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LAS OBRAS QUE HAGO DAN TESTIMONIO DE MÍ (Jn. 10, 22-30)

Jesús es galileo y Galilea se encuentra en manos de los gentiles, ahí nadie tiene fe; no es un hombre estudiado a diferencia de los escribas, que era la gente culta de la época de Jesús; algunos no paraban de estudiar, incluso, hasta después de los 40 años. Cristo recibe este tipo de ataques y de descalificaciones hacia su persona por ese motivo.

Hay una frase muy famosa que es de dominio general: no hay peor ciego que aquel que no quiere ver. Los argumentos utilizados por Cristo para rebatir los ataques de estos judíos son las obras que realiza en nombre de su Padre: devolver la vista a los ciegos, hacer oír a los sordos, curar al leproso, hacer hablar al mudo, entre otras; son parte de una enorme lista de prodigios que Jesús realizó a la vista de todos. ¿No era motivo suficiente para demostrar su mesianidad? En realidad, las obras del Nazareno era lo que menos interesaba a los judíos porque rompían con sus intereses particulares, la rutina de su vida, peor aún, exigían demasiada generosidad.

¿Qué significan a profundidad las palabras del Maestro? Las obras de Cristo significan lo que Él hace en nosotros, y resulta que Jesús obra con mayor o menor profundidad en distintas vidas según lo que nosotros mismos le permitimos. Hubo gente que le permitió que obrara en su cuerpo: cúrame de la lepra, pero una vez curados no volvieron a aparecer, o, sanados de su parálisis, caminaron lejos del Señor. Entonces, esta frase de nuestro buen Pastor es mucho más profunda de lo que parece.

Cuando Jesús dice que sus obras son las que dan testimonio también nos está preguntando: ¿hasta dónde me estas dejando obrar en tu vida? Si a penas le permitimos que obre superficialmente, lo que sabremos de Jesús, el testimonio que tendremos de Él será mínimo, si le otorgamos el permiso de que obrara aún más en nuestra vida sin duda sentiríamos la fuerza de su presencia, podríamos percibir quién es y de verdad conocerle.

Esta invitación de Jesús debe penetrar hasta lo más profundo de nuestros corazones, abrir nuestra mente, el alma, para que Él pueda hacer su obra del tamaño que quiera hacerla. Amén.

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