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Mi Padre siempre trabaja (Jn. 5, 17-30)

Jesús responde a quienes lo critican por haber violado el sábado curando al paralítico de la piscina de Betesdá, situada junto a la puerta de las Ovejas. Y a ellos, sus eternos adversarios, les enfrenta añadiendo un motivo más de escándalo: llamar a Dios Padre suyo y hacerse igual a Dios. La obra fundamental de Jesús es revelar el amor que el Señor tiene al hombre y el transmitirle su misma vida divina, porque tiene poder para ello. Ese amor transforma y regenera. Experimentarlo es pasar de la muerte a la vida, sea en el presente que en el futuro.

A la luz de este pasaje del Evangelio conviene plantearnos en nuestra vida con estos tres elementos: el trabajar, el dar vida, y el juzgar.

Primer momento. Trabajar: Es la dignidad del hombre que lo une con lo divino. Ni tú ni yo podemos vivir de arriba, de la dependencia del otro. Es aprender a trabajar por lo mío y para lo mío. Por eso en el trabajo de cada día está el eje de la santidad que muchas veces nos cuesta trabajo realizar. Porque santidad implica producir y en la vida el producir significa hacer cosas desde mí para los demás, el donarme. Donde está puesto tu trabajo hoy, será donde esté puesta tu producción a la santidad, la tuya y en consecuencia la santidad de los que trabajan y colaboran contigo.

Segundo momento. Dar vida: Qué hermoso saber que Dios vino a darte vida a ti, a mí y a todos los que conocemos. Y que en este caminar como creyentes que somos, pasa todo por ello, por ser personas con vida. Tú y yo tenemos que recordar siempre que somos personas que damos vida a los que nos rodean. Somos personas que transmiten vida desde nuestra vocación, sea consagrada, de matrimonio, como soltero o soltera. Y desde el campo de la fe, la religión, esa relación con Dios, no ha de impulsar a comprender lo que verdaderamente es generar vida, y no muerte. No podemos matar desde la fe o religión (nuestra relación con Dios) ilusiones o entusiasmos a vivir, al contrario, somos personas de vida y hemos de contagiar ese sano sentir a todos.

Tercer momento. Juzgar: El juicio será a través de nuestros actos. Aunque debemos de reconocer que muchas cosas ya las pagamos desde aquí. Por ejemplo, si eres soberbio, la paga será esa soledad en la que te dejan los que te rodean. Muchas de las situaciones que hoy te duelen también pueden ser producto de tus actos de hoy. Por ello conviene que hoy pidamos a Dios que sane nuestras vidas y nos llene de su misericordia. Bendecido día.

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