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MI ALMA GLORIFICA AL SEÑOR Y MI ESPÍRITU SE LLENA DE JÚBILO EN DIOS, MI SALVADOR (Lc 1, 39-47)

En la fiesta de la Virgen María, Nuestra Señora de Zapopan, reflexionamos el encuentro entre Isabel y María. Una vez que María recibe la noticia de parte del ángel, sale corriendo a visitar a su prima Isabel. Del encuentro con Isabel brota de los labios de María un cántico insustituible entre los cristianos, conocido como “Magnificat”.

El alma que glorifica al señor y el espíritu se llena de júbilo en Dios, son dos situaciones consecuentes al conocimiento de que Dios actúa en nosotros y por nosotros en favor de nuestra salvación.

Nuestra alma y todo nuestro ser dan gloria a Dios por medio de la vida plena. Una persona atenta a los regalos de Dios descubre en todo momento cómo Él actúa incluso cuando las situaciones son adversas, y sabe agradecer y glorificar al Dios amoroso que nos acompaña. Se da gloria a Dios cuando obramos con justicia, rectitud, amor y misericordia; cuando vivimos en la verdad, con la consciencia tranquila y en paz con quienes nos rodean. ¿Tu vida es un constante glorificar a Dios? ¿Qué cambiarías para que tu gloria sea mayor que ahora?

El espíritu se llena de júbilo en Dios cuando nos disponemos a aprovechar la gracia que Él nos da. ¿Tu relación con Dios te ha permitido sentir gozo? ¿En qué momento descubres mayor bendición de su parte? Tenemos muchas maneras de experimentar el gozo en Dios, tales son la oración, los sacramentos, los logros de las personas que amamos y la seguridad de obrar bien.

Glorificar a Dios y llenarnos de gozo en Él no implica grandes sucesos, bastan unos ojos abiertos, unas manos juntas y un corazón dispuesto.

Que nuestra madre, la Virgen María, en su advocación de Zapopan, nos enseñe a vivir siempre dispuestos a la voluntad de Dios, nos mantenga firmes al pie de la cruz y nos ayude a gozar del triunfo de su Hijo.

Nuestra Señora de Zapopan, protectora contra rayos, tempestades y epidemias, ruega por nosotros.

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