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Nope!, y la cosificación del ser

José Alejandro Domínguez Islas · Estudiante de la Licenciatura en Producción de Medios Audiovisuales, UNIVA Guadalajara

 

Desde 2017, Jordan Peele ha marcado su huella en el género del terror, uno tan acostumbrado a espectros, posesiones, figuras del más allá. Sin embargo, desde Get Out, el director aborda el racismo, la dualidad humana, y ahora con Nope!, se adentra en miedos más terrenales y latentes relacionados con el avance de la tecnología: la explotación del espectáculo.

Nope!, sigue a los hermanos OJ y Emerald Haywood, quienes tras la muerte de su padre por un evento misterioso, se quedan a cargo del rancho, donde se entrena caballos para producciones audiovisuales. Sin embargo, tras presenciar un platillo volador, buscarán tener evidencia del fenómeno a toda costa.

Aún con una trama que recordará a cintas de ciencia ficción, Peele demuestra una vez más por qué es uno de los nuevos referentes del terror. Desde su primera secuencia, vemos un chimpancé en un set de televisión, se presencia sangre, un cuerpo inmóvil, no sabemos qué pasó, sin embargo, la figura de una criatura despertando su ira ante sus espectadores hará más sentido conforme la película avanza.

Su director nos adentra en las consecuencias de un mundo adicto al abuso de la mirada, creado a partir de lo que sea, una forma de entretenimiento al alcance del ojo humano. Aunque estemos acostumbrados a ello, el verdadero horror y forma de justicia, comienza en pensar lo que pasaría cuando las posiciones se inviertan, dejando uno de ser audiencia, convirtiéndose en espectáculo. Resultando irónico al proponer este discurso en una forma de divertimento, ya que la película logra tener varios momentos cómicos y emocionantes, además de presentarlo a través del terror, pero que logra funcionar.

En la era digital, estamos tan acostumbrados a todo el tiempo compartir información, ser expuestos por nosotros mismos ante el mundo, y que éste también nos exponga. Incluso como espectadores, la manera de referirse a películas, canciones, libros, puede percibirse como meros contenidos diseñados con el fin de otorgar un placer inmediato, convirtiendo lo ordinario en un show a la espera de ser observado.

Según el estudio de 2016, The relative popularity of genres around the world, escrito por Stephen Follows, México es el país que más consume terror en la cartelera cinematográfica. Estrenos cercanos como El Teléfono Negro, Escalera al Infierno, Invitación al Infierno, El Hijo del Diablo, y por supuesto, Nope!, refuerzan, aún seis años después, los datos. Como nación, adentrarse a sentir miedo en un espacio seguro como la sala de cine, podría incluso resultar catártico, considerando los miedos que existen en México.

Para Nope!, representar la otredad en un platillo volador despierta el terror en la rebeldía de este ser, que aun en las consecuencias finales de la cinta, nos toma a nosotros como espectadores, a reforzar ese papel adictivo, dominante y aspirante de una fama, mientras todo aquello lo convertimos en objeto del cual tenemos que tomar un protagonismo alrededor del ser.

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