SEDES
Colima Guadalajara Lagos de Moreno La Piedad León Puerto Vallarta Querétaro Tepic Uruapan Zamora Online
Bolsa de trabajo Bolsa de trabajo Portal de pago Online Biblioteca

English Assistance

REDESCUBRIR NUESTROS TESOROS (Mt. 13, 44-46)

La llegada del Reino de Dios en la persona de Jesús fascina de tal manera que para todo aquel que lo descubre en toda su plenitud no existirá nada que se le pueda comparar con Él. Vale todo tipo de sacrificio, porque es lo único que, de ahora en adelante, dará pleno sentido a la vida entera del auténtico discípulo de Cristo. Esto no es una simple afirmación. La vida de los santos de todos los tiempos es el gran ejemplo de entrega que incondicionalmente hicieron de sus vidas.

Quien conoce a Jesús, quien se encuentra con Él de manera personal, queda fascinado, atraído por tanta bondad, por tanta belleza, todo en medio de una gran humildad y sencillez. El tesoro que Cristo representa para nuestra vida no puede tener comparación alguna.

Eso sí, para poseer las riquezas de ese Reino, debemos aprender a despojarnos de todo lo que aprisiona nuestro corazón. Es decir, todos aquellos afectos, inclinaciones, pasiones, instintos, y todo cuanto impida la posesión de Dios.

El descubrimiento del Reino de Dios altera la vida de quien lo descubre. Su “alegría” es inconfundible. Ha encontrado lo esencial de la vida, lo mejor de Jesús, el valor que puede cambiar su vida. Si los cristianos no descubrimos el proyecto de Jesús, en la Iglesia no habrá alegría.

Los dos protagonistas de las parábolas toman la misma decisión: “venden todo lo que tienen”. Nada es más importante que “buscar el reino de Dios y su justicia”. Todo lo demás que viene después, es relativo y debe quedar subordinado al proyecto de Dios.

Esta es la decisión más importante que hemos de tomar en nuestra vida: liberarnos de tantas cosas accidentales para comprometernos en el Reino de Dios. Despojarnos de lo superfluo. Olvidarnos de otros intereses. Saber “perder” para “ganar” en autenticidad. Si lo hacemos, estamos colaborando en la conversión de la Iglesia.

La Iglesia no puede renovarse desde su raíz si no descubre el “tesoro” del reino de Dios. No es lo mismo llamar a los cristianos a colaborar con Dios en su gran proyecto de hacer un mundo más humano, que vivir distraídos en prácticas y costumbres que nos hacen olvidar el verdadero núcleo del Evangelio.

El papa Francisco nos está diciendo que “el Reino de Dios nos reclama”. Este grito nos llega desde el corazón mismo del Evangelio. Lo hemos de escuchar y unirnos con el compromiso personal en la petición del Padrenuestro: “Venga a nosotros tu Reino, Señor”.

Dejar un comentario.