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OVEJAS EN MEDIO DE LOBOS (Mt. 10, 16-23)

Este pasaje del evangelio de San Mateo bien lo podemos relacionar con un texto de san Pablo. El gran apóstol nos invita a tomar conciencia del gran tesoro que llevamos de parte de Dios, pero lo llevamos en vasijas de barro. Esta idea de san Pablo tiene relación con el evangelio de Mateo. Nuestro Señor Jesucristo envía a sus discípulos a la misión de evangelizar, pero les advierte que van “como ovejas en medio de lobos”.

El parecido que podemos encontrar entre las expresiones anteriores es la conciencia que se tiene sobre el riesgo en el que nos encontramos. Cuando hablamos de un tesoro, es de suponer que deseamos tenerlo bien resguardado con cualquier cantidad de medidas de seguridad: barrotes, muros espesos, etc. Sin embargo, este tesoro, del que nos habla san Pablo, se encuentra en vasijas de barro, sinónimo de riesgo, de peligro. Si consideramos al apóstol como una oveja que entra a evangelizar en un campo de lobos, es inevitable pensar en el terrible peligro en el que se encuentra.

Todos sabemos la gracia que Dios nos ofrece, conocemos su amor, hemos recibido muchísimo de Él, es un gran tesoro el que nos ha dado, a pesar de ello somos frágiles por dentro y por fuera. Por ello, es evidente que el Señor quiere que tomemos conciencia de nuestra fragilidad. Esto no significa que hemos de tener un pensamiento derrotista o pesimista, más bien, es un pensamiento que da gloria a quien la merece, al único que puede sostenernos. Por esa razón nuestro buen Maestro, que nos envía como ovejas en medio de lobos, también afirma: “el que persevere hasta el final se salvará”. Esta frase de Jesús sobraría si la derrota fuera un hecho consumable o inevitable, y no es así. Nosotros, como discípulos de Cristo, no hemos sido llamados a la derrota, hemos sido llamados a la victoria, que se obtiene por el camino de la prudencia; de ahí el ser astutos como las serpientes sin dejar de ser sencillos como las palomas.

La victoria se obtiene cuando reconocemos, con humildad, que todo lo hemos recibido y no es mérito nuestro. La oración y la fidelidad serán factores importantes para alcanzar dicha victoria, porque, es necesario perseverar todos los días. Debemos ser sabios para llegar a entender que, en medio de las persecuciones y aparentes derrotas parciales, existe una victoria inmensa. En estos tiempos, donde los lobos se alborotan, cuando aparece la burla y la profanación en aumento, uno se da cuenta de la profundidad de las palabras del evangelio y recuerda a los mártires, quienes al ver que su palabra es estrangulada, su cuerpo es maltratado, su dignidad es olvidada, sabe que debe experimentar todo esto como una especie de derrota y, sin embargo, la sabiduría del Espíritu, le permite ver más allá de ese derramamiento de su propia sangre una victoria que está más adelante.

Así que, sí, somos frágiles, pero en medio de esa fragilidad es grande la gloria del Señor, y como decía san Pablo: “por mi vida o por mi muerte, se glorificará el Señor”.

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