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OBRAS SON AMORES (Lc. 4, 38-44)

Tanto en la sinagoga de Nazaret como en la de Cafarnaúm la gente se puso en contra de Jesús porque se atribuía el hecho de que la Escritura se cumplía en Él. A este hecho corresponde el párrafo evangélico de hoy. Se nos narra la práctica de la teoría que Cristo les había comentado en Nazaret.

El primer milagro tiene lugar en casa de Pedro. Su suegra se encuentra con mucha fiebre, y Él increpa a la fiebre que inmediatamente desaparece, y la mujer, curada ya, comienza a trabajar en el servicio del hogar. Luego, al ponerse el sol, todos los que tenían algún enfermo se lo llevaban a Jesús para que los curara. Él, imponiéndoles las manos, los curaba.

Al hacerse de día, Jesús se retiró a un lugar tranquilo para orar. Pero la gente no se lo permitió, y empezaron a buscarlo hasta que dieron con él. Intentaban retenerlo, pero él, sabiendo por qué le buscaban, les indicó su deseo y obligación de ir a otros pueblos a anunciar el Reino.

Jesús no pretendía curar a todas las personas con fiebre, ¡o sanar a todos los enfermos que había entonces en el mundo de sus dolencias y males! Sólo buscaba “anunciar el Reino”. Y, para eso, se sirve de gestos que hacen ver a cuantos los contemplan rasgos de su Padre Dios y de Él mismo. Meditemos en tres actitudes que nos pueden ayudar a comprender el sentido de estos gestos.

Compasión. Jesús cura a la suegra de Pedro y a todos los que acudieron a Él para que vieran ellos, y nosotros al recordarlo, que su Padre Dios es compasivo y misericordioso, ya que Jesús no hace más que mostrarnos el rostro de su Padre Dios. Y, porque su Dios es compasivo con nosotros, también nosotros tenemos que serlo los unos para con los otros. A esta compasión la llamamos amor samaritano, por la parábola que, cronológicamente, dirá más tarde sobre el Buen Samaritano.

Oración. Con el gesto de retirarse de madrugada a un lugar solitario a orar, nos quiere indicar la importancia de las buenas relaciones con su Padre Dios, sin las cuales no podríamos anunciar, como Él quiere y espera, la Buena Noticia del Reino. También nosotros necesitamos, incluso cuando más ocupados estamos, sentarnos tranquilos a charlar con Dios, siguiendo su ejemplo. ¡A disponernos todos los jueves para este encuentro!

Cercanía. Jesús muestra una cercanía, que raya en la ternura, en la curación de la suegra de Simón Pedro, como en todas aquellas personas enfermas, del alma y del cuerpo, a quienes atiende y sana. Además, Jesús no se hacía ilusiones, sabía por qué le buscaban y por qué querían retenerlo. Sólo busca humanizar, liberar, para que puedan tener una vida más digna, como plataforma para escuchar y recibir la Buena Noticia del Reino.

Te alabamos, Padre, porque Jesús pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos. Su ejemplo nos estimula al compromiso cristiano en favor de la liberación de los más abandonados. Danos tu compasión, ayúdanos a perseverar en la oración y haz que busquemos acercarnos al más necesitado. Amén.

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