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QUIEN LOS RECIBE A USTEDES ME RECIBE A MÍ (Mt. 10, 34-11,1)

La décimo quinta semana del tiempo ordinario tiene presente, en este día, un discurso muy intenso de parte de Jesús, que pareciera un llamado a levantarnos en armas y dividir a la humanidad en el nombre de Dios, cosa que sería un escándalo y una contradicción en el mandamiento del amor. Podríamos dividir el texto en dos: el anuncio acerca de la reacción ante el Evangelio y el envío misionero alentador.

Quiero centrarme en esta frase salida de Jesús: “quien los recibe a ustedes me recibe a mí”. Como miembros de la Iglesia, todos participamos del mandato misionero de ir y anunciar la Buena Nueva del Reino de los Cielos. Tenemos que ir por la vida compartiendo ese mensaje y para hacerlo, en medio de un mundo descristianizado, necesitamos de nuestras acciones y la coherencia respecto al Evangelio. Pero ¿qué tanto nuestra vida transmite a Cristo? ¿Verdaderamente quienes nos reciben, reciben a Cristo? Porque quizás la gente ve a Juan, María, Fulano, pero encuentra a todos menos al que te ha enviado. ¿Hoy tus compañeros o alumnos recibieron a Cristo cuando entraron en contacto contigo?

Llevar a Cristo a los demás se realiza por medio de la vivencia de los valores, como lo son la justicia, la empatía, la solidaridad, el respeto, entre muchos otros; por medio de las acciones, como las obras de misericordia, anunciar la verdad, el apostolado, etc. Cada día tiene mil y una oportunidades de ser misioneros.

Después de todo esto quiero proponerte algunos puntos para que examines qué anuncias y puedas mejorar la manera en que comunicas a Dios. El primero de ellos puede ser tu tema de conversación. Procuremos, como dice san Pablo, que de nosotros no salga palabra desedificante. Busquemos conversaciones que recojan lo mejor de las personas, que nos enriquezcan, que demuestren que los demás nos importan positivamente.

El segundo punto sería nuestra actitud, eso que empapa a nuestro pensamiento y a nuestras acciones. He visto en otras comunidades que la mayoría de personas se mantienen con actitudes negativas que atentan contra la caridad y aumentan las arrugas en el rostro. Cambiemos la mentalidad para buscar actitudes marcadas por la apertura, el diálogo y la alegría.

Por último, quiero proponerte actuar como Jesús lo haría, porque si vamos a presumir a alguien tenemos hacerlo de la mejor manera posible. Antes de actuar intenta pensar lo que Jesús haría en la misma situación. Tratemos de ser fieles al mensaje preguntándonos si en verdad actuamos con fidelidad o si nuestra vida es como una copia borrosa y opaca del original. La oración nos hará dóciles para poder ser simples instrumentos para que Dios hable.

Que la Virgen María, ella que al llevar en su vientre al Mesías supo entregarlo a los demás, nos haga humildes servidores de aquel que nos ha pedido ir por el mundo anunciando su palabra.

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