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NO TRABAJEN POR EL ALIMENTO QUE SE ACABA (Jn. 6, 22-29)

En este lunes de Pascua, san Juan nos presenta a una muchedumbre que sigue a Jesús con mucho vigor, incluso rodeando el lago que Él atravesó en barca. Llama la atención la preocupación de aquellas personas por seguir de cerca a Jesús, pero interesa más la respuesta del Maestro “me siguen porque les di de comer”.

Este relato nos pone frente a dos puntos interesantes, una cuestión y una invitación. La primera de ellas, la cuestión es por qué lo seguimos. El seguimiento de Jesús se torna bonito y cómodo cuando estamos bien, cuando nos da lo que pedimos, cuando hay salud y un sustento; esa realidad donde todo marcha bien y en la que obviamente descubrimos a Dios bueno. Pero de fondo, ¿Seguimos verdaderamente a Dios o sólo buscamos un proveedor? Si buscas al proveedor no quiero imaginar qué pasará el día que no te conceda lo que quieres, cuando falte lo que nos da seguridad, cuando las cosas no salgan como pedimos.

Hace unos días una alumna de preparatoria, animada en los trámites para su carrera, me llamó muy triste preguntándome por qué Dios no la ayuda en su proceso de admisión, aun cuando ella oraba sin cesar. En realidad ella estaba frustrada porque Dios proveedor olvidó darle lo que pedía. Por otro lado, en alguna ocasión, Fulano (constante adorador eucarístico) estaba enojado con Dios después de ser diagnosticado con cáncer de médula, enojado con ese Dios a quien adoraba por las noches frente al sagrario. Y tú, hoy por hoy, ¿Por qué sigues a Dios? ¿Lo seguirías aun cuando falte lo que es importantísimo para ti? Que las carencias de la vida nunca nos separen de quien lo es todo, de quien sabe lo que es bueno para sus hijos.

Una invitación radica en el segundo punto del que Jesús nos habla: No trabajen por el alimento que se acaba, busquen los bienes de arriba. Seguramente más de alguno vendrá a decirme que es imposible no atender esta necesidad económica cuando hay hijos, hogar, deudas, etc., pero no me refiero exactamente a eso. Podemos pasar por la vida, especialmente pasar por nuestras labores en la institución, teniendo como objetivo solo trabajar para recibir dinero, como si eso fuera lo único que vale en la vida. Quien busca solo el dinero y el alimento suele ser aquel que da el mínimo, esa persona de complicadas relaciones con sus compañeros, quien llega después y se va antes o hace lo posible por huir de su lugar de trabajo.

Anhelar más que el pan o el dinero, tiene de fondo hacer presentes los valores del Reino aquí donde estamos. Quien anhela algo más es quien hace amigos, que genera un ambiente sano y fraterno, aquel que evita críticas, que se esfuerza por dar un poquito más. Quien entiende que el dinero va y viene, pero las personas y los momentos tienen la posibilidad de construirnos.

Hoy te animo a que trabajemos por lo que vale la pena, que busquemos sentidos más profundos. Bien nos dice Jesús, “Busca el Reino y todo vendrá por añadidura”. Busca hacer la voluntad de Dios, que Él no se queda con nada. Recuerda que las flores no se preocupan de su color ni los pajarillos se preocupan por el alimento, y aun así Dios no se olvida de ellos. Tú no te olvides de él.

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