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¿PARA QUÉ SEGUIR? (Hb. 11, 32-40)

Seguramente es algo que te has preguntado más de una vez. ¿Para qué seguir estudiando, esforzándome, cumpliendo, buscando? Y la pregunta se torna más cruel cuando vemos que las personas a nuestro alrededor poco a poco claudican o se quedan atrás en el camino. Todos hemos atravesado situaciones que desgastan las fuerzas y nos desmotivan, opacando la meta a la que somos llamados.

Pienso qué hubiera sido de nosotros si los inventores de lo que utilizamos frecuentemente se hubieran rendido. ¿Cómo hubiéramos trabajado si el inventor del internet se hubiera rendido? La humanidad ha crecido por el esfuerzo de personas valientes que encontraron motivos para seguir. El mayor de ellos ha sido Jesús, que aun cayendo varias veces en el camino al Calvario se levantó y siguió, porque tenía claro que en su meta se encontraba la plenitud de la humanidad.

El panorama actual es muy negativo, si analizas críticamente la realidad que te rodea podrías ver imposible un mejor futuro para la sociedad, en el ámbito que gustes analizar. Pero los cristianos encontramos en Jesucristo el ejemplo para seguir con el paso firme, el rostro al frente y la mirada al cielo.

La virtud teologal es aquella que dispone a los cristianos a vivir en relación con la Santísima Trinidad. Particularmente está la esperanza, se trata de aspirar siempre al cielo, no por nuestras fuerzas, sino confiando en la gracia de Dios. La esperanza es la seguridad de que hay algo más, que Dios sigue actuando, que en el mundo siguen existiendo discípulos de Jesús que llevan amor y sonrisa, seguridad de que todo estará bien porque Dios busca nuestro bien.

¿Para qué seguir? Para alcanzar el Reino que Dios nos tiene preparado, para traer el cielo a la tierra, para que nuestras obras griten al mundo que Cristo reina. Tenemos que seguir, con la seguridad de ser llamados a algo más: la santidad. Dios ha pensado en ti con una misión en especial, para la cual se quiere valer solamente de ti.

Atrévete a buscar razones sólidas y profundas para continuar, razones trascendentes, no materiales ni temporales. Así lo hizo Jesús, entendió que su plenitud estaba en hacer la voluntad del Padre y donarse a los demás, aún en la muerte en la cruz.

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