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HASTA QUE SE CUMPLA LO SEÑALADO POR DIOS (Lc. 21, 20-28)

En el evangelio del día de hoy contemplamos el cómo el proceder de Dios en su designio de salvación pudiera parecer paradójico para muchos de nosotros. Estamos acostumbrados a escuchar frases como “los planes de Dios son perfectos”  o “Dios sabe cuándo y por qué”, pero aún no terminamos de asumir en nuestra vida ni lo uno ni lo otro. Y lo cierto es que todo cuanto tenga que suceder en nuestra travesía por este mundo terrenal no pasará desapercibido a los ojos de Dios, tanto es así que el día de hoy bien podríamos considerar al menos tres puntos para iluminar nuestro día a la luz del Evangelio.

Primer punto.- Los signos: capaz de que los veas con mucha insistencia en la persona de Jesús, pero es verdad. Hay signos que debemos aprender a ver. Ver signos que también nos llaman la atención: jóvenes y adultos que creen en Dios, pero no en la Iglesia; la gente de dentro de la Iglesia que se pelea cada vez más, nuestra falta de testimonio, hacer inalcanzable a Cristo en nuestras vidas o esperar el perfecto testimonio de alguien muy allegado a Dios, etc. Hoy debemos ver e interpelarnos para hacer que llegue la paz de Dios a muchos, dar respuesta a, ¿qué estoy haciendo yo? Para que los signos que pasan frente a mí de parte de Dios resulten efectivos en mi vida y en la de los demás. Que cosas buenas me han pasado, que cosas buenos me están pasando y que cosas buenas espero en Dios, sucedan. Y a partir de ahí, ¿qué puedo hacer yo para sumar a este propósito?

Segundo punto.- Dios no abandona: Jesús sigue diciéndote que está a tu lado y te anima a seguir, y te recuerda que está contigo, pues desea y quiere tener una experiencia personal y viva contigo. Él espera tu iniciativa también. ¿Dónde nos podemos percatarnos de esto? Miremos cuantas veces nuestras propuestas o ideas en pro del apostolado que Jesús nos pide que realicemos son echadas por tierra por cualquier personaje que sí con autoridad, pero que en la misma sintonía nos exige a seguir luchando, estas personas parece que se cultivan como el lirio en el agua, rápido se adelantan a poner a prueba lo que apenas y pronuncias en pro de lo Jesús. No importa que esto y otras cosas sucedan, no dejes de tener esa inventiva, pues quizá no seas tú el testigo que vea realizar tu propuesta, pienso en la vida de los santos y sus fundaciones, no todos tuvieron la posibilidad de ver cristalizada su idea, pero ahora son recordados por su persistencia en pro de lo que Jesús les había encomendado.

Tercer punto.- Levanten la cabeza: es recordar que tienes una dignidad y una vida. Tu vida vale, no la dejes manosear por nada, ni por nadie. Date tú la oportunidad de ser feliz. El celo apostólico no se termina porque en un escenario nos digan que no. Todo en la vida son constantes pruebas de fe (como lo diría san Pablo), pero también toda prueba de fe se traduce en obras como en su momento el apóstol Santiago nos enseñó en sus cartas.

Por lo tanto, en este tiempo en que nos aproximamos a concluir no solo el año litúrgico, sino el civil, renovemos nuestros propósitos, la esperanza cristiana y el apostolado que se nos confía se recrea todos los días. Dejemos a los jefes ser jefes y dejemos a Dios continuar su obra en nosotros. Dios bendiga nuestra vida, ministerio y asistencia en nuestros trabajos, que el Dueño de la mies sabe a quién ha confiado cada talento y gracia, confiemos que es Dios quien ha trazado y señalado el plan, pidamos la gracia de saber conducirnos por Él. Bendecido día.

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