SEDES
Colima Guadalajara Lagos de Moreno La Piedad León Puerto Vallarta Querétaro Tepic Uruapan Zamora Online
Bolsa de trabajo Bolsa de trabajo Portal de pago Online Biblioteca

English Assistance

MEJOR, AYUNO Y AYUDO (Is. 58, 1-9ª)

En esta lectura nos puede dar la impresión de que el profeta Isaías ataca la práctica del ayuno, pero no es así, lo que en realidad denuncia el profeta es la vaciedad del ayuno exterior, es decir, el hecho de que el ayuno se quede en un formalismo exterior y no vaya acompañado de una conversión interior que se muestre en las obras.

Isaías nos habla de dos realidades muy contrapuestas. Por un lado, aparece la hipocresía del hombre, vivir de las apariencias, aparentar ser piadoso y misericordioso y, sin embargo, en el fondo carecer de misericordia y caridad. El Señor es muy claro y no se anda con rodeos, tanto para anunciar las consecuencias de nuestras malas acciones, de nuestra hipocresía y nuestro aparentar, como para decirnos la recompensa de vivir con las mismas actitudes de Dios, amando al prójimo que es donde se demuestra el amor a Dios.

Por otro lado, frente a esta situación del hombre en esta perícopa se nos manifiesta la otra cara de la moneda, que es la misericordia de Dios. Si hay algo que Jesucristo condene severamente es la hipocresía farisaica. Y es que no hay cosa que más escandalice que un cristiano que no viva su fe con coherencia y transparencia. No sólo tenemos que ser creyentes, sino creíbles. No podemos vivir de la apariencia, ¿de qué te sirve ayunar de comida, dejar de tomar o ir a comulgar todos los días si luego actúas en contra de la voluntad de Dios y no practicas la misericordia porque ni siquiera puedes ayudar a tu prójimo que te resulta antipático?

Ayunar es no cerrarte a tu propia carne, es dar de comer al hambriento y de beber al sediento, vestir al desnudo y dar techo a quien no lo tiene, visitar a los enfermos y a los presos, enseñar al que no sabe y dar consejo al necesitado, consolar al afligido y perdonar al ofensor, es corregir al pecador, es sufrir las injusticias con paciencia y rezar por los vivos y los muertos, en definitiva, es vivir la misericordia que transfigura al hombre y hace que su vida sea como una nueva aurora.

El ayuno verdadero que Dios nos pide es que amemos a los demás, que nuestros sacrificios vayan seguidos de obras de caridad. En esta Cuaresma trabajemos por vaciarnos de nuestro “yo” y dejemos que Dios habite en nosotros para que pueda surgir en nosotros un corazón misericordioso como el suyo.

Dejar un comentario.