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ESTO ES MI CUERPO, QUE SE ENTREGA POR USTEDES. HAGAN ESTO EN MEMORIA MÍA (Lc. 22, 14-20) JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE

El día de hoy celebramos la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. Así mismo, en el evangelio se nos narra la institución de la Eucaristía, sin embargo, es importante mirar a Cristo, quien entrega su cuerpo y su sangre para la salvación del mundo.

Ser sacerdote significa estar consagrado a Dios, orar e interceder por los demás ofreciendo sacrificios agradables al Altísimo. Jesucristo es el gran y eterno sacerdote, primeramente, más que estar consagrado a Dios, es Hijo de Dios, y a su vez Dios y hombre verdadero. Nuestro Señor ora e intercede por toda la humanidad, su manera de orar es una constante ofrenda a nuestro Padre Creador y así mismo ofrece un sacrificio, se ofrece a sí mismo para la santificación y salvación del hombre.

En la tradición judía, los jefes de familia fungen como sacerdotes, son los responsables de congregar a la familia para orar, durante la celebración de la Pascua son los responsables de matar al cordero y ofrecerlo como ofrenda agradable a Dios. En el caso de Jesús, es sacerdote porque es quien ora y ofrece el sacrificio, pero a la misma vez, Él mismo es la ofrenda, es el cordero inmolado. Por eso, Él mismo nos dice que nadie le quita la vida, sino que Él mismo la entrega por voluntad propia.

Jesucristo instituye la Eucaristía con la autoridad de su sacerdocio y al mismo tiempo, nos confirma al tomar un pan, «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo: «Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes». Un sacrificio perfecto que purifica y santifica a quienes lo comen, prometiendo la vida eterna, porque Jesús es vida, vida en plenitud.

Hoy al contemplar a Jesucristo como sumo y eterno sacerdote, también es propicio recordar el sacerdocio que todas y todos hemos recibido en nuestro bautismo, compartimos el sacerdocio común con Cristo, y ejercemos ese sacerdocio cuando oramos e intercedemos por los demás y cuando ofrecemos nuestra oración como ofrenda agradable a Dios.

Que Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, interceda por nosotros y que con su cuerpo y sangre un día nos lleve a gozar de la vida eterna. Amén.

 

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