poder comprarlos tienes que vender lo que tienes. Obviamente, si queremos conseguir una fuerte suma de dinero tenemos que irnos a lo grande. ¿Qué cosas, hábitos, pecados e ídolos son para ti los de más valor? ¿Estarías dispuesto a dejarlos? Y si con eso no te alcanza, ¿qué más venderías? En esta ocasión no pueden estar entre las respuestas los carros, inmobiliarios ni joyas; solo aquello que está en tu corazón y en tu conciencia.

Las riquezas tanto materiales como de cualquier otro tipo, cuando tenemos afectos desordenados, pueden convertirse en un obstáculo para seguir a Cristo. Por eso hoy te invito a que veamos qué es lo más valioso para ti y que lo pongas como en unos cajones en forma de pirámide. Posteriormente puedes examinar si ese lugar en que tú los pusiste es el que merecen o tendrían que ir más arriba o más abajo. No te olvides de meter a Dios también en tus cajones, pero sé realista.

Desde mi pobre experiencia te diré algo: Dios nunca te quitará aquello que te hace ser tú. En el peor de los casos te pedirá que se lo entregues un momento para pulirlo y regresártelo mejor de como lo tenías. Como si tuvieras un globo desinflado que Él va a inflar y hasta lo va a hacer una figura de animalito.

No basta con cumplir los mandamientos como si de una mera ley se tratara, porque eso terminará por atrofiarte, se necesita la convicción y el amor que harán de tu seguimiento una aventura de santidad.

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