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¿POR QUÉ ESTA GENTE BUSCA UNA SEÑAL? (Mc. 8, 11-13)

En la antesala de la cuaresma, san Marcos nos presenta la discusión entre los fariseos, misma que interrumpe Jesús. Los fariseos tratando de hacer titubear a Jesús y dejarlo en evidencia, le pidieron una prueba. ¡Qué ciegos aquellos hombres! Sin duda, nos cae como anillo al dedo lo que hoy nos recuerda Cristo.

No resulta fácil asegurar que en más de alguna ocasión hemos terminado en el mismo lugar de aquellos fariseos, pidiendo a Dios una señal de su presencia en medio de una u otra cosa. Hace unos meses con frecuencia escuchaba personas decir que si Dios era tan bueno, omnipotente y amoroso por qué permitía este problema de salud, por qué no sanaba a todos. La desesperación que vivimos en esta contingencia exige a Dios una señal.

Iniciemos esta reflexión con un ejercicio, un alto de cinco segundos para pensar. Hoy, ¿Qué señal le pedirías a Dios? Mientras tú pensabas la mejor respuesta, Dios te dio mil y una señales de su amor.

El libro del Génesis relata que, después del diluvio, Dios hizo aparecer un arcoíris, signo de su promesa. Por desgracia, en pleno febrero, resulta complicado que Dios nos mande un arcoíris como el de aquella ocasión. Pero Dios encuentra maneras de darnos señales de su presencia, amor y promesa con nosotros.

En alguna ocasión escuché una frase, “Gracias, Señor porque cuando te pedía de todo para disfrutar la vida, decidiste darme vida para disfrutarlo todo”. Fíjate cuán precioso ilumina el sol en este día, ¿ya escuchaste el cantar de los pájaros, o al menos el ladrido de los perros? ¿Notaste el delicioso sabor de tu café, o de tu desayuno? Detente, qué dicha gozar del vibrante latido de tu corazón que hace marchar tu ser mientras un revitalizante respiro llena tus pulmones, ¡cuánto gozo en medio de una pandemia! Si lees esto seguramente corres suerte de tener un empleo o de la oportunidad de estudiar.

Dios nos da muchas señales, en la naturaleza, nuestra salud, en que no nos falta lo necesario, en las personas que nos estiman y en quienes nos sacan una sonrisa. No esperes señales millonarias, ni de ideales humanos. Aunque Dios pudiera darnos todo tipo de señales, prefiere aquello que en verdad importa.

Dios, cada día, nos reitera que nos ama, que nos desea y que sigue confiando en nosotros para extender su reino y mostrar su rostro a los demás. ¿Qué señal le darás tú hoy a Dios?

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