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ME VOY, PERO IRÁN CONMIGO (Jn. 14, 1-6)

Este pasaje evangélico de san Juan nos remonta al discurso de despedida en el cenáculo. Jesús ha mencionado la traición por parte de Judas y la triple negación del apóstol Pedro. Se percibe en el ambiente un pesado y natural desánimo en los demás. Las pruebas más fuertes y complicadas en la vida de los apóstoles están por venir: la muerte del Maestro, la traición, una sangrienta persecución, incluso, en algunos casos, el martirio.

Había que mantener la paz en el corazón de aquellos hombres que serían sus testigos ante los demás pueblos, que debían extender ese mensaje esperanzador por todo el mundo, que harían presente la gracia de Dios por medio de ellos. Qué insinuación tan hermosa reciben de parte del Maestro: volveré y los llevaré conmigo. Me voy, pero irán conmigo. Es prácticamente la promesa que Jesús hace a sus discípulos. Les tiene preparada una habitación en la casa del Padre y volverá para llevarlos a gozar de ella por toda la eternidad.

Hermanos, es claro que la forma de vivir nuestro cristianismo en pleno siglo XXI dista mucho de la realidad que vivieron las primeras comunidades cristianas, sin embargo, sigue siendo complicado mantenernos en la fidelidad del llamado. Muchas veces somos tentados y caemos en la traición al maestro, abandonamos nuestras convicciones y nos entregamos ciegamente a nuestros pecados; nuestras acciones niegan o contradicen mucho nuestra fe. El dolor, la enfermedad, la necesidad, el miedo, son situaciones muy complicadas en la vida, que buscan someter al hombre en una desesperanza.

Sin duda, en más de alguna ocasión, a pesar de creer en Jesús, de entrar en “comunión” con Él y de ser testigos de toda la gracia que deposita en nuestra vida, al igual que los apóstoles, hay situaciones que nos hacen perder el ánimo. Quiero que juntos nos alegremos con estas palabras que Jesús nos dirige, nos tiene preparada una habitación en la casa del Padre, y no sólo eso, vendrá por nosotros para conducirnos a ella, será Él quien nos guíe. Sólo no perdamos de vista a Jesús, como ese camino a casa; vivamos en la verdad de nuestras vidas, haciendo lo que nos toca hacer y haciéndolo bien; llenemos de esa vida que Cristo nos da en sus sacramentos, en su palabra y en los demás. Amén.

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