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OJO POR OJO, DIENTE POR DIENTE (Mt. 5, 38-42)

Seguramente todos alguna vez hemos empleado esta tan conocida frase “ojo por ojo, diente por diente” también conocida como “ley del talión” en el evangelio de hoy escuchamos como Jesús sigue siendo signo de contracción, y viene a revolucionar aquello establecido con anterioridad; pero Jesús no viene a abolir la ley, sino a darle plenitud, como Él mismo lo menciona en este fragmento del Evangelio.

Y es que Jesús le da un giro de ciento ochenta grados a una “ley justa” como era la ley del talión, pues era bien visto regresar un daño en la medida del daño que se había recibido; pero Jesús nos enseña con su propia vida que “la medida del amor, es el amor sin medida”, como lo dice san Agustín. Jesús enseña que no debemos cobrar venganza, sino que al contrario a todo mal debemos responder con caridad y amor, detalle que sin duda cuesta mucho trabajo, sin embargo, es ahí donde radica el verdadero ser del cristiano.

Es fuerte poner la otra mejilla al que te abofetea cuando ya hemos sido golpeados, es más, nos parece inaudito, y en la mayoría de los casos cuando esto sucede, nos vence la tentación de responder de manera instantánea ante dicha ofensa, y es un instinto muy normal y humano. Pero Jesús no nos pide algo por lo que Él no haya pasado, pues ha sido probado en todo menos en el pecado, como lo dice san Pablo en su Carta a los hebreos. Por eso Jesús fue calumniado, abofeteado, golpeado hasta derramar la última gota de sangre por nosotros, tuvo una muerte de cruz, que era lo más denigrante para un ser humano de su época, y todo lo hizo por amor, y todo con una actitud dócil y sin defenderse, por ello la cruz es la prueba de amor más grande que jamás haya existido.

Jesús mediante esta doctrina nos enseña la gran revolución del amor cristiano: amar gratuitamente, sin pedir ni esperar nada a cambio. La consigna de Jesús tiene aplicación actual y la vivimos cada día, pues estamos siempre acosados por la injusticia, los conflictos y las reclamaciones, por esta razón nosotros consideramos nuestros derechos, en todos los niveles, cívico, administrativo, familiar o laboral. Por eso nosotros como cristianos debemos portar la bandera de la no violencia, del amor; sin por ello, caer en una actitud cobarde y pasiva sin razón, sino más bien con amor, ser valientes defensores ante la injusticia en pro de los derechos humanos.

Perdonar y amar gratuitamente nos resultará imposible si vivimos sin amor, como un hábito en nuestra vida y conducta cristiana, pero recordemos que lo que para el hombre resulta imposible, es posible para Dios, quien por el misterio pascual de Cristo nos puede transformar en hombres y mujeres nuevos, siempre que estemos dispuestos a hacerlo. Pidamos a Dios que ilumine nuestras mentes y toque nuestros corazones, para que podamos así, ser signos del amor de Cristo, y devolvamos siempre bien a los demás sin importar lo que de ellos recibamos.

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