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NO SE TURBE SU CORAZÓN (Jn. 14, 1-6)

En la casa del Padre hay muchas estancias y Jesús va a prepararnos un sitio, al igual que Yahvé preparó una tierra para el pueblo liberado de la esclavitud. Jesús es el Camino, al igual que Yahvé dispuso una nube que guiara al pueblo de día por el desierto, y una columna de fuego por la noche, mientras duró su travesía por el desierto. La solicitud amorosa del Padre se palpa tanto en la antigua como en la nueva Alianza.

Cuando todo nos invita al desaliento, a la desesperanza y a la turbación, surge una voz en medio de la oscuridad de este mundo: “Yo soy”. Yo soy el Camino, no un camino más, o un camino distinto, sino el Camino. Yo soy la Verdad, no una opinión, una corriente filosófica o de pensamiento dominante, sino la Verdad. Yo soy la Vida, no una droga que nos hipnotiza y nos inhibe, sino la Vida.

No hay que temer ni vacilar ante los que nos muestran y nos invitan a caminar por otras sendas. Nuestra meta es el Cielo, lo sabemos, y además conocemos el camino y tenemos acceso a él por medio de Cristo. Esa es la alegría de la Pascua, el mensaje de la salvación.

¿Cómo se va a ese maravilloso lugar donde hay estancias para todos? Hoy Jesús nos lo dice claro “Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. Buscar a Dios como lo buscaba Jesús, denunciar las injusticias como las denunciaba Jesús, predicar el Reino de Dios como lo predicaba Jesús, curar, sufrir, liberar, morir, dar vida, esperanzar, llevar alegría a las personas, ser luz y sal del mundo, y, en definitiva, amar como lo hizo Jesús de Nazaret. Es así como llegaremos a esa estancia donde hay sitio para todas las personas y donde nos encontraremos con nuestro Dios, el Dios de la vida y de la resurrección.

¿Perderemos el miedo, alguna vez, de quedarnos sin cobertura para transitar por el camino de Jesús de Nazaret? Confiemos, no tengamos miedo. Sólo necesitamos creer en Jesús y en su Padre. Sólo necesitamos seguir escuchando los rasgos que nos va entregando Jesús de su Padre, y fiarnos de ellos. La promesa está hecha y el hogar preparado. Donde está Él, por Él, estaremos también nosotros.

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