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SABER ESTAR SIN SER (Jn. 17, 11b-19)

Nos encontramos ahora con la segunda parte de la oración “sacerdotal” que Cristo dirige al Padre intercediendo por sus amigos antes de ausentarse. En ella pide a Dios que santifique a sus discípulos en la verdad. La efusión del Espíritu Santo será la consagración de los discípulos en la verdad. Dicha consagración da al creyente acceso a la santidad de Dios. Podemos percibir en esta lectura dos condiciones para alcanzar esa santidad: mantenerse unidos entre sí por el amor, ya que éste forma parte esencial de la verdad de Dios, y vencer con ese amor el odio del mundo, en medio del cual tendrán que vivir los cristianos. ¿Por qué odia el mundo a los discípulos de Cristo? Porque la verdad no se aviene con la mentira del mundo, pues la deja al descubierto.

Por medio del evangelista san Juan podemos darnos cuenta que Jesús quiere dejar en claro una idea fundamental: saber estar sin ser. Saber estar en el mundo con una postura clara, acorde con la buena noticia recibida y sus exigencias para así no llevar al engaño a nadie, y, a la vez, no ser del mundo, no seguir su juego y sus componendas sutiles. Son los eternos dilemas para el testigo de la fe, porque siempre está en juego la verdad, la verdad, en sus múltiples acepciones. “Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad”, ora Jesús. Bien sabía Él sobre cuánta mentira se tejía en la vida de sus conciudadanos; en definitiva, de la humanidad.

Somos llamados por Dios para ser testigos de la verdad, pero solamente aquellos que viven en unión con Cristo serán capaces de llevar acabo esta encomienda, por ello, el cristiano debe experimentar y vivir personalmente su fe. El mundo no es sencillo, el mal acecha, nuestro mensaje puede ser incómodo, pero de la mano de Dios Padre, apoyados en Dios Hijo y con la inspiración de la palabra por parte de Dios Espíritu Santo, somos capaces de todo. La alegría del Evangelio saldrá por todos los poros de nuestra piel, por muchas nubes que haya en el cielo y por muchas piedras que haya en nuestro camino.

Señor no permitas que la persecución y el odio del mundo nos intimiden en nuestro compromiso cristiano. Danos fuerza para ser portavoces de la buena nueva y acompañar a nuestros hermanos los hombres en la difícil conquista del sentido de la vida. A todos los que sufren contrariedades por tu causa dales, Señor, tu Espíritu de paz y de gozo en el dolor. Amén.

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