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LA CUESTIÓN DEL DIVORCIO SIGUE SIENDO MUY ACTUAL (Mc. 10, 1-12)

Continuamos acompañando a Jesús, en su camino evangelizador, enseñando por todas partes. En esta ocasión, sus enemigos intentan otra vez ponerlo a prueba con cuestiones legales. La ley es importante, y eso Jesús no lo niega, la ley nos hace falta para vivir en sociedad. Sin leyes, viviríamos mucho peor. Gracias a las normas, la gente puede saber a qué atenerse, incluso saber las consecuencias que puede tener una acción que va en contra del bien común.

Pero, como ya sabemos, a Jesús no le interesa tanto la ley, como el sentido de la misma. Jesús nos enseña que hay que ir siempre a la raíz de las cosas, para poder entenderlas mejor. Lo que está claro para Cristo es que lo que Dios ha unido, es mejor que no lo separe el hombre. En el fondo de la unión matrimonial está el amor entre un hombre y una mujer, que prometen vivir juntos, en fidelidad, y recibir de Dios los hijos que Él quiera darles.

El acta de repudio fue una “pequeña” garantía para la mujer, una forma de defensa frente al abandono. Nada que ver con lo que hoy entendemos. Sin embargo, en la concepción cristiana del matrimonio, la clave es la fidelidad, una fidelidad que se sostiene en el amor. La ley no puede garantizar el amor y eso es lo que Jesús tenía en cuenta, el amor deben hacerlo presente los propios cónyuges.

Podemos, por tanto, resaltar el valor primordial del amor, por eso el que Jesús hoy defienda este sentimiento entre los esposos, y es esta la misma invitación para nosotros, velar por el amor. Hoy a la luz del Evangelio pudiéramos poner de énfasis la siguiente expresión: “El Señor es compasivo y misericordioso”, incluso, puede ser un buen lema para los esposos, sobre todo en los momentos en los que los roces del día a día van desgastando el amor primero. El Papa Francisco siempre aconseja en las bodas que los cónyuges no se duerman nunca enfadados – enojados, sino que hablen y comenten los problemas de cada día. Ponerse en el lugar del otro, intentar escuchar, saber perdonar, aprender a olvidar lo secundario y centrarse en lo fundamental, pero sobre todo en lo más importante: en el amor de dos personas que han decidido compartir sus vidas para siempre.

Hoy ofrezcamos una oración por todos los matrimonios, especialmente por aquellos que pasan por un momento de prueba o dificultad.

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