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Hablar y no enmudecer (Lucas 11, 14-23)

El día de hoy nos damos cuenta en la palabra de Dios de cómo los extraordinarios milagros realizados por Jesús atraen la admiración de los sencillos y la ira de los soberbios. Éstos –al no reconocerlo como el enviado del Padre– llegan incluso a atribuir tales prodigios a la perversa intervención del diablo y osan pedirle acciones todavía más maravillosas y prodigios. Jesús entonces desenmascara su hipocresía y los invita a tomar una opción radical: el que no está con Él, comprometido en la lucha contra el mal, estará simplemente y sencillamente al servicio del Maligno.

Para nuestra vida como personas de fe, conviene descomponer esta escena y aplicarla a nuestra vida, ver y descubrir cómo ha calado el mensaje de Jesús o qué impacto podría tener si nos dejamos interpelar por su Evangelio.

Primer punto a analizar: Hablar y no enmudecer como quien posee el espíritu mudo. Hemos tocado este tema en otras ocasiones, pero es clave que recuerdes que es una tentación quedarse callado a cosas que son fundamentales en tu vida. No dejemos que el diablo nos tiente a callar cosas que verdaderamente tenemos que decir y saber decir. Cuánto se necesita en nuestras vidas enfrentar las cosas y ponerle nombre a cada cosa. No dejes que el miedo distraiga o nos haga llenar de imaginaciones. Porque cuando hablamos y decimos las cosas, muchas de ellas se solucionan y muchos fantasmas desaparecen. Busca esa presencia de Dios en tu corazón y llénate de Él. Pidamos de Dios su luz para saber decir las cosas con triple “c”; con caridad, con claridad, y cercanía.

Segundo punto. La gente en el tiempo de Jesús: La gente siempre habla, y creo que es aquí donde tenemos que tener en claro nuestra persona y nuestra misión. Incluso la gente con sus comentarios nos puede poner en una tormenta tremenda. La clave es que nosotros miremos dónde estamos parados y sepamos quienes somos. Hasta incluso nos juzgarán sin saber nuestra realidad de vida y siempre nos demandarán de su tiempo y de sus cosas. Pero vemos en Jesús una claridad tremenda, que lo lleva a mostrarse claro con ellos y claro con Él. Sé que es doloroso lo que la gente puede decir de nosotros y la fama que nos puede generar, incluso las expectativas que pueden poner en nosotros. Pero volvamos a nuestro eje. Hasta vamos a fallarles en ocasiones por cosas que escapan a nosotros, y hasta nos van a difamar por ello posiblemente. Por eso volvamos a nosotros, a nuestra misión, a nuestro eje, y respondamos para nuestra futura reflexión ¿Si Jesús no rige mi vida, entonces quién?

Tercer punto: la expresión de Jesús cuando dice —Conmigo—. Jesús nos invita a seguirlo y evangelizar, a llevar el amor de Dios a los demás. No dejemos de anunciar a Dios, aunque recibamos en ocasiones muchos golpes. Tenemos mucho por dar y entregar a los demás. Cuidemos ese tesoro que Dios nos dio que es la vida y seamos un agente motivador en la vida de los demás. Que Dios nos inspire y ayude a seguir adelante para concretar las buenas ispiraciones que de Él proceden. Bendecido día.

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