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LA FAMILIA DE CRISTO (Mc. 3, 31-35)

La voluntad de Dios se puede entender de dos maneras: una, es la voluntad de Dios significada y otra, la de su complacencia…, pero referente a esta última, escuchemos lo que dice el gran San Anselmo, que era muy flexible y complaciente “Oh, hijos míos -dice el gran santo-, sabed que recordando que nuestro Señor ha mandado que hagamos a los demás lo que quisiéramos que ellos nos hiciesen, yo no tengo más remedio que hacerlo así, ya que me gustaría que Dios hiciese mi voluntad y por tanto hago con gusto la de mis hermanos, para que el buen Dios se digne hacer alguna vez la mía”.

Hay además otra consideración y es que después de lo que es la voluntad de Dios significada, no hay medio mejor para saber su voluntad de complacencia, ni más seguro, que la voz de mi prójimo; porque Dios no me va a hablar, ni menos me va a enviar ángeles para declararme su complacencia.

Las piedras, los animales, las plantas, no hablan; por tanto, solamente el hombre es quien puede manifestarme la voluntad de Dios y por eso me adhiero a ella tanto cuanto me es posible.

Este pasaje del Evangelio siempre me pareció duro, porque se puede malinterpretar como un desprecio de Jesús a su Madre, pero cuando llegamos a entender que realmente lo importante es descubrir que María es la Madre de Jesús porque ella cumplió la voluntad de Dios, fue capaz de escucharle y decir “sí”, entonces entendemos que lo que Jesús decía de su Madre era un halago porque ella era el ejemplo más claro.

Las palabras de Jesús dan sentido al término “madre” y “hermano”, no es cualquiera, no es ni siquiera la madre biológica, ni quien le ha criado, lo importante es que les une un vínculo más importante, la familia de Jesús no es únicamente una familia de parientes, unidas por un vínculo de sangre o de afinidad, sino que es una unión que viene de lo más profundo, de quien es capaz de dar todo, de dar la vida para cumplir la voluntad de Dios, quien haga eso en cualquier parte del mundo será llamado hermano de Jesús, entrará a formar parte de su gran familia.

En la vida vamos encontrando personas que se van uniendo a nuestra historia, que van formando parte de nuestra vida, a algunos puede que los veamos una sola vez, pero las experiencias compartidas hacen que se formen unos lazos que ni la distancia ni el tiempo se puedan borrar. Los cristianos, estemos donde estemos, tenemos esa unión a través de la “palabra”, que nos hace miembros de una misma fe, que nos aporta sentido a la existencia y que, a pesar de razas, costumbres, lugares, la “palabra” prevalece por encima de todo lo demás.

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