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RELIGIÓN: CULTO Y VIDA (Lc. 19, 45-48)

Por 19 noviembre, 2020noviembre 20th, 2020Un café con Dios

Hay quienes identifican religión con una práctica cultual semanal o incluso diaria, en el mejor de los casos; o bien ocasional tan sólo un bautizo, primera comunión, boda, o funeral. Otros piensan que su fe y religiosidad es llevar encima o tener en casa objetos piadosos. Finalmente, otro tanto, se creen ya religiosos por tener sentimientos heredados y ancestrales respecto a lo sagrado o bien conocimientos de religión. Evidentemente, todo esto tiene relación directa con la religiosidad; pero según Jesús no constituye la religión en esencia y raíz.

El culto verdadero, la auténtica religión y adoración, es una respuesta de fe a la revelación de Dios. Y tiene dos direcciones de intersección: una vertical, que va de Dios al hombre y viceversa, y otra horizontal, que pasa del creyente y de la comunidad cultual a los demás hombres, a la vida, a las realidades mundanas, conectando todo intencionalmente con la línea vertical, con Dios.

Por eso la religión completa, en espíritu y en verdad, es el culto de la vida entera, vivida con absoluta fidelidad a la voluntad de Dios y en solidaridad con los hermanos, especialmente con los más débiles y necesitados. Al salir del templo cada domingo, o cada día, es cuando palpamos la verdad o mentira de nuestra religión.

Cristo Jesús es nuestro modelo. Él fue el gran adorador del Padre; Él es también el gran sacerdote y la víctima sacrificial del culto cristiano, que culmina en la fórmula cristológica y trinitaria que cierra la plegaria de la misa: “Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos”.

Templo, altar, ritos y ofrendas tienen valor cultual, pero no se bastan solos. Para un culto vivo a Dios cuenta más el factor humano, es decir, la fe del creyente y de la comunidad que, unidos a Cristo, adoran y alaban al Padre en espíritu y en verdad.

No obstante, la vivencia de la fe y su expresión no deben ser intimistas, sino comunitarias, sin dejar de ser personales. Nuestra común vocación en Cristo es formar un pueblo que confiesa a Dios en la verdad y le sirve santamente. Sin romper el equilibrio persona/comunidad, ni minusvalorar la manifestación exterior de las formas religiosas y litúrgicas, la primacía es del espíritu, de la fe y del corazón.

Padre, bendito seas, porque en Cristo estableciste con tu pueblo una alianza en la que Él es religión, culto y templo nuevos. Tú que nos pides frutos de fe y de amor, y no solo hojas de estéril piedad y cumplimiento, concédenos vencer nuestra pasividad e inhibición, sintiéndonos piedras vivas del templo del Espíritu. Queremos Señor llevar nuestro culto a la vida, al mundo, a los hermanos, al trabajo y la familia. Así podremos adorarte como Tú quieres: con una religión auténtica en espíritu y en verdad. Amén.

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