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NECESITAMOS ORAR CON JESÚS (Jn. 17, 1-11ª)

Jesús, poco antes de entregar su vida como último acto de amor, concluye su coloquio final con sus apóstoles dirigiendo su oración al Padre. Una oración que resume el significado de toda su vida y que va más allá del tiempo y el espacio para alcanzar a los discípulos de Cristo de todos los tiempos. Esta oración se ha calificado como “sacerdotal”, viendo en ella un himno de consagración en el que el Hijo se ofrece al Padre como sacrificio perfecto.

Ha llegado la hora. En una única mirada de fe, el evangelista contempla la hora de la cruz, suprema muestra del amor de Dios por la humanidad y la hora de la resurrección gloriosa, respuesta desconcertante de Dios a la entrega total de su Hijo. En esa glorificación del Hijo se manifiesta también la gloria del Padre, que ha consumado, de manera insólita, su proyecto eterno de salvación y de vida.

Jesús lleva consigo en la oración a sus discípulos. Él les ha dado a conocer ese proyecto de Dios sobre el mundo, ellos lo han reconocido y lo han aceptado, y así, han participado de su propia misión recibida del Padre. Jesús pide ahora que sean también asociados a su propio destino, aunque para ellos aún no ha llegado la hora de la partida. Ellos seguirán en el mundo extendiendo su obra, proclamando la bondad de Dios con su predicación y su ejemplo, para poder estar, también, con Él un día, participando de su gloria en la casa del Padre.

Necesitamos orar con Jesús. El hecho de pronunciar Jesús su oración al Padre ante sus amigos y en voz alta es una invitación a que participen en la misma ellos y los creyentes de las generaciones futuras, es decir, todos nosotros, por quienes ruega el Señor. Se dice que hoy en día existe una crisis de oración entre los cristianos, se reza poco y se ora mal cuando se hace. La Iglesia primitiva comenzó su camino histórico de la misión entrenándose en la oración comunitaria, porque es en la oración donde está la fuerza secreta de la comunidad y del cristiano para testimoniar a los hombres la presencia de Cristo.

Necesitamos orar siempre y con más intensidad en los momentos de crisis personal o comunitaria, para reafirmarnos en nuestra identidad cristiana. Necesitamos orar, ya sea en medio de nuestras ocupaciones ordinarias, o retirándonos a solas con Dios; pero en cualquiera de estos casos, siempre escuchando a Jesús, que es escuchar al Padre, y orando con Él para aceptar el misterio de lo indecible y testimoniarlo después a nuestros hermanos. Convenzámonos: la oración con Jesús es indispensable para una vida cristiana pujante.

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